Matías E. González
27/10/2018 13:06

El calor es la particularidad de la estación veraniega en Argentina, ya que se percibe en los diversos espacios y sofoca a los habitantes. Sin embargo, esta temperatura puede resultar la antítesis de algunas relaciones humanas. Esto es lo que se observa en la historia planteada en El otro verano (2018), el largometraje dirigido por Julián Giulianelli, que se enmarca en la calidez de las sierras y plantea la frialdad existente en los vínculos de los personajes. EscribiendoCine conversó con el actor Guillermo Pfening acerca de su rol protagónico en la película, su relación con la naturaleza y su presente teatral, entre otros temas.

El otro verano

(2018)

ENCUENTRO VERANIEGO

La historia se centra en la relación que surge entre Rodrigo y Juan. El primero, es un hombre de 42 años que vive en las sierras de Córdoba y administra unas cabañas de alquiler para turistas, mientras que, el segundo, es un joven de 17 años que llega al pueblo desde Buenos Aires. Rodrigo le ofrece alojamiento a Juan a cambio de ayuda en la refacción de las cabañas. Con el correr del tiempo, ciertas cuestiones del pasado comienzan a develarse y cambian definitivamente la vida de ambos.

Guillermo Pfening tuvo noción del proyecto cinematográfico varios años atrás, cuando Julián Giulianelli le escribió para contarle acerca del film, lo cual interesó al actor. Además, al actor le había gustado la película anterior del director, Puentes (2009) y se había generado una buena relación entre ambos.

“El desafío era contar una película que ya desde el guion planteaba una historia de vínculos. Había que hacerlo a través de pocos diálogos porque los personajes están como detenidos en el tiempo y les cuesta encontrar una motivación para estar bien en la vida”, relató Guillermo.

UN PERSONAJE HERMÉTICO

En el largometraje, Pfening encarna a Rodrigo, un hombre que habita en las sierras y trabaja en una serie de cabañas que le entregó su padre. Rodrigo manifiesta estar enojado y disconforme con algunas cuestiones de la vida, lo cual se refleja en el malestar que vive con su pareja y en diferentes situaciones, hasta que llega el joven Juan y, lentamente, empieza a disfrutar su día a día.

En cuanto al armado del personaje, Guillermo describió: “Le aporté alrededor de ocho kilos de más, una barba de seis meses y un pelo un poco sucio. Tuve que aprender a afinar porque en la peli canto un poco. A su vez, busqué controlar la expresividad y coordiné con el director y Juan Ciancio cómo suministrar la poca información que queríamos dar ya que se trataba de una película de estados y climas”.

A la hora de pensar en puntos en común con su personaje, el actor halló ciertas similitudes. “Hay algo de pensar la vida sin un sentido que a mí me pasa a veces, cuando reflexiono por qué todo es así, por qué hay que vivir, por qué hay que ganar plata, por qué hay que hacer esto o por qué hay que hacer lo otro. Creo que, en ciertos momentos, podría terminar un poco solo en la montaña, al menos me iría unos meses. A veces me cuesta la sociedad. De todos modos, ya hice todas las cosas que pensé que no iba a hacer”.

Por otro lado, también encontró varias diferencias con Rodrigo, en particular en las formas que tienen ambos para encarar sus vidas. Mientras el hombre de la ficción se muestra desanimado y frustrado con su presente, Guillermo se describió a sí mismo como apasionado y obsesivo. “Pienso que la vida es hermosa, tengo sueños y voy detrás de ellos, crio a mi hija con felicidad y creo en el amor. Me permito preguntarme cosas y no estoy con un botón automático, entonces, reflexiono sobre la vida, creo que para eso estamos”.

Una de las cuestiones que atraviesa la película es el problema de la comunicación, lo cual se refleja, en especial, en Rodrigo. Fuera de la interpretación, Pfening contó sobre sí mismo: “Los temas cotidianos no me interesan. Me divierte hablar de chusmeríos con amigos, que sea todo en joda y, por otro lado, tratar temas profundos. Pero, después que alguien venga y me pregunte cosas como '¿qué comiste hoy? ‘o '¿cómo te fue en el trabajo? ‘, me aburre y prefiero no conversar. A veces no tengo nada para decir y no hablo”. A su vez, agregó: “De chico hablaba todo, y era súper hinchapelotas. Luego, tuve un momento de los veinte-veintitrés años, que me retiré de eso y me puse en un lugar de observación. Ahora, entro y salgo de eso”.

ALMA SALVAJE

El paisaje constituye otro de los aspectos principales de El otro verano, ya que envuelve a los personajes y enmarca los hechos de la historia. Guillermo conoció por primera vez San Marcos Sierras cuando viajó para rodar la película en 2017 y, desde ese momento, se convirtió en su lugar favorito. Este verano, retornó a dicho espacio para disfrutar unas vacaciones junto a su familia y halló un río que cautivó su atención. “Yo voy ahí y me siento bien, fue un gran descubrimiento conocer ese lugar”, destacó el actor.

Cuando se llevó a cabo el rodaje del film, Pfening viajó a San Marcos Sierras unos días antes para conectarse con el entorno. Una vez allí, anduvo descalzo entre los pastos, se lavó el pelo en el río y pasó varias horas en el sitio junto a su colega Juan Ciancio. “Hay un montón de cosas del lugar que se te van incorporando”.

A partir del cine, Guillermo conoció gran parte de Argentina y diversos puntos de Latinoamérica y Europa. Pasó de estar filmando un día entero arriba del Glaciar a rodar una jornada plena en los Esteros del Iberá, por lo que el actor siempre tuvo un contacto profundo con la naturaleza.

Respecto a sus preferencias de lugares para relajarse, explicó: “Hay algo de la montaña que a mí me seduce mucho más que el mar. Porque en el mar, el ruido de la ola rompiendo todo el tiempo, en un momento, me empieza a perturbar. Además, no sé qué hacer todo un día en la playa, si estar tirado, fumando algo o escabiando, viendo gente pasar, metiéndome un rato al agua y, ¿después que hago? En cambio, a la montaña la camino, subo y bajo por el río, tomo algo, me tiro al agua, salgo...”.

RECORRIDO CINEMATOGRÁFICO

Pfening es uno de los actores destacados del cine argentino, ya que ha formado parte de diversos largometrajes, pertenecientes tanto al circuito comercial como al independiente. Algunos de ellos han sido: Nacido y criado (2006), Wakolda (2013), El Patrón, radiografía de un crimen (2014), Tiempo muerto (2016) y Nadie nos mira (2017).

A la hora de elegir los proyectos, Guillermo presta especial atención a ciertos aspectos. “Siempre tengo en cuenta la conexión con la persona que me trae el proyecto, después, hay que ver y charlar el tema de fechas y cuestiones económicas. Pero, básicamente, me fijo en el material que me llega, qué es lo que yo puedo aprender de ese proyecto y qué tengo para aportar. Hay algunos que te apasionan o te llegan más que otros, pero no soy demasiado estratega a la hora de armar mi carrera”.

EN EL ESCENARIO

Si bien gran parte del recorrido artístico de Pfening se ha desarrollado en la pantalla grande, con varios largometrajes por año, semanas atrás retornó a las tablas. El actor se refirió a la situación actual del cine nacional y mencionó que está en “una etapa complicada”, por lo que comenzó a proyectar sus deseos de volver al teatro, que era algo que no podía concretar con frecuencia por su agenda anual cinematográfica que incluía varias películas.

Hoy en día, se presenta de miércoles a domingo con la obra La Ratonera, en la que comparte elenco con María Rosa Fugazot, Daniel Miglioranza, Hugo Arana, Valentina Bassi, Gloria Carrá, Fabián Mazzei y Walter Quiroz. Las funciones se desarrollan en el Multitabaris, cuya sede se encuentra en Av. Corrientes 831, Capital Federal.

La historia, escrita por Agatha Christie se, se centra en ocho personajes que quedan atrapados en una hostería, en medio de una tormenta de nieve y se ven involucrados en un crimen en el que todos son sospechosos. “Estoy feliz con la obra y con el grupo de compañeros que me tocó, que es increíble. No soy de ver seguido películas policiales, pero actuar es lindo e interesante en todos los géneros, así que la estoy pasando súper bien”, expresó.

Por otro lado, este año el actor integró el reparto de la puesta escénica Cita textual, en la que continúa, pero como productor. El espectáculo se presenta en Casa Babá (Coronel Antonio Susini 2.280) y, en febrero, debutará en el Teatro Chacarerean. El relato, que cuenta con música en vivo, habla sobre cómo la gente se relaciona a partir de las aplicaciones de citas como Tinder, Grindr, Happn, Whatsapp, Facebook, etc. “Es muy cómica, los actores están todo el tiempo con celulares. Incluso, cuando entras a la sala te dicen que podés filmar y te piden que no apagues tu celular, sino todo lo contrario”, describió.

En cuanto a su vínculo personal con las redes sociales, Guillermo confesó entre risas: “Soy activo en redes pero, también, soy colgado con algunas cosas, no es que estoy detrás de la cantidad de seguidores ni hashtageo todo, sino que subo algo que me gusta. No tengo Facebook. Instagram lo veo bastante y me divierte, es mi parte más cholula. En Twitter más que nada retwitteo o pongo frases de la vida un domingo”.

DEL OTRO LADO

Pfening debutó como director a través de su largometraje Caito (2011), que implicó la realización de un proyecto artístico familiar. “La película me dejó la mejor de las experiencias. Fue un viaje increíble con mi hermano”, valoró.

Actualmente el actor se encuentra en el proceso de escritura de su próximo film titulado Alice, que fusiona ficción con documental. Allí, retornará a ocupar el rol de director y abordará la historia de un hombre que vuelve a la casa de su madre.

“Va a ser una película que va a dar que hablar porque es súper fuerte y poética, en la que se dice de todo con mucha polenta. Reflexiona sobre la estética, sobre todo en las mujeres, y cómo esta sociedad las lleva a hacerse cirugías plásticas”, concluyó el actor.

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