Rolando Gallego
01/09/2018 18:49

La nueva película del realizador iraní Asghar Farhadi (El viajante, El pasado), presentada en el 71 Festival de Cannes, Todos lo saben (2018), rodada en España y con un elenco encabezado por Penélope Cruz y Javier Bardem cuenta con la participación de Ricardo Darín en un rol diferente al que nos tiene acostumbrados. Narrando los sucesos que atraviesan una familia tras la desaparición de una joven, el todos los saben del título alude secretos que comenzarán a explotar en la cara de cada uno de los personajes. “Una oportunidad de estas características es fantástica, Asghar Farhadi fue un regalo que me hizo la profesión”, afirma en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Todos lo saben

(2018)

Cuando te llega la propuesta, que te atrajo más ¿el personaje? ¿el director? ¿los compañeros?
Hubo muchas cosas a favor, primero, porque a pesar de ser un elenco muy frondoso, tuve y tengo la suerte de conocer a muchos de ellos, Eduard Fernández, Elvira Minguez, Penélope, Javier, Inma Cuesta, Sara Sámalo, había un conocimiento previo y un clima de camaradería y de abismo total, porque todos pensábamos qué íbamos a hacer con este señor, cómo íbamos a llevar adelante esto, que a pesar de tener traductores, teníamos que generar una lengua común, porque más allá de hablar otro idioma construís un lenguaje funcional a lo que querés hacer, hay risas, miradas, que contribuyen a ello.

¿Cómo fue el trabajo con Asghar Farhadi?
El trabajo de entrada fue increíble, él es un tipo increíble, mucho de eso seguramente estará relacionado a provenir de otra cultura, tienen apreciaciones sobre el trabajo para nada convencional, sobre el trabajo de los actores, yo no paré de observarlo, para mí era una especie de beca que me había ganado y que tenía que aprovechar. Es un tipo increíble, inteligente, con una gran capacidad de trabajo, era alguien que filmaba doce horas por día, nos trasladábamos del lugar de locación a Madrid, y yo sé que tomaba algo, tomaba té y ya se metía en isla de edición para hacer unos armados para ver cómo funcionaba todo, tiene una capacidad de trabajo increíble. Hice contacto enseguida con él, tengo una serie de Skypes en mi memoria maravillosos, había una traductora, pero nosotros hablábamos entre una mezcla de inglés y francés y nos reíamos mucho que ni siquiera hizo falta. En un momento le pedí disculpas y ella dijo no importa, me encanta que encuentren cómo comunicarse, él, es muy inteligente y muy gracioso, tranquilo, tiene una calma impresionante.

Tu personaje es muy creyente, ¿cómo trabajaste este punto con el director teniendo en cuenta que vos en la vida real no lo sos?
Hay una cosa muy curiosa, el me dio absoluta libertad sobre este aspecto específico que mencionas, y es tan cuidadoso que no me contó hasta una semana antes de terminar el rodaje que él era creyente. Él sabía que yo no era religioso ni creyente, lo dejó librado a mi entendimiento y ni siquiera quiso intoxicar mi posición con su historia personal. Destaco de él una mirada distinta, se interesa por cosas que vos decís “no lo pensé”, es actor además, tiene una serie de herramientas, hace vestuario de sus películas, y me contó por ejemplo que para el vestuario de sus película, luego de hacer lectura, trabajo de escritorio, se lleva a los actores a casa de saldos un día para que el actor elija la ropa del personaje, analiza el trabajo del actor sobre el personaje, deja que eso sea una responsabilidad de ellos.

Es una película más española que las españolas…
De hecho está preseleccionada para representar al país, se tomó muy en serio el casting, colegas me contaron que hicieron cinco o seis pruebas, es muy riguroso. Es todo para aprender, es todo para ganancia.

¿Te da miedo a esta altura encontrarte a alguien así?
No al contrario, es una bendición, es para agradecer, la tendencia, lamentablemente, es dame lo que ya sé que podés darme, es una sensación agridulce, decís “esto ya lo hice”, una oportunidad de estas características es fantástica, él fue un regalo que me hizo la profesión.

¿Cómo fue preparar la escena clave con Javier Bardem? ¿Fue difícil no “tentarse”?
Javier y yo teníamos cero complicidad a nivel profesional, somos amigos hace mucho tiempo pero estábamos en una situación inédita para los dos, y estábamos medio a cargo. Yo la pasé mejor que él, en esa escena de confrontación él estaba más incómodo, porque se agregaba que Javier hizo un reclamo sobre su personaje, que yo apoyé, y se lo planteamos al director, que entendió que era algo de veleidad, y estaba asociado a que no se profundizaba su enojo por ocultarle durante tanto tiempo la verdad. Un día viene y dice “no dormí” y me cuenta qué sugeriría al director, y me pidió que lo acompañara, el director me tenía como su coequiper predilecto y me miró como “te diste vuelta”, pero dijo una cosa maravillosa, entendió el planteo y la necesidad pero nos dijo muy calmo “ustedes están acá porque vieron las películas que hice y les gustaron, así que confíen en mi”. Esa escena terminó siendo el resultado de lo que estaba y lo que se planteó. Nos llevamos todos muy bien, pero la mayor parte de mi trabajo lo tuve con Penélope, que es increíble, tiene mucho camino andado, aprendí mucho de ella, y pueden creer que es una star, pero no, es un cráneo, lo pasamos muy bien. Yo estaba haciendo teatro, de gira, aparecía y volvía a parecer. El director plasmó la idiosincrasia de los españoles de una manera única, la clave de Asghar es su mirada, es su sello, en cosas pequeñas que son definitorias.

¿Qué tiene que tener un guion para poder trasladarte y participar?
No me llegan millones, no hay una condición exclusiva, tiene que ver con muchas cosas, en este caso, nadie me lo dijo, nadie me lo aclaró, pero probablemente mi convocatoria haya sido por sugerencia de Penelope y Javier, igual me dio elementos por su elección, me habló mucho de mis películas, de El aura (1993), e incluso la que dirigí yo, y me volvió loco diciéndome que tengo que volver a rodar, que tiene una historia para que lo haga, e incluso quiere venir a rodar a Argentina. Cero estrella, quiere contar historias a su manera, es muy generoso y muy abierto, quedé profundamente impactado, tiene el ADN de un tipo de 70 años, pero es joven, sentís respeto por él, la sensación de una persona grande que ha hecho un buen camino, es esa la sensación que tenés frente a él, te inspira eso. Tiene que ver con su cultura, tiene una manera de hablar con mucha ironía es un pueblo culto, y él hacía un paralelismo con el manejo de ellos de la ironía y los argentinos, yo no paraba de hacer payasadas y el las captaba, y desde ahí el me hablaba del parecido entre ambos pueblos.

Aün no hiciste cosas de género, ¿te gustaría?
Sí, hace unos años dije “me gustaría hacer algo de zombies” pero voy a ser prudente, me gusta el terror, me gustaría hacer algo, de suspenso, de hecho flirtea con el terror, están ahí.

El aura es así…
Es medio descastada, es un seguimiento de personajes, es el ensayo de una enfermedad absolutamente inexplorada y nadie te puede decir cómo es el comportamiento de un paciente epiléptico al momento previo de un ataque, en la investigación que habíamos hecho con Bielinsky, nos dio que de los 200 tipos que hablamos todos eran un caso distinto, no había solo uno que respetara un patrón. El aura puede ser lo que quieras, menos una comedia liviana. Me gustaría hacer terror, pero uno está acostumbrado a otra cosa, aunque se podría hacer una de terror hasta en joda.

¿Algo que no llegó?
Mi hija dice que le encantaría verme en una épica de gladiadores, me dice que se moriría de risa si me viera disfrazado de romano. Me gusta contar historias que me muevan, me motiven a ser parte de ellos, si tenés algo bueno entre manos te sentís dentro, es eso. Tengo ganas de descansar, me toca una paliza larga por delante, pero en enero y febrero descansaré.

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