Rolando Gallego
30/10/2018 13:16

La realizadora Tamae Garateguy se embarca en una aventura junto a Chang Sung King en 50 Chuseok (2018) para redescubrir en Corea los orígenes del actor, quien no ha regresado allá desde su llegada a Argentina.  Originalmente la propuesta era sumar un institucional a las celebraciones en la fiesta coreana de “Chuseok”, y en el camino el documental comenzó a trabajar con la historia del actor y su identidad. Luego de su presentación en el (20) BAFICI se podrá ver los jueves de noviembre a la 21 en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Corrientes 1543- CABA).

50 Chuseok

(2018)

¿Cómo surge la idea de 50 Chuseok?
Empieza un poco como la película, con la idea de Chang de hacer un documental institucional sobre la comunidad coreana, empezamos a ver los eventos más importantes, viendo cómo se instalaron apenas llegaron en Río Negro, cerca de Choele Choel, vimos la historia de la comunidad, sus hitos más importantes y paralelamente aparece su historia, cómo llegó en barco, como parte de una de las últimas camadas que llegó en barco, a dónde fue, se instala en Pecú, que era el número del colectivo que los llevaba hasta el barrio, empiezan a surgir historias personales con el trasfondo de su comunidad, y en ese momento le digo que hay una historia, que es la de él, de cómo se fue, y que desde ahí se representa la historia de todos los inmigrantes, de cómo se instala aquí, cómo termina siendo más porteño que los porteños, y también ver cómo queda el germen de no volver nunca más allá, aunque nos mencionaba que hay algo que allí necesitaba ver, algo para cerrar.

¿Aceptó automáticamente?
Sí, casi inconsciente, de hecho el consigue para ir a Corea y seguir allá su historia, lo aceptó, pero no caía. La película es un viaje literal de doce horas, más lejos no se puede ir, un viaje emocional y cómo él comienza a replantearse sus orígenes, como persona que adopta la cultura argentina y porteña y ser más porteño que nadie, y asumir su lado coreano que estaba negado o guardado.

¿Él tendría pruritos de mostrarse vulnerable tal vez? Siempre es como el bufón de todo y acá se lo ve sensible y diferente…
Puede ser, acá se lo ve en su parte más profunda. Lo mejor que te puede pasarte en la vida es cruzarte con él, para comer, charlar, bailar, él es “plan”, siempre, por eso está buenísimo mostrar esta parte de él, y da vértigo mostrarlo vulnerable.

¿Cómo fue trabajar en este proyecto documental estando tras y delante de cámara?
Para mí era importante, porque muchos me decían que mostrar al recurso del equipo y el artificio no era bueno y el equipo eran todas mujeres contando la historia de este varón. Tenía la experiencia metafílmica de Upa! Una película argentina (2007) pero acá tuve que estar más abierta, constantemente, para lo que pasaba, y atenta a Chang, para que cuando sucediera la emoción estar ahí. Mi sensación es que tenes que estar mucho más atenta que en la ficción, hay un plan, pero tenés que estar prestar atención a todo, también a trabajar con lo que no sucede, y eso me resultó muy interesante, profundizar en las expectativas y con lo que no se da.

¿Qué sabías que no ibas a mostrar?
Quería llevarlo a un lugar en donde él se vea con otro color, más humano, profundo, vulnerable, con emociones que no sean solo la alegría, incluso la nostalgia, más coreana, no nostalgia tanguera, sino distinta. Estaba dispuesta a mostrar todo, y en el diálogo él me decía hasta acá. Surgió que iban saliendo cosas a último momento, como cuando no tenía la dirección de dónde ir, y es interesante eso, como mecanismo de protección de los recuerdos, que no es lo que uno recuerda realmente, es algo idealizado. Todo lo que subyace a los hechos que parecen pequeños me interesa, me parece maravilloso y mágico y en el documental aparecen sentidos e ideas que no imaginaste.

También vos te exponés ¿te daba miedo?
No, de hecho hay momentos en los que se me ve medio “enojada”, como en la red carpet, pero tal vez por mi espíritu UPA aquello que no hay que mostrar lo hago.

¿Cómo fue rodar allá?
Intenso. El ritmo allá es mucho más acelerado, yo estoy acostumbrada a un ritmo así, soy un cuarto japonesa, tengo el ritmo y el trabajo, pero allá fue todo muy acelerado, sumado a la necesidad de querer estar atenta todo el tiempo a él, además tuvimos apoyo de la Film Commission de allá, y nos marcaba un ritmo, había que respetar ciertas cosas muy intensas, estuvimos a la altura pero eran 14 horas sin parar.

¿Cuánto duró el viaje?
Quince días, sin parar, intensamente, muy divertido, fue un viaje muy gastronómico, que es algo de la cultura, habrás visto que en las películas coreanas comen todo el tiempo, porque es algo de la dieta, que no tiene harinas y comen verduras y carne, y queríamos también reflejar eso.

A la distancia ¿qué sensaciones te provoca ahora la película?
No lo puedo creer, es una locura para mí, fuimos cinco personas, no lo puedo creer, tuvimos un arrojo y un espíritu aventurero.

Más si uno lo ve con el momento actual del cine…
Total, estaba en el marco de las celebraciones de los 50 años de las relaciones bilaterales y se querían hacer la mayor cantidad de eventos, iba a comenzar como un institucional e hicimos esto. Y para mí representó algo que quiero hacer hace tiempo que es un puente con Asia, tampoco es casual que él me proponga hacerlo, yo le pregunté por qué me eligió a mí, y él me dijo “porque vos entendés el choque”, son culturas muy opuestas, y lo entiendo, mi padre es mitad japonés.

Hay choque pero hay atracción, mirá el suceso de Locamente millonarios
Creo que en Estados Unidos hay una cuestión con las representaciones sobre minorías o grupos, he leído mucho sobre esto, y sobre cómo la identidad se refleja. Eso me interesa, establecer puentes, y hay algo que sucede aquí que todos los descendientes de asiáticos suelen juntarse y reconocer la herencia, el choque, con padres que no se comunican de la misma manera, porque hay algo de la comunicación que es diferente, tal vez en Asia gente que no se hablaría se habla acá.

¿Qué fue lo que más te impactó del lugar?
La densidad poblacional me llamó mucho la atención, acá llegué y sentía que había más espacio. También cierta cuestión con las mujeres, la relación es diferente, y después muchas cosas agradables del choque, por ejemplo por el respeto a la familia a la gente mayor. Mucho respeto en el trato interpersonal, mucho respeto cuando decía que era la directora, mucho respeto, muy agradable.

¿Fue difícil volver y seguir la vida acá?
Tardé mucho, casi dos meses descolocada, físicamente, por el jet lag, porque fue llegar a trabajar, a las tres cuatro de la tarde te dormías, el cuerpo no entiende el cambio, trabajás todo el tiempo y cuando volvés fue complicado, por lo emocional, físico, no podía mucho ni hablar, un mes durmiendo de día. Fue un gran viaje y una gran aventura.

¿Expectativas ante el estreno? ¿Cómo siguió el vínculo con Chang?
Felicidad, queremos juntarnos todos a comer, para recordar sabores que te quedan. Pongo el ejemplo de la comida porque también es recordar, cada vez que vemos la película nos acordamos de ir, de la aventura, el otro día tiró de hacer la parte dos, y la relación está super enriquecida, haber hecho algo así te une para siempre.

¿Cómo sigue el año?
Tengo varios proyectos, uno es un policial que protagonizará Guillermo Pfening que se llama Diez Palomas, con guion del mismo autor de Hasta que me desates (2018) y producción de Silvia Rodríguez.

Alguna reflexión sobre el momento del cine actual ¿cómo seguís pensándolo desde otro lugar?
El cine era un sector que tenía prestigio, se autoabastecía y generaba trabajo para mucha gente. Luego todo lo que está ocurriendo con el recorte y parate del fomento al cine me parece directamente destructivo. Las posibilidades de exhibición fueron difíciles en todas las épocas, pero las medidas tomadas ahora tienden a ahogar a los productores antes de siquiera salir a competir. Los resultados se verán en un par de años: menos películas y menos diversidad artística que, creo, es una característica de nuestro cine.

¿Creés que sólo es cine o también cultura?
El recorte afecta al cine y por ende a la cultura, el cine con su poder de generar lazos culturales se ve disminuido y ese golpe también es a nuestra cultura, nuestras imágenes. Sólo va a quedar Netflix y las imágenes que no nos representan culturalmente.

Comentarios