Rolando Gallego
15/10/2018 13:03

El realizador cordobés Hugo Curletto (El imperio de los colores, Lobo Está) debuta en la ficción La casa del eco (2018) una propuesta que bucea en la mente de su protagonista (Gerardo Otero) para desarrollar una narración que transcurre en dos planos: el real y el de los sueños. “La historia propone un relato fragmentado, que abre el sentido pero no para ser llenado por el espectador, sino para dejar al descubierto los huecos”, afirmó en una charla con EscribiendoCine.

La casa del eco

(2018)

¿Cómo fue pasar del corto al largo y del documental a la ficción?
Por un lado está la cuestión del formato. La decisión de sentarme a escribir esta historia, la idea de concebirla para formato de largometraje puedo ubicarla perfectamente en un punto preciso del tiempo y del espacio hace siete años atrás, cuando regresaba de un viaje. Es difícil para mi saber si fue un momento de lucidez, o de locura. Pero sucedió. Lo supe en ese momento. Y fue decantando, tal como muchas veces fantasee desde que decidí formarme y trabajar en el medio.

¿Querías hacerlo con una propuesta tan arriesgada?
En cuanto a la propuesta, creo que nunca existió una intención deliberada de hacer algo “arriesgado”. Primero aparece una historia para contar, aparecen algunos personajes, y luego en ese devenir de la construcción del guion, va emergiendo un tono. Allí es donde la película plantea cierta singularidad en su tratamiento, y propone al espectador una lectura un poco más abierta. Una extrañeza que es puro gusto, pura arbitrariedad, y puro sedimento. Creo que el riesgo está ligado a la mirada. Es inevitable correrlo cuando uno tiene inquietudes, y las expone, las pone al descubierto.

¿Cómo surgió la idea de trabajar el trastorno del sueño del protagonista e invitar al espectador todo el tiempo a dudar sobre qué es lo real de la historia y qué lo onírico?
Me sedujo la posibilidad lúdica en el inicio de la escritura de un trastorno inexistente. El cuerpo habla, aunque a veces no lo podamos entender o no lo sepamos escuchar, y en las profundidades de la mente imagino que aún hay misterios indescifrables. ¿Cómo funciona el cerebro humano? ¿Cómo funciona el dispositivo del sueño? El cine nos da la posibilidad de pensar lo imposible, y encontré en ese disparador la posibilidad de narrar una historia, desdoblada en espacio y tiempo, pero a la vez estallada, a la manera de un sueño, de una reconstrucción.

¿Investigaste mucho tiempo sobre el tema?
Lo necesario para comprender algunas cuestiones que requería para la historia, pero la película no intenta abordar el tema desde una perspectiva cientificista, o de la salud. La cuestión del sueño se presenta como un disparador, una excusa para hablar de los vínculos, del deseo, del encuentro/desencuentro de dos personajes.

¿Cómo seleccionaste al casting?
No fue un proceso uniforme. Y tampoco realice un casting abierto. Necesitaba acercarme personalmente a los actores, conocerlos, sentir que de verdad les podía interesar lo que tenía para decir. Guadalupe Docampo fue la primera actriz que leyó el guión. Pasó mucho tiempo hasta que la película se empezó a producir, y cuando retome el contacto se mostró entusiasmada con el guión y la posibilidad de filmar en Córdoba. Mas allá de su talento me enamoré de su frescura, y algo muy potente que pasa cuando se para frente a la cámara. Una especie de presencia que cautiva. Con Gerardo Otero el proceso fue un poco más arduo, pasé por algunas entrevistas hasta dar con el. En la primera entrevista sentí que estaba frente a Alejo, son esos momentos en donde te embarga algo del orden de lo intuitivo y aparece la imagen claramente. Sentí confianza. Lo conocía muy poco. Y creo que encontré un gran actor y una persona maravillosa. Después tuve la suerte de contar con Pablo Tolosa, a quien conocía, y con quien había trabajado. Contar con Pablo fue muy importante para mí. Son actores que agregan un plus al proyecto. Un gran profesional. Finalmente Ruben Gattino y Gina Cavagna, dos hermosos hallazgos. Rubén de gran trayectoria en el teatro de Córdoba. Con Gina, fue necesario hacer un proceso inverso, porque antes que una actriz, necesitaba una gimnasta, pero al hacer la primera prueba de cámara, quedé totalmente sorprendido por la expresión de su mirada. Y supe que no tenía que buscar más.

¿Y las locaciones? ¿Qué fue lo más difícil de rodar en exteriores y naturaleza?
Los exteriores siempre suelen ser un poco más difíciles, por lo incontrolable de ciertas situaciones climáticas, la direccionalidad de la luz y su incidencia en la continuidad, o dificultades del terreno. Pero a veces lo que se presenta a primera vista como un impedimento técnico, puede terminar jugando imprevistamente un papel importante. La escena del arroyo entre Alejo y Ana por ejemplo, se filmó en una bajada muy singular del río, donde comúnmente unas aves llamadas bandurrias se congregan cada tarde. El sonido ensordecedor de sus trinos hacía prácticamente imposible filmar el dialogo que tenía pensado en mi cabeza, pero ese sonido era tan intenso y tan extraño, que decidí incorporarlo y eliminar parte del dialogo. Hoy no puedo imaginarme esa escena sin esos silencios, sin esos sonidos.

¿Qué reflexión tenés sobre la vida en la urbe y el vacío de los vínculos en ella?
La relación del personaje con el entorno, fue uno de los ejes con los que trabajamos junto a Sebastián Ferrero (fotografía), Lorena Striker (arte) y Hernán Conen (sonido). El protagonista de esta historia es un arquitecto, que paradójicamente tras caerse una pared en la obra donde trabaja, se ve afectado sin ninguna explicación. Admiro profundamente a los arquitectos. Tienen la capacidad de idear, de proyectar algo a partir de la nada. Una especie de utopía que se repite, en el intento de dominar el espacio vacío. Creo que hay algo parecido en lo que hacemos cada uno de nosotros, cada día, tratando de construir/nos, de re/construirnos, de buscar la forma.

En un momento el protagonista se pierde entre tanto ir y venir entre sueños y realidad, ¿temes que eso también le suceda al espectador?
En el terreno del arte todo puede ser. La historia propone un relato fragmentado, que abre el sentido pero no para ser llenado por el espectador, sino para dejar al descubierto los huecos. Seguramente el espectador que busca encontrar cierta seguridad en el relato, tal vez se sienta un poco incómodo. Me gusta creer que hacemos cine para llegar a un otro, para cautivarlo con algún plano, con algún sonido, para interpelarlo poética y políticamente.

Te costó mucho siendo tan particular la obra encontrar financiación?
El problema de la financiación hoy tiene que ver más con un modelo de producción, que con las características de la obra en sí misma. Con ciertas políticas que se llevan a cabo beneficiando determinados diseños por sobre otros de corte más independientes. En definitiva la respuesta es sí. Costó mucho, toda ópera prima tiene sus contratiempos, y dificultades económicas. Pero tuve la suerte de contar con el apoyo de Twins Latin Films, de las familias involucradas en el proyecto, y de mucha gente que confió en la película

¿Cómo vivís el momento del cine cordobés y qué crees que tu película aporta al movimiento alrededor de éste?
Conozco y admiro mucho a cada uno de los directores y directoras que han hecho posible instalar en el público esta idea de cine cordobés. Yo no me siento muy cómodo con las categorías. No sé bien si mi película aporta o no aporta. Es cine cordobés porque está hecho en Córdoba, con nuestros técnicos, nuestros actores. Pero me gusta pensar que la película que hice sea bien recibida independientemente del lugar al que pertenezca. Y si el film es incluido dentro de esta categoría, será bienvenida la noticia Me siento parte de esta generación, de este momento, independientemente de cómo o en qué lugar quede encuadrada mi propuesta. Creo que la heterogeneidad y la multiplicidad de miradas dentro de un movimiento, de un momento, o de un grupo, tiende a generar mayores posibilidades de crecimiento en la realización, y en la consolidación de un cine con identidad propia.

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