Rolando Gallego
02/07/2018 19:12

Con la adaptación de Sin Filtro (2016), película chilena de Nicolás López, que ya ha tenido varias remakes, el productor y director televisivo Martino Zaidelis debuta en el cine con Re Loca (2018) protagonizada por Natalia Oreiro. Pilar es una mujer que entra en crisis, tras varias situaciones que la posicionan en un lugar que no desea estar, y deja de actuar como los demás esperan. "Hacer reír es muy difícil y es fundamental contar con el mejor guion posible y los actores”, dice en una charla con EscribiendoCine.

Re Loca

(2018)

¿Tenías una opinión formada sobre las remakes antes de rodar Re Loca?
Pienso en algunas que me vengan a la mente, soy socio de Juan José Campanella y se ha hecho la remake de El Secreto de sus Ojos (2009), se hizo Nueve reinass (2000) en Estados Unidos, a veces las remakes salen interesantes y otras no tanto. Cuando estaba en secundaria vi El Rapto (The Vanishing, 1993), de George Sluizer, que es una remake de una película suya. Hay películas que al hacer la remake salen buenas y otras no tanto.

Entonces no tenías prejuicios a la hora de encarar este proyecto…
No, lo ví como una oportunidad y llego a la película por uno de los productores, Sebastián Aloi, por recomendación de Axel Kuschevatzky, con quien ya había trabajado en otros proyectos con él. Me enviaron el tráiler de la película chilena y una primera adaptación que había con versión “argentina”. Después vi en un avión la película, me interesó, no si era una remake o no, y después la película fue creciendo, traté de apropiarme y hacer nuestra película.

¿Fue complicado ese proceso sabiendo la cantidad de adaptaciones que se hicieron?
Difícil no fue, como parte del proceso adapté con Andrés Aloi el guion, al principio me convocaron sólo para dirigirla, pero manifesté que quería hacer una pasada mía y bajar el tono con respecto a la original, quería modificar el tono de la comedia, quería ir por un lugar real o verdadero, hasta casi documental, para lograr la comedia, no intentar que los actores sean los graciosos sino las escenas, es algo que quería hacer en relación al estilo de comedia que me gusta. La película chilena tiene un tono más farsesco, la española también. El proceso no fue difícil, esperaba que el productor me diera el ok para cambiar cosas, entre ellas el final, que si bien sucede lo mismo o algo parecido a la chilena, decidimos contarlo desde otro lugar.

Estaban en el guion ya discusiones actuales como Uber versus Taxi, ¿o se improvisó?
No, eso ya estaba en el guion que recibí, como el cambio de la pelea, que en la original es con una mujer y acá con los taxistas.

De tu experiencia como asistente, al rodaje de tu ópera prima como director ¿fue difícil el cambio?
Fue algo que busqué, y si bien tenía la experiencia en televisión, ficción y documentales, la película era importante para mí porque el trabajo es mucho más detallista, nunca lo había hecho, y sabía que tenía tiempo para hacer las cosas bien, aunque me di cuenta que es una carrera contra el tiempo porque el presupuesto manda. El proceso fue de lujo, el elenco y el equipo técnico fue de primera.

¿No notaste diferencias en el paso?
Creo que la mayor diferencia es el tiempo, tenía la experiencia de El hombre de tu vida y de Entre Caníbales, que de ahí conocí a Natalia Oreiro, y los tiempos para realizar son otros, en la previa ensayamos muchísimo con Natalia, y también los otros actores, pero ella está en todas las escenas, ensayamos muchísimo hasta encontrar el tono que quería llevar adelante, de comedia para que se puedan identificar con los personajes, con situaciones exageradas, con un personaje que cambia de un día para otro y quería que sea lo más real posible.

Hablás de Natalia Oreiro y su protagonismo, pero el resto de los personajes tienen un peso específico sin ser satélite de ella ¿querías que esto pasara?
Quería que todos los personajes tengan una vida, que todos los personajes con los que se relacionaba pudieran generar empatía y que sean reales, aún en la exageración y comedia, quería que se puedan identificar. Los personajes son diferentes a las otras versiones.

Como la novia que interpreta Gimena Accardi...
El otro día alguien me decía que el personaje, cuando se encuentra con Sofía (Accardi) tiene razón en todo lo que le dice, y esas situaciones están buscadas. O con el personaje de Hugo Arana, que se exagera en otras versiones y acá lo hice más real, son todos personajes con dudas, con cosas que no pueden resolver, que tienen dudas.

Volviendo a tu trabajo, ¿sentiste en algún momento la presión de trabajar con un elenco importante y lograr un éxito desde el rodaje?
Cuando me sumé no había actores, de conocerla a Natalia Oreiro la llamé, le dije que tenía un proyecto para ella, y a los otros días me dijo que quería hacerla y a partir de ahí se empezaron a correr los nombres del elenco, hicimos casting. Antes de El hombre… yo había trabajado con Guillermo Francella, Mercedes Morán, Luis Brandoni, de una exigencia importante y también en Entre Caníbales, con actores de renombre, y eso hizo que pudiera llamar a otros actores en el camino. No sabíamos si iban a querer sumarse, porque el protagonismo de Natalia es excluyente, pero así se fue configurando. La presión, tuve nervios previos y con dudas de cómo saldrá, estuvo, pero después de iniciada la preproducción y el rodaje todo fluyó muy bien, con el equipo, todo muy planificado para tratar de tener la menor cantidad de errores o fallas posibles, soy de planificar plano por plano cómo voy a filmar cada escena, sumado al enorme trabajo de ensayos, llegamos muy preparados. Obviamente que en filmación surgen cosas, pero también en los ensayos, en donde el guion pasa de ser teoría a realidad, porque el tono de la película era el mayor desafío, para mí era fundamental que desde Natalia hasta el personaje más chiquito sean reconocibles. Con Natalia trabajamos mucho para que el personaje pueda reaccionar de maneras diferentes ante las situaciones. El rodaje fluyó, en edición traté de que tenga el ritmo más ágil para que el espectador esté entretenido.

Siempre dicen que hacer reír es difícil, ¿después de filmarla lo reafirmás?
Es re difícil, espero que la gente se ría y reaccione, creo que tiene dos cosas, momentos para reírse y momentos muy dramáticos en los que te da pena el personaje y cuando comienza a “vengarse” te da gracia, risa y liberación, con cierta identificación. Hacer reír es muy difícil y es fundamental contar con el mejor guion posible y los actores, estar en contacto con ellos para que tengan la misma frecuencia, eso se da a partir de ensayos y el objetivo mío de contar la historia, la comedia, y situaciones dramáticas pero que para el espectador son comedias. Eso me gusta.

A diferencia de las otras versiones, Pilar no se enfrenta a mujeres con su nueva personalidad, ¿fue un pedido de ella?
No, no hay una búsqueda en ese sentido, particularmente no quisimos cambiarlo adrede por una cuestión de género, surgió naturalmente.

¿Qué te pone “reloco” a vos? ¿Si tuvieras la posibilidad de Pilar en qué situación lo utilizarías?

No soy tanto de reaccionar fuertemente, me pone loco la inoperancia, cuando alguien no se pone a la altura de las circunstancias, me molesta, me pongo loco, pero no reacciono como Pilar. Desde que hice la película por ahí ahora no me callo, lo digo, no tan violentamente, pero no me callo.

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