Matías E. González
16/07/2018 18:42

A partir de una película, una serie o telenovela, un actor puede destacarse por su desempeño en el proyecto y, así, trascender la pantalla, ya sea de la televisión o de la sala de cine. Esto fue lo que ocurrió con Abel Ayala, que en ese entonces no contaba con formación actoral, pero logró reconocimiento nacional e internacional, tras interpretar al inolvidable personaje protagonista de la película El Polaquito (2003), dirigida por Juan Carlos Desanzo. A través de su gran debut cinematográfico, Ayala comenzó a transitar su camino artístico, que incluye su trabajo en destacadas producciones audiovisuales. En esta oportunidad, el actor vuelve a personificar a Cesar, un presidiario de la cárcel San Onofre, ya que forma parte de la segunda temporada de El Marginal. EscribiendoCine conversó con el actor acerca de su participación en la exitosa serie, su experiencia en El Polaquito, las novedades de El Guachín y próximos proyectos.

El Polaquito

(2003)

UNA SERIE TRAS LAS REJAS

El Marginal cuenta, por el momento, con dos temporadas. La primera, tiene como protagonista al expolicía Miguel Palacios (Juan Minujín), quien llega como convicto al penal San Onofre, con una misión, para ello cuenta con una identidad falsa y una causa inventada. En el ambiente carcelario, conoce aliados como César (Abel Ayala) y Pedro (Brian Buley) y enemigos como Mario y Diosito Borges (Claudio Rissi, Nicolás Furtado). La segunda, es una precuela y se centra en el ingreso de los hermanos Borges a la prisión y su enfrentamiento con el sanguinario presidiario El Sapo (Roly Serrano).

La llegada de Abel Ayala a El Marginal se dio tras su participación en el último capítulo de la serie Historia de Un Clan (2015), dirigida por Luis Ortega y producida por Underground, la misma de la ficción carcelaria. En la historia de la familia Puccio, Abel interpretó a Rodolfo Palacios, el único periodista que entrevistó al criminal Arquímedes antes de morir.

El rodaje de ambas temporadas de El Marginal se llevó a cabo en la ex cárcel de Caseros, un espacio cargado de situaciones históricas, donde se desarrolló la prisión de la ficción, San Onofre. “Hay muchos desafíos a la hora de ir a grabar a esa cárcel abandonada, porque es muy desagradable el clima y bastante duro, con una energía muy densa, soportarlo tres meses se vuelve un desafío. Cuando ingresas te impacta y te condiciona bastante, hace que uno entre en el juego bastante rápido. Es hermoso grabar y trabajar con otros, también tomar mate con los compañeros. Cuando uno termina le agarra la melancolía, pero, durante el rodaje, a veces, se hacía difícil”, recordó el actor.

El hecho de que la prisión no fuera un montaje en un set de filmación, sino el propio penal, brindaba mayor verosimilitud al escenario en el que el equipo trabajaba. “Laburaba con menos objetos imaginarios, realmente sentía lo que estaba ocurriendo, es una serie hiperrealista. Cuando me decían '¡acción!', no diferenciaba mucho la realidad de la ficción, era bastante heavy, además, teníamos la exigencia de directores como Luis Ortega, Israel Adrián Caetano y Alejandro Ciancio que son bastante realistas en sus historias”, expresó Ayala.

Para el armado de Cesar, el actor se dejó permear por la atmósfera en la que se enmarca la historia. “Hubo un trabajo más de dejarse llevar y construir sobre la marcha en base a lo que iba ocurriendo y a las indicaciones del director, del autor, a través de los guiones, de los actores, y de la mismísima cárcel, por todos estos elementos que habían”, destacó.

Respecto a las novedades de su personaje en la precuela de El Marginal, Abel adelantó: “Se explica que César lleva muchísimos años en la cárcel, es un pibe que pasó prácticamente su vida entera ahí y, a diferencia de la primera, es mucho más violento, se gana unos pesos a través de la violencia”.

Toda personificación suele producir una marca en la vida de los artistas y César dejó una huella en Ayala. “Me gusta mucho que el personaje haya trascendido más allá de la historia, a pesar de ser un bandido, es un buen pibe que tiene códigos, que, por distintas circunstancias, terminó como terminó. Para mí, como actor, es agradable que la gente reconozca el trabajo, es muy motivador y yo creo que nos ha ocurrido eso a todos los que hicimos la serie”, valoró.

La ficción debutó en la Televisión Pública y, tras su estreno en la plataforma Netflix y en Universal Channel, tuvo reconocimiento internacional. El producto logró la aprobación del público, que espera ansioso la precuela, y de la crítica especializada, que premió al proyecto con 13 Premios Tato, 3 Martín Fierro y el Gran Premio Internacional en el Festival Series Manía, realizado en Francia, entre otras distinciones.

“En general, no visualizo que puede llegar a pasar después con el producto, esto fue una sorpresa posta, por lo menos yo no me lo esperaba. Me escriben desde Francia, Colombia, Venezuela y otros países. La serie abrió muchos mercados y eso es muy importante para nosotros, los actores. Vemos que, si nos preparamos, podemos trascender las fronteras”, relató con alegría.

DEBUT EN LA PANTALLA GRANDE

Abel Ayala tuvo su inicio cinematográfico, a los doce años, en el largometraje de Juan Carlos Desanzo, El Polaquito (2003), donde interpretó al protagonista, un chico de la calle que se gana la vida cantando tangos en los trenes de la estación central de Buenos Aires, imitando a Goyeneche. El joven conoce a Pelu (Marina Glezer), una prostituta que también trabaja en el lugar y de la que Polaquito se enamora, lo que lo lleva a intentar rescatar a la chica de la mafia que la explota.

Las películas de Desanzo se caracterizan por su carácter realista, por lo que decidió no trabajar con actores profesionales, sino con chicos de la calle, lo cual permitía un registro con aspectos de documental. En un comienzo, consiguió un chico y una chica, pero estos, por diferentes motivos, no pudieron concretar la participación. Entonces, el cineasta recurrió a hogares y, uno de ellos, era el Hogar El Arca, situado en Moreno, donde vivía Abel Ayala, quien años antes había estado en situación de calle en Constitución. La institución contaba con una casa quinta de gran extensión, lugar al que el actor asemeja con “Rincón de Luz”, el espacio creado en la ficción infanto juvenil de Cris Morena.

“Me acuerdo que los coordinadores del hogar, nos reunieron a todos en un comedor muy grande, y nos presentaron a Desanzo, que era un director de cine que estaba preparando una película y quería hacernos un casting. Yo levanté la mano, junto con otros. Pasamos a una sala de estudio, él montó cámara, me ubicó con una chica y me planteó una situación donde ella estaba embarazada y yo era padre, tenía que decirle que la amaba y que quería hacerme cargo del bebé. Yo metí primera y me volví loco”, recordó sonriente. “A raíz de eso, me eligió y quedé para protagonizar la peli”, agregó.

Para la preparación del largometraje, el cineasta juntó a Abel, Marina y Fernando Roa en diferentes eventos sociales como asados, con lo cual, al momento de rodar, los jóvenes ya tenían afianzados los vínculos y no sentían la presencia de las cámaras como una presión. Por su trabajo en el film, Ayala fue distinguido como Mejor Actor Revelación Masculina en los Premios Cóndor de Plata y como Mejor Actor con el Premio Silver Apple en el Festival de Cine Latinoamericano de Nueva York.

A partir de la excelente repercusión de su participación en el film, fue convocado para trabajar en la película Hermanas (2005) de Julia Solomonoff, en el largometraje Maradona, la mano de Dios (2006), de Marco Risi, en la película El niño de barro (2007), de Jorge Algora, donde interpretó al Petiso Orejudo, y en las ficciones televisivas Criminal (2005) y Gladiadores de Pompeya (2006). “Yo lo vivía como algo que en algún momento se iba a acabar, como un efecto colateral de El Polaquito y nada más”.

Hasta que llegó el western cinematográfico El grito en la sangre (2014), dirigido por Fernando Musa, en el que compartió reparto con Horacio Guarany. Desde esa película, tomó conciencia de que él podía tener el control de lo que le estaba pasando y comenzó a formarse en actuación.

Cada momento de la vida brinda herramientas para poder superar nuevos retos. “La calle me dio mucha fuerza para enfrentarme a situaciones dolorosas, porque lo que no te mata te hace más fuerte. El hogar me dio educación y valores, al igual que Desanzo. He trabajado con grandes compañeros como Fernando Trueba, Ricardo Darín, Desanzo, Horacio Guarany, además de todos los grandes compañeros con los que me he cruzado. Yo les copiaba las cosas buenas, ellos fueron mis maestros en algunos aspectos de la vida”, destacó.

A la hora de encarar un nuevo proyecto, el actor les otorga un lugar especial a los desafíos. “Trato siempre de buscar cosas que me sean difíciles. Me gustan los desafíos que me obligan a salir de la comodidad, porque me enseñan y me dan nuevas herramientas. El factor humano también es muy importante, la experiencia que se vive en un rodaje agradable es espectacular, son recuerdos imborrables”, contó.

UN PERSONAJE AUTÉNTICO Y POPULAR

Abel personificó a Diego Armando "Guachín" Carrasco en la telenovela Sos mi hombre, emitida por Canal 13, en 2012 y 2013. Sin embargo, el personaje trascendió la tira diaria, ya que continúa vigente a través de su canal de Youtube en el que forma parte de divertidos videos. El Guachín es un chico pobre que tenía un padre adinerado y cuando éste murió, le dejó la herencia, pero, una chica con la que salía el joven, lo dejó sin un solo peso. Guachín es técnico en la refrigeración de la construcción de los materiales, es el encargado de mojar los ladrillos y pasárselos al albañil. También es un changarín, que arregla las cosas que se le rompen a la gente en la casa.

“En la calle la gente me decía: 'Como me reía con el Guachín'. Me di cuenta de la fuerza del personaje y yo la pasé muy bien, me reí como nunca, entonces, con un amigo pensamos en 'revivirlo'. Además, Guachín me ayuda a no sacar los pies de la tierra, me recuerda siempre que se puede ser una persona pobre, sin recursos, pero, a pesar de eso, se puede ser bueno y divertido, él dice lo que siente y lo que piensa”, describió Abel Ayala.

El Guachín es futbolero y se encuentra con varios jugadores con los que se generan divertidos momentos. El puente lo creó Abel a partir de la agencia de representación de jugadores que tiene con su amigo Heber Marchioni, la cual se llama M&M. Allí, Ayala se encarga de la parte creativa, entonces, al tener vínculo con varios futbolistas, los hace partícipes ya que los aprecia y ellos se divierten cuando participan. Entre las novedades del personaje, en los próximos videos, se presentará su banda de cumbia.

PRESENTE Y FUTURO

En la actualidad, Abel brinda charlas motivacionales, junto al psiquiatra Axel Otero. Todo comenzó cuando el especialista, que conocía la historia del actor, le propuso la idea, que concretaron y llevaron adelante en centros sociales, escuelas y auditorios. “Al principio, yo sentía vergüenza de mi historia, pasé de ser un marginal a un actor, cuando empecé era muy bonito, pero me encontré con un mundo que no sabía cómo pisar. Después, me di cuenta que nada que ver y que, si yo pude cambiar mi historia, y un montón de personas pudimos, podía hacérselo saber a los demás y motivarlos a que también puedan lograrlo, porque hay mucha gente que la pasa mal y cree que no hay nada que hacer. Las charlas muestran que todas las historias pueden cambiar”.

Respecto a su futuro en la industria cinematográfica, Ayala empezará a rodar en las próximas semanas, la nueva película de la directora Luján Loioco, titulada Algo con una mujer que será una historia de amor, con tintes del policial, y protagonizará junto a la actriz María Soldi. La filmación se llevará a cabo en Areco y se ambientará en los años 50.

PH: Gabriel Machado

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