Juan Pablo Russo
27/06/2018 21:00

Somos Tr3s (2018), segunda película de Marcelo Briem Stamm, explora la bisexualidad y el poliamor a través de Ana (Florencia Dragonetti), Sebastián (Juan Manuel Martino) y Nacho (Carlos Etchevers), que se conocen en una fiesta de amigos en común. Se enamoran por igual e inician una relación con final incierto. "Creo que la bisexualidad siempre se ha tomado como un camino a gaylandia. Como que el heterosexual que prueba con un hombre, ya no puede volver a estar con una mujer. Y la verdad es que la bisexualidad existe y me encantó que en esta historia, la pongamos en primer plano", dice en una charla con EscribiendoCine.

Somos Tr3s

(2018)

¿Cómo surge la idea de Somos Tr3s?
Fue el primer guion de cine que escribí. Antes la película tenía otro nombre y estuvo a punto de filmarse en 2010, incluso el guion ganó uno de los primeros concursos digitales del INCAA, pero al estar congelado unos dos años por falta de fondos, decidí bajarme y seguí con otros proyectos. En ese entonces se dio la posibilidad de filmar los seis cortos para la serie Tensión Sexual en 2012 y luego vino la que sería mi ópera prima, Solo (2013). Cuando concebí el guion de esta historia, quería hacer una peli de tríos, pero en este caso no quería que hubiera problemas con las etiquetas sexuales, y siempre me imaginé que entre los personajes protagónicos había una fuerte atracción, en todos los sentidos, más allá de sus orientaciones sexuales y que emprendían una relación que aún no estaba consensuada socialmente. Ahí quise poner el eje. En una relación que funciona muy bien hacia adentro, pero que socialmente no está aceptada, digamos, de una manera masiva.

¿Cómo fue el proceso entre la idea y la película terminada, considerando que hacés un cine independiente?
El espíritu de la película siempre fue el mismo. En 2009 cuando escribí el guion y en 2016 cuando lo retomé y lo toqué. Obviamente cuando lo saqué del cajón ya me consideraba un mejor guionista y cineasta que siete años atrás, entonces re interpreté varios elementos y recursos narrativos, que pienso hicieron que la historia creciera un montón de aquel primer guion de 2009. Cambiarle el nombre también me ayudó un montón a clarificar la historia y darle carácter y consistencia. Por lo general cuando escribo, ya tengo la película terminada en mí cabeza, a veces me cuesta trasladarle todo lo que yo veo al equipo, y hago lo posible para explicarles paso a paso, y hay un momento en que les pido que confíen. Y es muy grato cuando ven la película terminada y veo que les gusta y entienden el porqué de ciertos tonos y pedidos específicos que surgen durante el rodaje. Al tener las cosas claras desde el punto de partida, todos tuvimos una pre producción y un rodaje perfecto y fuimos felices cuando la vimos terminada. Sentimos que conseguimos lo que queríamos. Para bien o para mal, Somos Tr3s es la película que quería hacer y quedó tal cual quería.

La película plantea el poliamor como algo natural, ¿lo que sucede en la trama podría ser real?
Cuando concebí la historia, la planteé como una comedia romántica de un trío que se enamora por igual, sin ataduras ni etiquetas. En ese momento el tema del poliamor no era tan popular como ahora. Fue muy grato para mí con el correr de los años, notar que el tema se ponía más y más como una opción de las relaciones amorosas, y creo que eso me impulsó a que retomara la historia en 2016. Notaba que el tema aún era muy actual. Y respecto a si lo que sucede en la trama podría ser real, me di cuenta que sí. Esas relaciones existen. Pero están aún muy encorsetadas. Hoy, en 2018, está mucho más aceptado socialmente salir del closet como gay o lesbiana, que teniendo una relación poliamorosa.

¿Por qué creés que la bisexualidad no está tan explorada en el cine como lo gay? ¿Es un tema tabú?
Creo que la bisexualidad siempre se ha tomado como un camino a gaylandia. Como que el heterosexual que prueba con un hombre, ya no puede volver a estar con una mujer. Y la verdad es que la bisexualidad existe y me encantó que en esta historia, la pongamos en primer plano.

La película, como en tus anteriores, tiene escenas jugadas, poco frecuentes en el cine argentino, ¿cómo elegís a los actores y de qué manera trabajás con ellos?
A mí me interesa ser genuino y honesto con lo que cuento. Y las escenas jugadas en mis pelis, están donde tienen que estar y duran lo que tienen que durar y luego vamos con otra. Ya sea un desnudo, una escena de amor, o una escena de sexo donde hay juegos de poder o un asesinato, siempre busco ir a fondo con lo que cuento. A los actores los elijo de acuerdo a su preparación y talento natural, a su capacidad de trabajo y por supuesto a su personalidad. No quiero trabajar con gente mala leche. Y hasta ahora tuve mucha suerte, y en todas mis películas he podido trabajar con actrices y actores sumamente talentosos y comprometidos con sus personajes. Y eso hace que las cosas fluyan de una manera mucho más natural y agradable. Con ellos trabajo de una manera muy sincera. Les planteo desde el vamos qué quiero contar, cómo y les explico paso a paso los procesos de cada escena. Escucho mucho y siempre estoy atento a sus necesidades y sobre todo a que haya consenso para avanzar. O sea, juego con todas las cartas sobre la mesa desde el minuto cero, y los respeto siempre.

Cuando uno se enfrenta a una película tuya sabe de antemano que va haber una fuerte connotación a lo sexual, ¿sos el enfant terrible del cine argentino?
Para mí el sexo es libertad. Plantear un desnudo o escena de sexo es algo muy natural, siento que no tengo vergüenza del qué dirán y trabajo mucho con los actores y actrices para darles todo el cuidado y respeto que se merecen. Estoy convencido que no es tan importante lo que hagas, sino que quede bien. Ese es mi objetivo. Y cuando planteo una escena jugada o con alta connotación sexual, lo hago más que nada para naturalizarlo y plantearlo, desde la lógica de los personajes y el tratamiento de la película en general. No me interesa provocar porque sí. Si eso sucede y alguien me quiere poner ese mote de “enfant terrible” será algo que suceda desde la mirada del espectador o el periodismo. Mi único interés es plantear ciertos temas en cada película, ir a fondo con el tratamiento que la historia tenga y ser sincero con lo que cuento, aún si tomo riesgos.

¿Es difícil hacer un cine desprejuiciado en una sociedad pacata?
Pienso que en todos conviven la pacatería y el prejuicio. Hay como una lucha interna en cada decisión trascendental sobre el qué dirán. Entonces muchas veces nos reprimimos. Y le hacemos caso a la vergüenza y no nos animamos a hacer lo que nos hace felices ni vivir las historias de amor que queremos. Espero que con esta peli los prejuicios se vayan diluyendo.

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