Emiliano Basile
05/08/2018 19:51

Luis Ortega estrena este jueves El Ángel (2018), su film basado en el caso Carlos Robledo Puch que pasó por el 71 Festival de Cannes. En diálogo exclusivo con EscribiendoCine sostiene: “Queríamos dejar de lado al Robledo real que está cargado de oscuridad".

El Ángel

(2018)

¿Cómo te acercaste al personaje de Robledo Puch?
En realidad conozco al personaje a través del libro de entrevistas de Rodolfo Palacios, pero nunca pensé en que podía transformarse en una película. Después de Historias de un Clan casi decantó en la posibilidad de hacer la película con Rodolfo, desde una óptica completamente ficcionada. Yo se la propuse a Underground y ellos contactaron a K&S, luego aparece El deseo y Telefé.

¿Te sugirieron hacerla de alguna forma en particular?
Cuando le acerqué la idea a Sebastian lo conversamos mucho y, en base a cómo presentar esta imagen juvenil, escribí esta película pero sin ninguna limitación, con la misma libertad que me vengo manejando siempre. Si, con toda la producción que se necesita para filmar que en general nunca la había tenido. Me vi beneficiado artísticamente, los productores me hicieron devoluciones que me potenciaban, de acuerdo a lo que ya estaba escrito. Desde que acordamos la historia seguimos en esa línea, nunca hubo condicionamientos.

La historia está contada desde el personaje
En realidad con Rodolfo en un momento nos olvidamos del Robledo real que está cargado de oscuridad. Nosotros queríamos echar luz sobre esa parte descontrolada de la infancia que busca límites, que es distinto a hacer el mal. El personaje no cree que está haciendo el mal, está llamando la atención porque cree que todo es mentira. Lo dice explícitamente “pero si es un chiste todo esto”. La sociedad se le presenta de un modo tan artificial que descree hasta de la naturaleza. Piensa que están todos actuando y por ende, nadie se va a morir. La muerte es parte de ese artificio social. Ahí empieza una patología, es el punto más subjetivo de la historia.

Él actúa queriendo seducir constantemente aunque no haya nadie a su alrededor
Si y al personaje del Chino Darín. Quería resaltar la historia de amor entre ellos. La necesidad de él de impactar a su amigo. Robar con esta gente le saca la mística a lo que él hace que es robar para sentirse vivo, ellos roban por el botín que son dos cosas muy diferentes que creo en la escena de la joyería está muy explícito.

¿Te inspiraste en algún personaje existente?
Esta película está muy influenciada por el libro de Jean Genet, Diario del ladrón. Es la historia de este niño ladrón que después escribió dos libros en la cárcel. También en El ladrón devoto que forma parte de Milagros de Nuestra Señora del poeta medieval Gonzalo de Berceo. Habla del acto religioso de delinquir, es muy poético, profundo y conmovedor y tiene puntos de contacto con Crónica de un niño solo (1964) y con Pixote (1981) de Hector Babenco y muchas cosas relacionadas a la inocencia y a los ojos vírgenes antes de atravesar el camino a la desilusión. Es el proceso del entusiasmo, la fe, y las ganas de vivir hacia la adultez.

El trabajo de la banda sonora es fundamental, la música por momentos se interrumpe estableciendo la diferencia entre la realidad y la subjetividad del personaje.
Trabajamos con Guille Gatti (el montajista) editando la película. Fuimos prefigurando una construcción expresiva del sonido y luego la definimos con José Luis Díaz y su equipo. El sonido por lo general está en segundo plano. Buscamos la línea de la subjetividad del personaje. Tratamos de trabajar el sonido de manera expresiva sin ser pretensiosos. Ese recurso lo usamos muchas veces, parece ser música incidental y después lo apagamos para generar el abrupto. Incluso con José Luis hay momento donde sacamos el sonido de golpe y ni siquiera suena el vació, es muy loco suena la nada, la sala, o sea los espectadores. Fue un trabajo fascinante.

Muchas veces la película prescinde del diálogo, cuenta sólo con la imagen. La escena de la emboscada por ejemplo.
Nosotros terminamos estando muy del lado del personaje. La escena de la emboscada no sabemos si sucedió realmente o fue paranoia de él. Es una escena que tenía en la cabeza desde la escritura de guión, que gracias al monstruo del grifo de acá de Argentina con todos sus fierros pudimos hacer un acercamiento a sus ojos, algo muy especial. Imaginé un hombre que lo observara que no tuviera cejas y me mandaron infinidad de fotos de la producción y elegimos este actor que le despierta la paranoia. Ahí empieza la traición de Robledo a su amigo.

¿Qué viene después de El Ángel?
Todavía no aterricé como para pensar en el futuro. En el medio estuve escribiendo otras cosas que se pueden transformar en ideas para películas en el futuro pero nada con forma todavía.

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