Rolando Gallego
14/07/2018 12:43

Muchas veces vemos una propuesta en la sala y los detalles de vestuario, la puesta en escena, las atmósferas y climas creados, el contexto que se desprende por la utilería y otros aspectos del film nos atrapan. Maquillaje es un rubro clave, dentro de ellos, a la hora de hacer un viaje en el tiempo, o, por ejemplo, envejecer a un actor/actriz para evidenciar el paso de los años.

Desearás al hombre de tu hermana

(2017)

El rubro cuenta con profesionales de calidad, que brindan su experiencia y trabajan codo a codo con el director y el equipo de producción. Muchos conforman ensamblados que repiten tras películas como Angela Garacija, habitué del equipo del célebre Alberto Moccia, quien recientemente desarrolló los peinados y maquillajes de Zama (2017) y El Potro, lo mejor del amor (2018) de próximo estreno, y también del de Almudena Fonseca, jefa de maquillaje de El último traje (2016).

“Siempre quise trabajar en cine y cerca de los actores. Estudié teatro varios años y la composición del personaje es algo que me interesa mucho. Empecé a estudiar maquillaje mientras cursaba la carrera de arte dramático y descubrí que la posibilidad de modificar los rostros y desarrollar el arte del color pasaron a ser lo que más me interesaba”, afirma Garacija, nominada a los Premios Cóndor que otorga la Asociación de Críticos Cinematográficos de Argentina por su cuidado trabajo en Desearás al hombre de tu hermana (2017).

“Suelo sentirme contenta con mi trabajo, aunque siempre creo que puedo mejorar. Como las películas se estrenan tanto tiempo después del rodaje me sucede que ‘haría otra cosa si el rodaje fuera hoy’”, agrega.

Con gran experiencia en el cine internacional, y participando en varias producciones locales como ¡Atraco! (2012) y un notable logro en El último traje (2016), de Pablo Solarz, Almudena Fonseca ha desarrollado la imagen de grandes películas como Blancanieves (2012) y 8 apellidos vascos (2014).

“Comencé en el maquillaje un poco por casualidad. Estaba trabajando como asistente de un fotógrafo inglés, asentado en Madrid en los años 80. En su estudio se realizaban sesiones de publicidad y moda, y por allí pasaban muchos maquilladores. Poco a poco me fui interesando por su trabajo y decidí hacer un curso de maquillaje de belleza y caracterización mientras seguía con mi trabajo de asistente de fotógrafo. Un día me llamo un maquillador para que hiciera de ayudante suyo en un rodaje y la verdad es que me encantó, desde entonces me encaminé hacia el cine y fui dejando la moda. De esto hace ya mucho tiempo y trabajo en el cine desde hace ya 30 años”, indica Fonseca.

Sobre el destacado trabajo en El último traje destaca que "para el personaje de Miguel Ángel Solá me inspiré viendo muchas fotos de ancianos, sus rasgos, arrugas, manchas de piel, pelos que crecen con la edad. Fue un reto, sí, tenía que quedar verdaderamente creíble su personaje. No se podían ver los “artificios del maquillaje” porque al ser un protagonista podía “sacarte” de la película. También tenía el reto del tiempo, no podía invertir mucho en la realización puesto que después tenía que rodar ocho o nueve horas, y todos los días. Esto es un desgaste para el actor. Así que opté por una técnica bastante rápida y muy efectista, que creo que han dado muy buen resultado. Aun así invertía todos los días dos horas como mínimo para el maquillaje”.

El trabajo del maquillaje puede determinar el verosímil o no de un relato. Es una pieza fundamental, principalmente en aquellas producciones que requieren una estética precisa, que no siempre tiene que ser un film de época.

“No existen las películas donde ‘solo se retoca a los actores’. Todas, más allá de la época que representen, tienen desafíos”, dice Garacija y suma sobre la fuente de inspiración para los proyectos que surgen “observando mucho. A la gente en la calle, viendo películas, arte plástico, texturas y colores de la naturaleza, viendo imágenes permanentemente en internet”.

Pero no sólo es tarea del maquillador la responsabilidad de encauzar por buen camino una propuesta, como indica Fonseca, los actores son parte importante del éxito, como el caso de la predisposición de Solá en la película de Solarzél tuvo mucha paciencia. Se sentaba en el sillón de maquillaje, yo le ponía música tranquila y que le gustaba y comenzaba el trabajo. Muchos días se dormía y al final le despertaba y casi no se daba cuenta de todo el proceso. Otros días charlábamos, en fin, en siete semanas da para todo. Pero es cierto, que no todos los actores tienen tanta paciencia. Porque no sólo era realizarlo, al final del día teníamos que quitar todo ese maquillaje y quizás era lo más pesado para él, porque después de todas las horas de rodaje, ya cansado tenía que pasar por lo menos media hora más para desmaquillarse”.

Garacija destaca también un aspecto importante de su tarea y que es lo que más le apasiona del cine “trabajar con gente que se dedica a lo mismo y a aspectos técnicos muy diversos a la vez. Si bien todos participamos del mismo trabajo, cada uno tiene roles diferentes, tareas diferentes y maneras de vivir el mismo trabajo muy diferentes. Esa diversidad, las tareas, los problemas, las urgencias ajenas son lo que más disfruto”.

Y en este sentido Fonseca agrega que vino dos semanas antes a Buenos Aires para hacer pruebas con Miguel Ángel y pocoa poco fueron ‘ajustando’ el personaje. "Pablo y yo nos entendimos bien y conseguimos hacer de Solá un buen Abraham Bursztein, desde el punto de vista de maquillaje. Tengo muy buen recuerdo del rodaje. Fue muy bonito por todo, el trabajo, los lugares donde rodamos, la gente con la que trabajé en cada lugar que rodamos y que me ayudaron tanto, Norberto y Carolina entre otros, pero que los destaco por su amabilidad y ayuda. Creo que entre todos hemos conseguido hacer una buena película, con cierto humor y a la vez muy emotiva”.

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