Matías E. González
24/06/2018 13:03

EscribiendoCine dialogó con Che Sandoval, director y guionista de Dry Martina (2018), película que pone el foco en Martina, una cantante argentina que fue famosa en los años 90 pero, en la actualidad, nadie la recuerda. La llegada de una joven pareja de chilenos al país, cambiará todo en su vida: Francisca está convencida de que son hermanas y César le devuelve el deseo sexual. Martina viaja al país vecino con la idea de que el hombre le brindará satisfacción, sin embargo, terminará encontrando el afecto de una posible familia. “Soy una persona súper activa e intensa para trabajar”, sostuvo el cineasta.

Dry Martina

(2018)

Dry Martina (2018) reflexiona sobre la falta de afecto y el sexo como catalizador de traumas ¿Cómo apareció la historia del film?
La idea nació hace muchos años, a partir de una escena. Desde ahí, paré para pensar la idea principal de lo que le pasaba a la protagonista, que tenía que ver con lo genital. Pensé en una mujer que no disfrutaba su sexualidad porque estaba “seca” y que, en el pasado, fue como una ninfómana. Esos conceptos bastante moralistas fueron los que iniciaron el proceso, y luego, con mucho trabajo de escritura, la película fue lanzando su temática real y estos conceptos iniciales fueron quedando detrás o hundiéndose muy subterráneamente en la trama.

Primero, tenía el triangulo amoroso y la comedia romántica de enredos, y más tarde, apareció todo el tema de la familia disfuncional. Otra cosa importante para empezar a pensar este proyecto fue que quería hacer una coproducción entre Chile y Argentina.

¿Cuáles fueron los retos que debiste afrontar para llevar a cabo el proyecto audiovisual?
Fueron varios retos, muchos a partir de producción. Los productores tienen incidencia desde lo artístico, entonces, cuando empecé esta etapa, la productora Forastero me planteó hacer mi película con el mismo humor que tenían mis films anteriores pero, ahora, con actores profesionales y dando un plus en lo estético, teniendo un cuidado mucho más grande desde lo formal. Eso era todo un reto porque yo pensaba que, quizás, lo esencial en mi cine estaba en lo desprolijo, en lo visceral y en mi trabajo con actores no profesionales

Después, en el método de trabajo fue similar, hubo mucho ensayo y lectura de guión. Finalmente, fue súper rico el proceso. Ahí me di cuenta que la esencia de mi cine no estaba en las cosas que yo pensaba antes, sino que está en los personajes, en el ritmo de los diálogos y en la profundidad de las temáticas. Por otro lado, hubo escenas más complejas de realizarse respecto de otras, pero esas son cosas más anecdotarias que dificultades a las que haya temido.

La película fue rodada tanto en Chile como en Argentina, ¿cómo viviste la experiencia?
El rodaje consistió en cuatro semanas en Chile y dos días en Buenos Aires, Argentina. Entonces, no me di cuenta tanto de la diferencia. Tuve productores argentinos, la protagonista argentina y la post producción de color y sonido argentina. Me encantó. Porque yo soy una persona súper activa e intensa para trabajar, me gusta opinar y los argentinos tienen también esa fuerza, ponen todo de sí para las películas. Todas las personas con las que trabajé aportaron sus posiciones, de forma muy clara, así que todo fue bien debatido.

Antonella Costa personifica a Martina, la protagonista de la historia ¿cómo llegó la actriz al proyecto?
Antonella fue la protagonista desde que se empezó a escribir la película, no hubo casting. Yo ya lo conocía cuando se gestó el proyecto porque éramos pareja, así que de ahí nació la elección. Fue un trabajo bien intenso y extendido en el tiempo pero muy parecido al que tuve con los protagonistas de mis películas anteriores. Siempre ha sido de igual a igual, con participación desde el guion, con mucha opinión. Trato que los protagonistas se logren sentir muy dueños de las pelis porque también se exponen mucho, por eso doy mucha libertad en ese sentido.

El film ya arrancó su recorrido festivalero en BAFICI y Tribeca ¿qué balance haces de la participación en cada uno de los certámenes?
En ambos festivales sentí una recepción muy buena, tanto de la crítica como de la gente. Me pareció que había mucha risa en la sala y, a su vez, muchas conversaciones al terminar la proyección. Eso es muy importante, porque con nuestro arte tenemos que generar reflexiones en los espectadores, y sentí que eso sucedió.

No ganamos premios pero, a la vez, siento que la comedia no es un género muy premiado, entonces, el hecho de participar en competencias oficiales de estos festivales tan importantes, ya es un logro, porque no son muchas las comedias que llegan hasta ahí. Pronto vamos a estar en el Festival de Cinema Latino-Americano de São Paulo.

Mis expectativas son que la película se venda mucho, que esté en varias salas de cada país, y que aparezca en las nuevas plataformas, para que, de algún modo, sea vista por mucha gente.

Respecto a tu futuro en la industria cinematográfica ¿estás trabajando en algún otro proyecto actualmente o tenes alguna idea desarrollada en mente?
Ahora tengo dos guiones, que surgieron a partir de ideas de colegas. Uno se llama Gente Mala, que está inspirado en un libro de un periodista muy famoso en Chile y será un film de humor negro, a pesar de que habla de un caso delicado y se mete con la esfera del poder de los militares. El otro se llama Chuquicamata 90, que sucede en los años 90, en un pueblo donde está la mina de cobre de la que vive Chile; esa ciudad ahora está cerrada, pero en la década de los noventa funcionó con costumbres muy yankees. Esta última película estará protagonizada por cuatro personajes adolescentes que se entrecruzarán en una noche de fiesta.

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