Matías E. González
10/08/2018 12:14

Carlos Robledo Puch es considerado uno de los mayores criminales de la historia argentina, a quien se le adjudican más de cuarenta robos y once asesinatos, cometidos durante su adolescencia. Por dichos actos, fue condenado a cadena perpetua y permanece, desde hace más de 45 años, en prisión. En los inicios de la década del 70, fue tapa de los principales periódicos y revistas locales, tema recurrente de programas radiales y televisivos y, eventualmente, vuelve a aparecer como protagonista de algún informe mediático. Por lo tanto, Robledo Puch permanece en el imaginario de la sociedad argentina y, por dicho motivo, Toto Ferro asumió un jugado desafío en la película El Ángel (2018), de Luis Ortega. Si bien su parecido físico con el criminal es indiscutible, afrontó la difícil tarea de darle vida en la pantalla grande, la cual superó con éxito. EscribiendoCine conversó con el actor acerca de su debut cinematográfico y los principales retos que debió encarar, entre otros temas.

El Ángel

(2018)

UNA HISTORIA INSPIRADA EN HECHOS REALES

El relato se enmarca en el año 1971, en Buenos Aires, donde vive Carlitos Robledo Puch (Toto Ferro), un joven de 17 años, con sus rulos rubios que caen sobre su cara de niño. Robledo Puch se encariñó desde chico con lo ajeno, pero, fue en la temprana adolescencia cuando descubrió que su vocación era ser ladrón. En su nuevo colegio, conoce a Ramón (Chino Darín), por quien siente atracción inmediata y decide llamar su atención. Juntos comienzan una historia de descubrimiento, amor y crimen. El largometraje está inspirado en la historia de Carlos, quien es conocido mediáticamente como “El Ángel de la Muerte”.

El ingreso de Toto Ferro a la película no fue instantáneo, ya que debió superar intensas audiciones, sin embargo, en la cabeza del director, Luis Ortega, Lorenzo era el indicado. El primer acercamiento de Ferro al proyecto fue cuando Martín Ortega, uno de los encargados de los castings del largometraje, vio una foto suya y descubrió su parecido físico con Robledo Puch, a pesar de que el joven, aún, sabía poco sobre el producto audiovisual. Hasta que un día, recibió el mensaje de la audición y decidió postularse.

“Yo no fui a quedar, sino a probar qué onda. Eso le gustó a Luis, porque todos los actores se presentaban con una pretensión que yo no tenía”, admitió Toto. Luis me volvió a llamar y me hizo un casting con la cámara, que fueron ochocientas mil tomas. Al otro día, me invitó a la casa, en Villa Crespo y nos encerramos dos horas para hablar”, recordó.

Ortega le envió el guión del film a Lorenzo, quien lo leyó y se sintió atraído por el proyecto. “Ahí empezó la lucha contra el 'no'. Nosotros dos teníamos el 'sí', pero los productores, tenían el 'no'”, contó Ferro. Una de las objeciones principales que planteaba la producción era que Toto no tenía experiencias previas, ni formación, en el mundo de la actuación.

A pesar de los obstáculos, Luis confiaba plenamente en el trabajo que podría realizar Toto, por eso, lo mandó a estudiar teatro, para utilizar esa carta como excusa ante los productores. Durante alrededor de siete castings, desarrollados a lo largo de seis meses, Ortega debió demostrar que era una buena idea que Lorenzo fuera el protagonista de El ÁngelEl Ángel]. Y lo logró.

LECCIONES INOLVIDABLES

Luis Ortega, además de ser el director del largometraje, es uno de los guionistas, junto con Sergio Olguín y Rodolfo Palacios. Este último, fue el periodista que escribió el libro El Ángel Negro, que sirvió como inspiración para llevar la historia a la pantalla grande. En dicha obra de periodismo narrativo, Palacios trasladó al papel los encuentros que él mismo experimentó con Robledo Puch en la Cárcel de Sierra Chica. Lorenzo leyó el texto y, además, en la casa de Ortega tuvo acceso a dibujos realizados por “El Ángel de la muerte”. El cineasta y el protagonista, entablaron un estrecho vínculo, que se trasladó a las instancias de rodaje y, hoy en día, mantienen vigente.

“Estuvo buenísimo debutar con semejante director, casi que terminé siendo un malcriado en cierto punto. Sabíamos que teníamos que hacer un trabajo muy duro, entonces, él no se quedó en el rol del director que se dirigía hacia mí solo como actor, sino que, se hizo amigo mío y me trataba como tal”, elogió Toto. “Generó un vínculo de confianza, en el cual era mucho más fácil trabajar y no fue únicamente conmigo, porque en el rodaje te dabas cuenta cómo se trataba con el cámara, con el foquista, con todos. Había una onda que hacía que todos empujaran para el mismo lado, porque tienen a Luis que los avala y quieren ayudarlo porque saben que es un buen pibe”, agregó.

EL ÁNGEL CON CARA SUCIA

En el film, Toto personifica a Carlos Robledo Puch, uno de los mayores criminales de la historia argentina. En palabras del cineasta a cargo de la obra, Carlitos se desenvuelve por la vida como una estrella de cine, como si considerara que lo están filmando, cree que todo es una puesta en escena y, para él, ni siquiera la muerte es algo real. Por eso, “camina como él imagina que camina una leyenda, roba como un bailarín y desprecia la naturaleza por una sospecha prematura de que todo destino es una emboscada”.

Para llevar a cabo la construcción de su personaje, más allá de las indicaciones de Luis, Lorenzo quería comprender la época en la que se habían desarrollado los acontecimientos y, por medio de Internet, el cine y la música, logró ingresar en la atmósfera. “Lo más difícil era interpretar este personaje tan complejo de una manera sencilla”, confesó Ferro.

Respecto a los hechos que aparecen en la historia criminal de “El Ángel Negro”, hubo uno en particular que fue el que más sorprendió al protagonista del film. Robledo Puch mató a dos personas a media cuadra de mi casa, en un boliche que había ahí. Cuando quedé en el proyecto, mi padre me contó eso y, obviamente, me impactó, porque si hubiese estado en ese momento, hubiese escuchado los disparos. Después, fui a ver el lugar abandonado y sí, fue impactante”.

Lorenzo reconoció haber tenido “millones” de retos a superar, entre ellos, debió aprender a tocar el piano, a manejar autos y motos y a manipular armas. Por otro lado, se preparó en la actuación y cargó con la responsabilidad que implicaba formar parte de “semejante película”. Incluso, tuvo que saber cómo administrar su propia energía en los diferentes momentos del proyecto audiovisual.

“Yo le di todo de mi al personaje y él me lo devolvió potenciado. Al principio tenía un poco de temor y me costaba ganar confianza, por todo lo que implicaba ser el protagonista de una película, pero, una vez que superé ese paso, la confianza me subió ocho mil escalones. Yo creo que a cualquiera le pasaría”, relató. “Carlitos, como personaje, me dejó algunos aprendizajes que, no sé si incorporo hoy en la vida cotidiana, pero sí me quedó que hay que disfrutar que estamos vivos”, añadió.

DUPLA EXPLOSIVA

Carlitos conoce en la escuela industrial a Ramón, con quien entabla un estrecho vínculo, colmado de dudas. Toto y el Chino compartieron diversos ensayos, en los que comenzaron a trabajar desde lo físico, por lo que ponían música de la época y bailaban hasta pelearse. Los protagonistas del film trabajaron con la masculinidad en un terreno lúdico y, al mismo tiempo, buscaron en esos lugares la femineidad, que se reflejaba en las miradas, en el contacto y en los movimientos.

Más allá de la formalidad de las prácticas, los actores quisieron crear un lazo que les permitiera conocerse con mayor profundidad. “Ayudó un montón volver juntos de los ensayos. Buscamos ganar confianza entre nosotros, en la vida real, para después poder jugar con lo que fuera al momento de filmar”.

Sobre la experiencia de compartir largometraje con Darín, Toto valoró: “El Chino, para una generación, es un ejemplo de carrera porque hace rato trabaja en cine y en proyectos que están súper interesantes, también estuvo laburando bastante en España. Yo pensé que iba a ser una estrellita, pero el chabón nada que ver. Me gusta mucho su cotidianeidad. Actuar con él, que ya tiene una suela más gastada, me sirvió un montón”.

EL MUNDO DE LOS ARTISTAS

Si bien El Ángel fue la primera experiencia actoral de Lorenzo, el joven ya conocía ese universo por medio de su padre, el actor Rafael Ferro. “Cuando era chico, iba a los rodajes donde estaba mi papá, y veía que se cagaban de risa mal, que, a pesar de todo el trabajo, había un clima de amistad en ese mundo”.

En cuanto a las enseñanzas de su progenitor, Toto explicó que no son referidas a la actuación, sino a la vida en sí misma. “Él tiene la mente muy abierta y siempre me filosofó de cosas que, después, las pude aplicar en la película”, agradeció.

La película aborda la cuestión de los objetivos de la vida, que son diferentes en cada uno de los personajes. Fuera de la ficción y de su personaje, Lorenzo considera que su principal aspiración es “ser feliz”. Mientras que, a nivel vocacional, su deseo está en “ser actor o hacer algún recital rapeando” y, a largo plazo, le gustaría “dirigir una película con amigos”.

DEBUT CON OVACIÓN

El largometraje se estrenó, por primera vez, en el 71 Festival de Cannes, en el que formó parte de la competencia Una cierta mirada. En la costa francesa, estuvo presente gran parte del equipo del film: el director Luis Ortega, los productores Sebastián Ortega y Pedro Almodóvar, los actores Toto Ferro, Chino Darín y Peter Lanzani, y las actrices Mercedes Morán y Cecilia Roth. Al concluir la proyección, se generó un caluroso aplauso del público asistente. Los medios de comunicación presentes en la cobertura del certamen acompañaron el largometraje. “La película ya es conocida afuera, hubo mucha prensa a nivel internacional”, destacó Ferro.

Respecto al interés de los espectadores, a nivel mundial, por las historias criminales, el actor opinó: “Llaman la atención porque todos saben que son asesinos, pero, nadie sabe si se levantan en calzoncillos o en un pijama, si se lavan los dientes, todos quieren saber cómo es el día a día de esa gente, cuáles son sus aspiraciones, sus objetivos en la vida, cómo son sus familias, y, un poco, la película muestra eso y un montón de cosas que las cuenta desde la ficción, pero podrían ser verdad”.

Sobre lo que le significó haber protagonizado el largometraje inspirado en la vida criminal de Carlos Robledo Puch, Lorenzo citó las palabras de Luis Ortega, quien fue su maestro y, además, se convirtió en su amigo: “Representa el amor hacia las ganas de vivir”.

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