Juan Pablo Russo
07/08/2018 14:52

En Los cuerpos dóciles (2015), Diego Gachassin abordaba, junto a Matías Scarvaci, las injusticias del sistema penal argentino, ahora trabaja sobre el sistema carcelario adentrándose en la Unidad 23 de Florencio Varela para retratar un proyecto utópico: la enseñanza de filosofía, literatura y boxeo a 52 presos del Pabellón 4 (2017), por parte de Alberto Sarlo, un abogado y escritor, y Carlos Mena, un ex presidiario que vuelve a la cárcel como su ayudante. "Encontré algunas respuestas posibles, sobre todo el poder de la educación para cambiar la realidad de gente que nunca tuvo una oportunidad", dice el realizador en diálogo con EscribiendoCine.

Pabellón 4

(2017)

¿Cómo llegás a filmar Pabellón 4?
En Los cuerpos dóciles, mi película anterior habíamos grabado un par de jornadas en la cárcel y me habían quedado ganas de profundizar en el mundo carcelario. A raíz de su estreno, Rocío Raiberti, que hacía la prensa de la editorial de Alberto Sarlo “Cuenteros, verseros y poetas” se contactó y me contó del proyecto de Alberto. Al reunirme con él, Alberto en una charla muy sentida me contó su proyecto y me pareció que ahí había una película posible, y que podía responder varias preguntas que me habían quedado dando vueltas en la cabeza, desde mi película anterior.

Es difícil, de por sí, entrar a filmar a una cárcel, supongo que más en una de máxima seguridad, ¿cómo fue tu caso?
Realmente no tuve muchos inconvenientes, los permisos de rodaje, que podían ser el mayor problema, gracias a las gestiones de Alberto Sarlo, y al apoyo de Gustavo Ferrari, el Ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, y la buena predisposición del director de la Unidad, Juan Fernando Pirali, se consiguieron rápidamente.

¿Qué te motiva a trabajar sobre el sistema penal argentino, un tema que ya habías abordado en Los cuerpos dóciles?
En Los cuerpos dóciles nos centramos en un caso que ponía al descubierto el sistema penal argentino y sus injusticias, y los pibes que defendía Alfredo García Kalb terminaban presos. Si bien había grabado un par de jornadas dentro de la cárcel, el foco estaba puesto en el sistema penal. Acá el foco está más puesto en el sistema carcelario. Ya no hay una indagación acerca del por qué están presos, o si son justas esas condenas, si no que el foco está puesto en qué posibilidades tienen los presos una vez dentro de la cárcel.

Creo que la cárcel es un lugar interesante porque hay un conflicto muy fuerte y esencial, que es la falta de libertad. Y también es un tema que sirve para pensar quiénes están en la cárcel y quiénes no, para poner en cuestión muchos aspectos de la sociedad que están naturalizados. Por otro lado este proyecto en especial me servía para poner a los presos en un lugar muy poco visto, discutiendo ideas, estudiando filosofía y repensando sus vidas. Desestigmatizar a la población carcelaria.

Supongo que a medida que filmabas iban apareciendo diferentes historias atractivas desde lo cinematográfico, ¿tenías en claro de entrada que el recorte iba a ser lo que quedó en la película?
En un documental de este tipo, es muy difícil saber con certeza cuáles van a ser las escenas que lo compondrán. Sin embargo, el guion que presentamos al INCAA no está tan lejos del resultado final. La estructura la había pensado más o menos como terminó siendo, o sea pivoteando en el trabajo de Alberto y Carlos en la cárcel, pero saliendo también para seguirlos y contar sus trabajos fuera de la cárcel o su vida familiar y social, porque me parece importante contar los contextos de los personajes para poder identificarnos con ellos, y también le daba una complejidad mayor a la película.

Claro que las escenas que forman la película en su mayoría aparecieron en el rodaje. La realidad siempre nos sorprende y gratifica. Esa falta de certeza e improvisación del rodaje del documental de observación es lo que más me gusta.

¿Cómo fue el proceso del rodaje?
Rodamos veintipico de jornadas entre octubre de 2016 a junio de 2017. Necesitaba tener el desarrollo de la escritura de un libro, que en este caso es “La filosofía no se mancha II”. La experiencia en el rodaje fue muy buena. Uno tampoco está libre de los prejuicios de la sociedad, pero al entrar al Pabellón 4 y ver a 52 presos de máxima seguridad escuchando en silencio a Sarlo explicar filosofía, tomando apuntes, leyendo sus escritos y discutiendo de literatura, me quedé maravillado. Con los presos del Pabellón siempre hubo una excelente relación.

¿A medida que avanzabas aparecían contratiempos que ponían en juego el proyecto final? Sobre todo porque en una historia así no hay previsibilidad en la continuidad de los personajes.
Nunca se puso en juego el proyecto final, ni tuvimos grandes contratiempos. Fue un proyecto en donde todo se dio de manera muy orgánica y fluida. Los elementos que pensamos que iban a funcionar funcionaron, y con un gran apoyo de Alberto Sarlo y Carlos Mena, pudimos terminarla de manera bastante rápida. Al año de la presentación al INCAA teníamos la película terminada. Esto también se debió a que nos apuramos a grabarla porque en ese momento las autoridades políticas del Ministerio de Justicia y de la Unidad 23 nos brindaron su apoyo, pero sabíamos que estas podían cambiar y por eso decidimos salir a grabar antes de tener el ok del INCAA. De hecho ya en la última jornada en la cárcel el director de la unidad había cambiado y no nos facilitó mucho las cosas, como si lo había hecho el anterior.

¿Encontraste las respuestas que buscabas sobre el funcionamiento del sistema penitenciario o vas a seguir indagando sobre el tema?
Encontré algunas respuestas posibles, sobre todo el poder de la educación para cambiar la realidad de gente que nunca tuvo una oportunidad. Y un proyecto, que aunque parezca utópico, es posible porque existe hace ocho años y que es necesario que se sistematice y lo tome el Estado para hacer lo que se supone que hay que hacer con los presos que es darles las herramientas para lograr su reinserción, en vez de permitir el abuso, la tortura y la violencia en las unidades carcelarias.

Igualmente en este momento estoy escribiendo una ficción inspirada en este mundo carcelario y en algunos de los cuentos de los presos. Así que voy a seguir indagando, pero esta vez desde la ficción.

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