Matías E. González
17/09/2018 13:55

EscribiendoCine dialogó con Oscar Frenkel, director de El origen de la tristeza (2017), película que cuenta la historia de Gavilán, un chico de 12 años que vive con su familia en el barrio del Viaducto, una zona portuaria rodeada de oleoductos. Una explosión que amenaza al barrio, la muerte inesperada de un amigo y un frustrado plan para debutar sexualmente, acercan a Gavilán y sus amigos a algunas de las revelaciones que la vida les tiene preparadas: el dolor, la tristeza y el final de la infancia. “No se podría haber hecho en otro lugar que no fuera Avellaneda”, sostuvo el cineasta.

El origen de la tristeza

(2017)

La película está basada en la novela homónima de Pablo Ramos, quien a su vez es el guionista del film ¿cómo fue tu llegada al libro y el posterior trabajo con el autor?
Llegué a través de Ernesto, un amigo común. Yo estaba con un guion y lo quería trabajar en conjunto, entonces, él tenía una novela por editar, que se llamaba El estaño de los peces, en ese momento. Cuando la leí me emocionó muchísimo, yo soy de San Martin de Villa Lynch, por eso me identifiqué inmediatamente con lo que leía, con los personajes, con los lugares. Se lo conté a Pablo y me sugirió hacer la película. A partir de ahí, no paramos de trabajar hasta lograrlo.

El origen de la tristeza es tu ópera prima ¿cuáles fueron los principales retos que debiste afrontar como cineasta?
El hacer una película, cualquier tipo de película, es un reto grande en sí mismo, con la particularidad, en este caso, de haber tenido que dirigir a siete chicos de once años, con textos complejos para ellos. Por suerte, estuve rodeado de un equipo de primera, ya que, si bien es mi primera película, no es la primera de Javier Leoz, el productor, y tampoco la de Eduardo Pinto que está a cargo del encuadre y la fotografía. También me dieron una mano grandísima en la dirección de actores Emilio Díaz y Claudio del Pirro.

Los protagonistas del largometraje son un grupo de jóvenes camino a su adolescencia que experimentan situaciones que funcionan como revelaciones en sus vidas ¿Cómo se llevó a cabo la selección de los chicos y el trabajo de puesta en escena?
La idea era que los chicos fuesen de Avellaneda o, por lo menos, del Conurbano Bonaerense. Creíamos que iban a entender mejor la historia y, sobre todo, donde transcurre esta historia. A partir de esto, se iban a sentir más cómodos porque son chicos con poca experiencia actoral.

Con respecto a la puesta en escena, la trabajé junto a Eduardo Pinto, con quien ya habíamos codirigido un medio metraje y alrededor de 50 videoclips. Ese conocimiento previo, fue clave para llegar a cumplir el plan de filmación, que era muy escueto, ya que, los chicos no pueden filmar más de cuatro horas por día, así que tuvimos que ser muy rápidos. Hubo escenas, varias, que las tuvimos que resolver en solo 40 minutos, una locura.

Avellaneda es otro de los protagonistas de la película ¿cómo fue el proceso de rodaje en dicho lugar?
No se podría haber hecho en otro lugar que no fuera Avellaneda. En principio, porque la novela está situada en Sarandí: en la Costa del Rio, en sus calles, es más, el universo literario de Pablo Ramos transcurre en Avellaneda o como él lo llama, “El Viaducto”. Además, fue clave para la producción de la película recibir el acompañamiento del Municipio a través de un programa que se llama “Avellaneda Filma”, que nos brindó apoyo en todos los aspectos necesarios para que el rodaje se desarrollara de manera profesional, como cortes de calles, infraestructura, grúas, técnicos, etc.

La película integró el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ¿cuáles fueron las sensaciones festivaleras?
Tengo sensaciones ambiguas. Por un lado, es muy lindo cuando te invitan a un Festival, hablás de cine, hablas de tu película, creo que ahí empieza a terminarse tu trabajo, cuando la gente la ve y podés hablarla, es como que se cierra el círculo de algo que vos hiciste en soledad y, después, se comparte con otro que la vio de la misma manera. Porque en el cine uno está solo. Y digo ambigua porque esta alegría personal contrasta con la situación del país y, en particular, de la Industria cinematográfica.

Respecto a su próximo estreno en salas comerciales ¿cuáles son tus expectativas? ¿Qué mensaje buscás que llegue a los espectadores?
Más que expectativas tengo deseos. Deseo que a la película la vayan a ver muchísimas personas, que se llene la sala del Gaumont, que es enorme. Y con respecto al mensaje, creo que, como toda fábula tiene moraleja, esta película también la tiene. Me gustaría que el mensaje llegue a los espectadores, atraviese la pantalla y logre emocionar a alguien.

El origen de la tristeza forma parte de una trilogía escrita por Pablo Ramos. ¿Continuarán con las posteriores historias en la pantalla grande?
Por mi lado sería un gran privilegio, un desafío y un placer como realizador poder completar la trilogía. Pero primero vamos por esta, que es la primera y, después, vamos a ver qué pasa. Tengo que convencer a Pablo Ramos.

Respecto a tu futuro en la industria cinematográfica ¿estás trabajando en algún otro proyecto actualmente o tenés alguna idea desarrollada en mente?
Estoy trabajando en esta etapa de lo que significa un estreno de una película, que lleva bastante tiempo, haciendo difusión, yendo a festivales, haciendo notas. Es el trabajo en donde se define un poco el destino de la película, ya que, con los pocos medios con los que contamos y con la situación en la que está el país, hay que triplicar el esfuerzo.

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