Matías E. González
25/06/2018 12:45

Hay determinadas temáticas que son tabú en la sociedad pero que, gracias a las producciones audiovisuales, logran salir a la luz y convertirse en tópicos para el análisis y la reflexión. El sexo es una de ellas y, si bien con el correr de los años se ha ido perdiendo el pudor a la hora de abordarlo, aún queda camino por recorrer. A través del largometraje Dry Martina (2018), el cineasta chileno Che Sandoval, pone el foco en la sexualidad tanto desde la comedia como el drama. EscribiendoCine conversó con la protagonista del film, Antonella Costa, quien relató su experiencia en la película y los retos que debió superar, entre otros aspectos. “Pasé años sintiendo que debía ser en la vida como era en la cama, pero no me salía”, sostuvo la actriz.

Dry Martina

(2018)

UNA HISTORIA SIN PREJUICIOS

El relato se centra en Martina (Antonella Costa), una cantante argentina que fue famosa en los años noventa pero, hoy, nadie la recuerda. Sus cuarenta se avecinan entre la frigidez y el desencanto por el amor. La llegada de una joven pareja de chilenos cambia su vida: Francisca (Geraldine Neary), una fanática que está convencida de que son hermanas y, César (Pedro Campos), que con una mirada le devuelve el deseo sexual. Martina viaja a Chile con la idea de que el hombre le puede retornar su líbido, pero terminará encontrando el afecto de una posible familia.

El proyecto llegó a Antonella de una manera particular, ya que Che Sandoval escribió el guion con la idea de que ella fuera la protagonista de la historia. La actriz se sintió atraída debido a que había seguido el recorrido cinematográfico del cineasta desde sus orígenes y tenía muchas ganas de hacer uno de sus personajes “malditos” que, a su vez, son fuertes para llevar adelante el relato. Otra de las motivaciones estuvo en el espacio que se le otorgó durante el proceso creativo, lo cual le brindó un condimento especial.

“La película me toca muy de cerca. La frase de Martina 'cuando era chica mi vida era un desastre, y sólo me sentía libre en la cama ', es mía. Pasé años sintiendo que debía ser en la vida como era en la cama, pero no me salía. En lo cotidiano, lidiaba con cientos de miedos, angustias, pruritos y paranoias, y en la intimidad, era confiada, relajada, divertida. Martina es al revés, tiene problemas sexuales que la hacen padecer y la desesperan, pero jamás se plantea que quizás algunas de sus acciones rutinarias la llevan al fracaso inevitable”, expresó Antonella. “En general, el sexo no es algo que uno hace sino que le pasa, un espacio en el que nos manifestamos en crudo, no tanto como queremos sino como podemos, o como somos muy en el fondo de nosotros mismos”, agregó.

SEDIENTA DE AMOR

Antonella personifica a Martina, una cantante que expone su sexo como catalizador de sus traumas, cuando la raíz real de sus problemas es afectiva. Ansiosa es uno de los adjetivos que la caracterizan, lo cual se observa también en su canción Triste y gris, donde se la muestra como una mujer enamoradiza que lleva encima el mito de “come hombres”. “A ella le encantaría vivir una historia de amor, pero se da tanta rosca, junta tantas ganas, que termina dando una imagen de depredadora y pierde. A quién no le ha pasado… que tire la primera piedra. No seré yo, claramente, porque a mí me pasó varias veces”, admitió la actriz.

Costa sintió muy de cerca a Martina, ya que considera que su personaje está dentro de ella, es decir, que nada de lo que le ocurre a la mujer de la ficción, le es ajeno en su vida cotidiana. Sin embargo, la diferencia radica en el juicio. “A mí me resulta insoportable ser y actuar como ella, porque no tengo su liviandad para ir por la vida sin juzgarme. Es la versión hiperdesarrollada de los defectos que se me escapan, de las reacciones que no controlo y los errores que no me perdono. Es como una de esas esculturas hechas con basura, todo ese amor, tanto esfuerzo y tiempo invertidos para dar armonía y belleza a un rejunte de desperdicios”, confesó.

En cuanto a las desemejanzas, Antonella también las halló en la soltura con que se manifiesta su personaje para el sexo ocasional, algo que en su vida real no tiene y, además, le envidia a Martina. “Para mí las primeras veces son una mierda siempre, y cuanto más me gusta la persona, peor, justamente porque tengo terror de resultar avasallante. Prefiero cortarme un brazo antes de dormir abrazada la primera noche aunque me muera de ganas, y soy así con todo. Pueden pasar cinco años de amistad antes de considerarme amiga de alguien, por ejemplo. En ese sentido, me encantaría ser Martina por seis meses”, reconoció.

Respecto a la construcción de la protagonista, Costa, en un comienzo, no se encontraba para nada en esa mujer. Incluso la actriz llegó a dudar si era correcto que fuera ella quien le diera vida al personaje. El armado estuvo en estrecha relación, no solamente con Antonella, sino también con el equipo a cargo del largometraje. “No tenía idea en qué iba a terminar Martina, no la intuía, no sabía cómo era. Me entregué al proceso y la construí codo a codo con el equipo. Grabamos pruebas en casa, con el director, para buscar su manera de hablar, de atravesar sus momentos privados, de relacionarse con la música, entre otras cuestiones, pero el personaje tomó más forma cuando llegué a Chile, en los ensayos con los otros actores”, argumentó.

Uno de los retos que debió afrontar Costa, pero que, al mismo tiempo, se convirtió en uno de los hechos gratificantes del film, fue que en Dry Martina tuvo la posibilidad de escribir canciones y cantar. Si bien, antes de iniciar el proyecto, Antonella tenía un entrenamiento muy rudimentario de su voz, estudió casi dos años con diferentes profesionales de la música porque su objetivo era cantar ella misma las canciones, sin que nadie la doblara.

Para las actrices y los actores, cada trabajo deja una huella en sus trayectorias. Dry Martina no fue la excepción. “Cambié mucho después del rodaje. Fue una experiencia muy intensa, y al terminar dejó un vacío muy grande. Cuando pasó ese duelo me descubrí diferente, mucho más centrada y tranquila. Supongo que en algún sentido maduré. Bueno, ya era hora…Quizás exorcicé un poco a Martina, me la saqué de encima. Sus características ya no son un peso para mí, la puse en otro lugar. Me siento otra persona”, contó Antonella. “Por otra parte, en lo profesional, desde hace varios años que decidí no vivir de la actuación y elegir mucho más a qué proyectos me sumo, y una experiencia como esta valió por cien. Renové los votos con el oficio, y me quedé con ganas de más. Como Martina”, añadió.

UNA EXPERIENCIA PARA RECORDAR

El rodaje se desarrolló durante cuatro semanas en Chile y dos días en Argentina. El equipo estuvo conformado por integrantes de ambos países. En el caso de Costa, fue su primera vez laboral en el territorio vecino. “Trabajé muy cómoda desde lo profesional, a pesar de que en lo personal pasé por mil tormentas”, recordó. La actriz mantuvo un importante nivel de entendimiento con el cámara y DF del film, Benjamín Echazarreta. “En una película como esta, que sigue a un personaje en un retrato emocional y dinámico, esa relación es fundamental. Interpretar las huellas de la luz en cada encuadre, qué se ve y qué se oculta, cómo se delimita el espacio, qué atmósfera se impone, ayudan mucho a una actriz, cuando están claras y bien hechas”.

Más allá de los desafíos a nivel actoral, Antonella también debió afrontar el reto de trabajar junto a Che Sandoval, con quien convivió durante cuatro años, debido a que fueron pareja en el pasado. Laburaron juntos en reiteradas oportunidades, de hecho, organizaron un ciclo de cine chileno en la ciudad porteña durante tres años y ella actuó en su largometraje anterior, Soy Mucho Mejor Que Vos (2013). Aunque la pareja se disolvió en medio de Dry Martina, la buena relación perduró.

“Lo que más le agradezco a Che es la confianza infinita y la libertad que me dio. Eso conlleva una gran exigencia, creo que nadie nunca esperó tanto de mí como actriz. Si bien pasé momentos de muchos nervios, mucha inseguridad, puedo decir que terminé confiando yo también en mí, más que nunca. No fue fácil porque es la primera vez que protagonizo una comedia”, comentó Costa.

“Nunca había estado literalmente bajo sus órdenes. No es un lugar cómodo, pero funcionó. A mí me encanta que me dirijan, y él tiene muy claro lo que quiere, así que el fantasma se fue desvaneciendo rápidamente”, añadió.

“Me sentí solísima, y a la vez estaba cumpliendo un sueño. No quería permitirme la tristeza, estaba feliz, pero me costó mucho”, confesó. La actriz encontró dificultades a la hora de sobrellevar la soledad durante el rodaje, ya que estaba en otro país, lejos de su hijo y sus afectos. Asimismo, no solía salir debido a que tenía que estudiar o descansar, y su rutina se complementaba con caminatas por el barrio o momentos de nado, con la particularidad de que todas las actividades las hacía sola. “Supongo que tanta introspección me permitió acumular la energía avasallante que tiene Martina al comunicarse con los otros, pero fue muy duro”.

En el film, a su personaje la acompañan un grupo de personas que se cruzan en su vida y le brindan felicidad o mayores problemas. El reparto está conformado por Patricio Contreras, Pedro Campos y Geraldine Neary, entre otros. Con cada uno de los actores y las actrices, Antonella se lleva un gran recuerdo del trabajo realizado.

Toda aventura tiene sus anécdotas y en el film, una de ellas, fue la escena de sexo entre los personajes de César y Martina en Chile, para la cual el actor y la actriz se encontraban muy nerviosos. “Era una jornada difícil, la habitación era minúscula, el equipo apenas cabía medio tirado sobre la cama con nosotros, y teníamos que filmar toda la secuencia, con mi monólogo y la escena posterior, desnudos, era muy difícil, muy expuesto y técnicamente complejo. Nos sudaban las manos y nos reíamos de cualquier cosa, parecíamos dos chicos”, recordó Costa.

Pero la divertida situación no terminó allí… “En un momento él me dice 'tengo que confesarte algo, nunca filmé una escena de sexo', ¡un virgen!, qué desastre. Para mí ya no es tan fácil como antes filmar esas escenas, me da mucho pudor, me siento más insegura con mi cuerpo, me cuesta. La escena es un plano secuencia eterno de cabalgata frenética, bastante jugada. En la primera toma decidimos darlo todo y que pasara lo más rápido posible. Y cuando dieron el corte, escuchamos que desde el monitor, en la pieza de al lado, todo el equipo aplaudía y aullaba. Que te aplaudan un polvo es una sensación muy bonita”.

EL PRESENTE

Si bien, en la actualidad, Antonella no está desarrollando otros proyectos como actriz, ya que se encuentra en la dulce espera, lleva adelante dos talleres de actuación frente a cámara: uno, privado, que brinda desde hace seis años y, otro, gratuito en la Casa de la Cultura de la Villa 21, que ofrece desde hace un lustro.

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