Rolando Gallego
27/08/2018 11:59

La nueva propuesta cinematográfica de Pablo Trapero, La Quietud (2018), protagonizada por Martina Gusmán, Bérénice Bejo, Édgar Ramírez, Joaquín Furriel y Graciela Borges, es el viaje al interior de una familia que esconde secretos muy oscuros. Dos hermanas conectadas por sus pulsiones, verán cómo de un día para otro sus universos se modificarán por las inesperadas revelaciones que se sucederán ante sus ojos y que afectarán para siempre su vínculo. Días antes del estreno local, y antes de partir a Venecia y Toronto para presentarla, EscribiendoCine dialogó con Trapero para conocer más de este particular proyecto.

La Quietud

(2018)

Finalmente, y después de varias postergaciones, se estrena La Quietud, ¿cómo te sentís?
Muy bien, la verdad, finalmente llegó el momento y por suerte lo pude combinar, muchas cosas del trabajo que estoy haciendo afuera me hizo cambiar fechas, en un momento hasta estuvo en peligro que viniera ahora, de hecho me vuelvo el mismo día del estreno. La Quietud era un proyecto, desde el inicio, que yo necesitaba hacer en medio de todas las cosas que estoy haciendo afuera, nace como posibilidad de explorar mucha intimidad, en medio de proyectos a otra escala que estoy haciendo fuera de Argentina, fue un desafío, de fechas de Martina, que estaba con películas y El Marginal, Berenice terminaba película y empezaba con teatro, Joaquín también, Graciela con sus cosas y Edgar con lo de Versace. Uno de los desafíos de esta película fue coordinar agenda de todos, desde el inicio y lo logramos, pero no fue fácil, a veces proyectos se paran por años hasta poder coordinar la agenda de todos. Me sentí privilegiado desde el inicio poder trabajar con gente que está haciendo muchas cosas, y es muy difícil hacerlo. Hasta en el estreno, que estemos unos y no otros, estrenamos acá, pero también en Toronto y Venecia, que crea las cosas más inverosímiles de ingresar a secciones o no de acuerdo a la presencia y acompañamiento y posibilidad de ir a un festival o no.

¿Cómo fue manejar diferentes energías y experiencias en el set siendo que cada personaje es clave para el relato?
Eso estaba desde el guion, la narración la lleva Mía (Gusmán) desde que empieza a que termina, Mía es el vector que comunica con Eugenia (Bejo), con Esmeralda (Borges), con Esteban (Furriel), con Vincent (Ramirez), con el papá, desde el origen del proyecto y el motor, si vos hacés un recorrido por la película, no hay escenas de transición, todas las escenas de los personajes son de mucha intensidad dramática, donde intercambian, se movilizan por lo que está sucediendo, no hay escenas de relleno, no hay “extras del DVD”, son escenas intensas y precisas para lo que quieren contar, y en el nivel actoral, los cinco, excepto, que llegó más tardes, Joaquín, en los otros cuatro casos yo iba escribiendo pensando en ellos a medida que me iban confirmando la participación, sumando elementos de ellos a la escritura sabiendo quién lo iba a hacer. El gran desafío de la película en general es a nivel actoral, en las escenas lo más importante es lo que los personajes no están diciendo, incluso cuando Esmeralda le confiesa a Mía lo que le confiesa, lo veremos escenas más adelante, tener actores que tuvieran las herramientas y capacidad para hacer estos personajes tampoco era simple, son personajes como sin tierra en un punto, principalmente los más jóvenes, hablan de otra manera, Berenice habla español con un acento que queríamos usar, como Edgar que habla un venezolano distinto, e incluso Martina habla diferente. Berenice habla español con modismos que se han dejado de usar, como copado, con términos que no se usan más acá, o Graciela que tiene su propio tono. Yo no quise evitar el acento de los actores, lo sumamos como dato de personas que vivieron en el exilio, un exilio lado B, oficial, como gente relacionada a diplomáticos, Edgar mismo lo ha vivido como hijo de diplomático, esto es la parte menos dicha o expresada de La Quietud, personas con carencia del lugar que habitan.

Entonces, ¿La Quietud vendría a ser como el “no lugar” donde uno se conecta con otros sin siquiera tener un vínculo?

La Quietud se dice y se escribe muy parecido en español, francés e inglés, y eso era representativo para mí de esa película. Son personajes que se mueven en idiomas con naturalidad y en un punto ya no importa cuál es. La Quietud tiene un relato bastante abstracto en un sentido sobre el desarraigo que tienen, ninguno está en el lugar que quisiera estar o tiene, y como la tragedia de vivir una vida que no quisiste, vinculada a una parte de nuestra tragedia que es cíclica y vuelve.

Si bien Mía es el personaje central Esmeralda, la matriarca de la historia, es esencial para el relato, ¿cómo la imaginaste y qué le pusiste de Graciela Borges cuando te confirmó ya su participación?
Lo que motoriza una película son distintas cosas, no es sólo la historia, el tema o el universo, en mi caso personal son muchas cosas, y así como en El Clan (2015) podía ser el caso real un elemento, o ser una película de época otro, acá tenía el deseo de volver a trabajar con Martina, trabajar con Berenice.

Sé que con ella y Martina bromeabas sobre su parecido y que ibas a hacer una película para y con ellas…
Empezó como chiste, pero la última vez en Venecia, presentando El Clan les dije que iba a hacer una película con ellas. Con Graciela es algo parecido, en un festival afuera presentando Mundo grúa me dijo cosas muy cálidas y lindas, antes que incluso Martina vuelva a actuar Graciela me dijo que quería trabajar con ella haciendo de su mamá, y yo moría de ganas de trabajar con este ícono. Esta película es un homenaje al cine de esa época, al cine de los teléfonos blancos, de escaleras, de grandes secretos familiares encerrados en esas paredes, veía ese cine a las siete de la mañana en continuado, me crié viéndolo, es un cine con un gran período y una época que no se volvieron a ver en la televisión. La Quietud celebra un poco eso, en esos tonos, tiene melodrama, algo surreal, como Una jaula no tiene secretos (1962), algo absurdo, ridículo, un modo de surrealismo local, veías algo de Buñuel en éste cine, y la película también lo homenajea en silencio. Graciela es la diva, personaje que parte de su vida se termina mezclando con la actriz, con el ícono. Esmeralda en el guion estaba así, con robe de chambre, boquillas ridículas, es un mundo que existe aún hoy, determinadas personas de determinadas generaciones que viven así. La propuesta narrativa y visual de La Quietud está plagada de guiños, en Esmeralda en particular, que le da forma y la atraviesa.

¿Qué te gustaría que encuentre la gente en la película?

La Quietud tiene la particularidad de proponer según quién quiera ver, hay layers o capas que probablemente sea una de las fuerzas, según quién vea se va a sentir movilizado por algunas de las propuestas o temas, y eso es lo que más me gustaría, y lo empiezo a sentir ahora que la película comienza a tener vida pública. Lo que me gustaría es que nadie quede indiferente, es una película que propone temas que no están muy reflejados en la ficción, tiene una vigencia con muchos temas que estamos debatiendo en estos días y me sorprende, finalmente, y le da una vigencia que me sorprenda desde el tema de Aretha Franklin que recientemente ha fallecido a los temas de la agenda de la mujer que está en muchos momentos de la película, me gustaría que la película ayude a debatir estos temas que están en la agenda.

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