Juan Pablo Russo
10/09/2018 10:57

Ahí viene (2017), debut en la dirección del DF Federico Jacobi, es una película autogestiva, cooperativa y comunitaria donde se narra el deterioro y la decadencia de un hombre mayor (Daniel Quaranta) que habita una vieja casona de barrio que funciona como espejo de su cuerpo. "La industria hoy por hoy difícilmente tenga espacio para todos los realizadores", manifiesta en diálogo con EscribiendoCine.

Ahí viene

(2017)
6.0

¿Qué te llevó a trabajar sobre la decadencia y el deterioro por el paso del tiempo en tu ópera prima?
El concepto de tiempo está íntimamente relacionado al relato cinematográfico. Y si uno se deja estar el tiempo puede hacer estragos, en cuanto a lo que a decadencia refiere. Es por ello que el guión de Gastón Varela me resultó atractivo. Indagar e intentar explotar el potencial audiovisual de los conceptos antes mencionados.

¿De qué manera fuiste trabajando la historia hasta llegar a lo que tenías en mente?
El guion tiene muchos pasajes autobiográficos. Al punto que le película se rodó en la casa donde el guionista vivió de chico. Trabajé analizando a fondo la locación para encontrar la relación entre el espacio y la historia. Y por otro lado encontrando con los actores una dinámica en la que ellos sintiesen que de manera orgánica podían ponerles cuerpo y voz a los personajes.

¿Cómo aparecieron los actores y cuanto incidieron en la construcción de sus personajes?
Había compartido set con los actores, Daniel Quaranta, Nahuel Yotich, Paula Napolitano. No había trabajado con ellos como Director pero los había visto desenvolverse en un set. Se sumaron a la propuesta y soy partidario de que por más que el desarrollo de un personaje ya esté escrito, el actor puede enriquecerlo. Entonces de mi parte siempre tuvieron luz verde para proponer y así fue. Han hecho aportes esenciales a la construcción de los personajes.

La película sucede en un mismo espacio con dos personajes en interpelación constante, ¿qué desafíos te planteaste en la puesta en escena para escapar a lo teatral?
En ese sentido podría dividir la película en tres, la puesta del personaje del padre cuando se relaciona solo con el espacio, cuando se relaciona con su hijo dentro de ese espacio y finalmente cuando esa relación logra trascender y por consecuente el círculo de acción crece y la cámara (el espectador) logra salir de la casa. Para escaparle a lo teatral busqué puntos de vista y movimientos de cámara que se despeguen de la clásica cuarta pared o plano y contraplano.

¿Por qué decidiste que el punto de vista sea el del espacio y no el de los personajes?
Siendo un drama uno puede fácilmente caer en la comodidad de una sucesión de planos más clásicos o esperables, que bien podrían ser atractivos visualmente pero, en lo personal, me pareció que no le darían el dinamismo que yo estaba buscando. Y fundamentalmente la propuesta del punto de vista a partir del espacio tiene que ver con darle entidad a la casa y sus objetos. La sensación que intento provocar es que la interacción que el personaje del padre propone con el espacio (y sus recuerdos) no va a tener respuesta alguna, la casa no puede más que ser un reflejo del paso del tiempo.

Tu trabajo en el cine hasta ahora era de DF, ¿cómo fue ese pasaje de la fotografía a la dirección?
Como Director una de las principales tareas, creo, es formar un buen equipo de trabajo. Siendo Director de Fotografía me es inevitable involucrarme con ese rol, pero cuando uno trabaja con alguien en quien confía (Javier Paglia) no tuve problema en delegar la cuestión técnica al momento de rodar. Hicimos un trabajo en conjunto durante la preproducción diseñando los encuadres, la iluminación pero al momento de rodar yo me concentré en el relato y él en la técnica.

Ahí viene se realizó de manera autogestiva, cooperativa y comunitaria sin recurrir a fondos oficiales ni de organismos privados, algo que parece imposible. Contános como es hacer cine bajo esta modalidad, algo que un grupo de cineastas están implementando desde hace tiempo a través del Cluster Audiovisual.
La industria hoy por hoy difícilmente tenga espacio para todos los realizadores. Pero hay un camino paralelo en el que si yo quiero hacer una película, puedo no depender de recibir financiamiento millonario. La propuesta que surge desde el Cluster Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires consiste en no quedarse esperando a que a uno le digan que puede, que lo habiliten o lo financien. Si yo tengo algo que contar y me animo a encarar un proyecto cinematográfico independiente, puedo asegurar que va a haber gente dispuesta a aportar su talento para que el proyecto se concrete. En cuanto al cómo, lo que puedo decir es que si uno se anima a encarar el proyecto tiene que animarse a terminarlo, por el proyecto, por uno mismo y por respeto a todas las personas que colaboraron. Es por ello que el trabajo no termina con la realización de la película sino con su exhibición.

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