Juan Pablo Russo
15/08/2018 12:27

Alberto Masliah propone con En el cuerpo (2018) un abordaje perfomático a través de la videodanza. Una película donde la Compañía de Danza Sin Fronteras, un cuerpo de baile de danza inclusiva busca, a partir de una obra artística, provocar tensión entre lo estético y la reconstrucción de espacios simbólicos y reales de la historia de la Argentina reciente. "La videodanza es una forma de arte por sí misma, comparte con el cine el lenguaje, pero sus intérpretes no son de los más comunes para ese lenguaje", afirma en una charla con EscribiendoCine.

En el cuerpo

(2018)
7.0

¿Cómo llegaste a conectarte con la Compañía de Danza Sin Fronteras, y cómo nació el proyecto?
Conocí a la compañía hace muchos años cuando Liliana Furió, una amiga y cineasta, me acerca a ellos con la idea de hacer una película sobre el tipo de danza que practican, la danza inclusiva. En ese momento no se llamaban así, y se organizaban de otra forma, pero apenas los conocí supe que me iba a gustar mucho trabajar con ellos. Pasados unos años, el proyecto fue mutando, de la idea original de hablar de ellos llegamos esta de bailar con ellos.

Los prejuicios hacen pensar que bailarines en silla de ruedas sea algo difícil de imaginar. ¿Cuáles fueron las sensaciones al observar el trabajo de esta "danza inclusiva"?
Tendemos como sociedad a tener estos preconceptos, juicios infundados que solo nos sirven para desconocer las verdades de muchas cosas. Y son lamentables porque nos detienen. Alguno de los objetivos de transformación social que buscamos con esta película tiene que ver justamente, con borrar esas barreras simbólicas.

Con respecto a las sensaciones, puedo decir que mi trabajo con la danza inclusiva tuvo varias etapas. Cada una trajo consigo distintas sensaciones. En principio, todo me parecía novedoso y necesario, un poco después se generó en mí una sensación de mucho respeto y admiración por quienes hacían ese esfuerzo por expresarse.

Luego, la sensación principal fue la de pertenencia, y el respeto y la admiración que todavía siento ya no era por el esfuerzo sino por el deseo.

Si hay algo que distingue a este grupo de gente, es sus deseos de hacer, de bailar. Y con deseo, cualquier barrera se borra.

¿Qué desafíos te plante como cineasta la videodanza?
La videodanza es una forma de arte por sí misma, comparte con el cine el lenguaje, pero sus intérpretes no son de los más comunes para ese lenguaje. Toma de la danza una narrativa indirecta, más entendida por la música que por otras artes. Es un arte combinada por antonomasia. Entonces configura un desafío por sí misma. Fue un gran aprendizaje realizar este trabajo totalmente novedoso para mí, y aportarle una impronta personal. En la película se puede ver parte de ese trabajo, que no puede realizarse en solitario.

El trabajo con una gran amiga y coreógrafa como Carla Berdichevsky fue fundamental en el momento de crear las escenas. El realizado con el músico, otro gran amigo, Mariano Fernández, en el diseño de la musicalización, tuvieron además el desafío de intentar aportar con los climas, a lo narrativo.

La fotografía de Mariana Russo, el arte de Augusto Latorraca, el vestuario y make up de la dupla Ramiro Sorrequieta y Damián Brissio, cada uno con su aporte a lo colectivo hizo esta videodanza posible.

¿Qué dificultades encontraste al registrar las partes documentales, y los cuadros de danza? ¿Qué hallazgos y logros pudiste detectar?
El registro de documental tenía la dificultad, autoimpuesta, de perseguir la no intervención del realizador. Adoptamos como estrategia, la modalidad de observación, esto nos obligaba a trabajar la cámara como una espía de las situaciones. Para lograr esto, debíamos vigilar atentamente que la puesta de cámara nunca se impusiera sobre el trabajo que se realizaba frente a ella.

Los cuadros de danza en cambio, se trabajaron con un criterio performático, donde la puesta pasó a ser preponderante y el resto de los elementos del lenguaje cinematográfico y coreográfico, se pusieron al servicio de ella.

Como logro debo destacar que el resultado final, donde vemos a estas dos modalidades de representación de la realidad tan diferente y casi contrapuesta, en una misma película, muestra que se han amalgamando perfectamente.

¿Cómo imaginás la recepción de En el cuerpo por parte del público que no está acostumbrado a la videodanza?
La verdad es que no puedo imaginarme la suerte de esta película con el público. Lo primero que me viene a la cabeza es que parece una película de nicho, así se puede pensar a la danza. Pero inmediatamente pienso en que también es una película universal, por los temas intenta narrar y por el tratamiento tan particular que tiene esta forma de danza y sus integrantes. A la vez, me digo, no es solo una videodanza, también es un documental sobre un proceso creativo. Está claro que no veo esta película como una sola, sino cómo varias a la vez. Eso me impide aplicar mi experiencia de otros estrenos en esta. De lo que sí estoy seguro es que esta película tendrá larga vida. Es distinta, muy particular y atemporal. Por lo menos ese es mi deseo.

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