Matías E. González
09/09/2018 17:26

EscribiendoCine dialogó con Gonzalo Tobal, director de Acusada (2018), largometraje de ficción que se centra en Dolores Dreier, una estudiante que permanece como la única acusada por el crimen de su mejor amiga. El film recorre la preparación de Dolores para afrontar el juicio que dictaminará su inocencia o culpabilidad. Acorralada por la evidencia, la joven debe enfrentarse a sus propias dudas sobre lo que verdaderamente ocurrió. “Con Lali nos dimos cuenta que, viniendo de lugares diferentes, podíamos tener un diálogo común espectacular y entendernos”, sostuvo el cineasta.

Acusada

(2018)

Si viajamos a la idea inicial de la película ¿Dónde se anclaría su origen?
Surge un poco de cierta curiosidad o asombro que me genera cómo consumimos con tanta fascinación los casos policiales y cómo los medios los cubren y los narran siendo, de alguna manera, hasta una puesta en escena. Soy consciente de ese fenómeno y los casos no dejan de atraparme.

Me planteé hacer una película en esos dos niveles: por un lado, que pueda ser un thriller policial atrapante y que, a su vez, de alguna manera, permita reflexionar sobre algo de estas cuestiones. También surge de mi interés por trabajar los vínculos familiares, que ya lo había hecho en Villegas (2012), con una road movie. En este caso, era un poco ver qué pasaba si trabajábamos un policial, pero, contado desde el lado intimo y los vínculos familiares.

Tu primera película, Villegas, pertenece al cine independiente ¿cuáles fueron los desafíos de afrontar un film con un nivel de producción tan fuerte como lo es Acusada?
Acusada es un proyecto que fue creciendo en el tiempo, difícil de etiquetar porque tampoco es la típica película mainstream, sigue teniendo cosas de cine de autor bastante independiente. Si bien tiene una gran producción detrás y un lanzamiento grande, no deja de lado un montón de búsquedas que, de otra manera, estaban en mi película anterior.

El crecimiento del proyecto se fue dando medio orgánicamente. El guion, que lo trabajamos con Ulises Porra Guardiola, generó que se interese más gente y logramos un elenco increíble. Cuando se sumó Lali Espósito a la película, la puso en otro lugar. También Leonardo Sbaraglia, Inés Estévez y Daniel Fanego, en el reparto y, K&S Films, como socio, le dieron una envergadura más grande.

Obviamente la película la viví como un desafío, pero con mucho gusto. Me sentí cómodo haciéndola. Me gustan las películas que cuentan historias que son atrapantes y que, a su vez, dejan pensando. Por suerte, la pude hacer con una gran producción detrás, que permitió algo que hoy no es tan fácil en el cine argentino, que es filmar en un tiempo parecido al necesario y no tener que sacrificar la mitad de las cosas que querías hacer porque no llegas desde la producción; en ese sentido fue un lujo la película.

Las instancias judiciales son factores clave en el desarrollo de la historia ¿cómo llevaste a cabo el abordaje del ámbito judicial?
Con mucha investigación sobre todo. Ya desde el guion me junté con gente especialista en la materia y fui a ver juicios. Todo eso me fue trayendo nuevas ideas que se incorporaron al libro y a la manera de filmar la película. Tanto en el guion como en la puesta en escena, era consciente del ritmo y estaba atento al segundo a segundo, para que todo el tiempo sucediera algo atractivo que condujera la historia. Hay situaciones que surgieron en la instancia de rodaje.

Hacer Acusada no fue fácil y me tocó muchas fibras. Fueron entre cinco y seis años de laburo. Todo el tiempo íbamos a lo desconocido y nos metíamos en aguas oscuras que no son cómodas ni conocidas a priori. Es una película que, en algún punto, me llevó a lugares desconocidos y a romper barreras. Me preguntaba: “¿Me voy a meter en esta oscuridad?”. Sí, ahí es donde hay que ir porque es donde se vuelve más interesante.

Lali Espósito personifica a Dolores Dreier, la protagonista de la historia ¿cómo fue la experiencia de trabajar juntos?
Con Lali nos dimos cuenta que, viniendo de lugares diferentes, podíamos tener un diálogo común espectacular y entendernos. Somos súper amigos. Algo que me conecto con ella la primera vez y que, en parte me hizo elegirla y jugármela por ella, fue sentir que es una mina que está dispuesta a arriesgarlo todo, sin saber que va a pasar. Y yo, que soy mucho más cagón y, a su vez, soy consciente de que hay que auto imponerse no quedarse ahí, muchas veces decía: “Listo, le voy a cagar la carrera a esta chica. ¡Mirá lo bien que la hizo hasta acá!” (risas). Lali no tiene miedo y va para adelante.

El largometraje ya inició su recorrido mundial y compitió por el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia ¿qué te llevás de tu paso por el certamen italiano?
Fue todo espectacular. Primero, la proyección fue tensa porque durante toda la película casi no se movió nada dentro de la sala, lo cual fue un muy buen signo por como es la película. Ni bien terminó, estalló un aplauso gigante y fue muy emocionante todo. Hubo muy buenos comentarios. Fueron días intensos, cargados de actividades, con muchas notas, de hecho, todavía no tuve el tiempo de bajar y reflexionar. Fue increíble.

Estoy muy contento y expectante, esperando que se estrene en Argentina para ver cómo la recibe el público.

En cuanto a tu futuro en las producciones audiovisuales, ¿tenes algún proyecto próximo a realizarse o alguna idea desarrollada en mente?
Estoy con ganas de encarar varios proyectos, que están incipientemente dando vueltas. Hay ver para qué lado evolucionan.

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