Camila Molteni
01/07/2018 13:48

Premiada en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata como Mejor Película Argentina, José Celestino Campusano estrena esta semana El azote (2017), un retrato de la cruda realidad de los centros para menores de edad con causas judiciales ambientado en la periferia de la ciudad de Bariloche. "Nosotros tratamos de utilizar los recursos del documental en el marco de ficciones, ese es nuestro desafío. Esta es la película más fidedigna de todas las que hemos filmado", dice en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

El azote

(2017)

La película surge a partir de los testimonios de asistentes sociales, antropólogos y habitantes de la zona ¿Cómo es que a partir de esos relatos se construye esta historia y cómo fue tu relación con quienes te contaron estas duras realidades?
Tanto esas personas como los jóvenes que participaron son de Bariloche y viven en las periferias. Fue muy ameno. Ellos entendían que había una necesidad de contar esta historia y que partía de una decisión de no tergiversar los contenidos. Hubo una identificación bastante fuerte. Las casas que se ven en la película fueron aportadas por ellos y nos instalamos ahí durante un mes. La convivencia fue armoniosa.

¿Cómo llegaste hasta Bariloche para encontrarte con quienes te acercaron la historia?
Hice un viaje hace unos años por varias provincias del sur: Neuquén, Río Negro y Chubut. En ese viaje surgieron tres historias. Una es sobre el caso de Daniel Solano, un trabajador de Salta que fue asesinado por la policía de Choele-Choel, pero como el caso se mediatizó no lo filmamos. Nosotros siempre tratamos de filmar historias anónimas y protagonizadas por personajes del entorno. Otra historia es El Sacrificio de Nehuen Puyelli (2016) y la última es El azote. En esta hay una mezcla con datos muy precisos de la patagonia chilena. Hay mucho de Argentina y un poco de Chile también.

¿Cómo fue el trabajo del guion para adaptar esa realidad en lo que finalmente es la película?
Nosotros tratamos de utilizar los recursos del documental en el marco de ficciones, ese es nuestro desafío. Esta es la película más fidedigna de todas las que hemos filmado.

Cuando presentaste Cícero impune (2017) en la edición número del [19] BAFICI dijiste que vos filmás para dejar un testimonio antropológico, ¿por qué te pareció importante destacar esta historia?
Hay miles de destinos de chicas y chicos muy jovencitos, de 10, 11 o 12 años, que se ven totalmente afectados y corrompidos por el mal manejo de los recursos. Bariloche es una zona totalmente rica, pero esos recursos están hiper concentrados y hay unos bolsones de pobreza y miseria que no se puede creer. Todo eso da como resultado los miles de destinos que se ven tergiversados para siempre. Yo creo que ese es un mensaje a destacar. Más aún si el relato está protagonizado por la gente del lugar.

Trabajás siempre con actores ignotos y del lugar. ¿Cómo fue esta experiencia, sobretodo con los más chicos? ¿Ellos ya conocían las realidades que cuenta la película?
Hay que ser muy honesto y muy claro. Estas vivencias son vox populi, nadie del lugar se asombraría por ver la película. Sí asombra a gente de otros lugares. Cuando la presentamos en Rotterdam, a los holandeses que conocen Bariloche les asombró terriblemente cómo habían ido tantas veces a vacacionar al sur argentino y no habían conocido esta realidad. Cómo algo tan cercano, a 10 o 15 minutos del centro cívico, de repente puede ser tan radicalmente distinto a lo que uno entiende o imagina de Bariloche.

Pero en definitiva todas nuestras películas son autocríticas de la sociedad en la que vivimos. La responsabilidad está totalmente repartida y compartida entre las fuerzas del orden, la parte política, las familias, los adultos, la parte educativa. Podríamos hacer mucho para cambiar esto y sin embargo no hacemos lo suficiente, es evidente.

Tenés una manera particular de poner en evidencia el machismo de la sociedad en varias de tus películas. En el ambiente en el que vivimos hoy, acaparado por la revolución feminista, ¿qué papel pensás que juega El azote?
Lo peor que puede pasar es que toda esta reivindicación de los derechos de las mujeres se termine apropiando de lo malo del hombre: la intolerancia, la falta de justificación, el no escuchar ni dialogar y arrasar con las creencias del otro. En nuestros rodajes desde siempre todos cobran lo mismo, no hay diferencia ni por estrato social, ni por religión, ni por color de piel ni por género. No concedemos que haya diferencias en ese sentido. Hoy hay una crisis de “el hombre argentino” y está bueno que se provoque. Espero que no se contamine y sirva para un cambio real y sustentable que dé sus frutos.

¿En qué proyectos estás trabajando para el futuro?
Lo que estamos terminando ahora es Hombres de piel dura, una película que filmamos en enero. Habla de la sexualidad desde púberes hasta adultos en zonas rurales de la provincia de Buenos Aires, todo esto atravesado por una logia de curas pedófilos. Inspirada en hechos verídicos, por supuesto. También estamos con un documental 360 que filmamos en mitad del año pasado en Bolivia profunda, y terminando el rodaje de La secta del gatillo, en 360 también. La escribimos con Ricardo Ragendorfer y es sobre la mafia de ciertas comisarías del conurbano bonaerense.

¿Qué expectativas tenés para el estreno?
Es un momento muy conflictivo, como viene siendo desde hace años, para estrenar una película nacional que no se empate con el canon mainstream. Nosotros hacemos nuestra parte, creemos en este tipo de cine y de la misma forma sabemos que hay gente que lo valora muchísimo. Para esa gente es que lo construimos. Ponemos lo mejor y mucho más no podemos intervenir. Después veremos si podemos estrenar en el exterior para que la película recorra otros caminos.


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