Rolando Gallego
11/06/2018 11:53

Tras unos años de ausencia, el realizador Vincenzo Marra regresa al país para presentar su última película L'equilibrio (2017) en la 5 Semana de Cine Italiano. El film pudo verse también en el (20) BAFICI, un festival que lo tiene como asiduo participante, ya que en 2002 con Tornando a Casa (2001) ganó la competencia internacional de la muestra, y en 2003 fue jurado de la misma. L'equilibrio, su más reciente obra, cuenta la verdad de un lugar plagado gente que intenta sobrevivir pero el entorno no ayuda, y tiene a un cura como eje de la narración. “Haciendo este tipo de películas perdés, porque el público no acompaña”, dice en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

L'equilibrio

(2017)

Mantener el equilibrio es el precepto que Don Giuseppe, sacerdote campano con un pasado de misionario en África, no deja de oír cuando vuelve a trabajar en una diócesis en su región, en un pueblo de la azotadísima Terra dei fuochi, en Nápoles. Se lo dice el obispo que le ha concedido el traslado (pedido por el propio Don Giuseppe como remedio a una crisis de fe) y se lo dice, sobre todo, el cura que lo sustituirá, Don Antonio, que pelea contra la plaga de desechos tóxicos y por eso es querido y respetado por todos. Pero al caminar día tras día por el territorio, Don Giuseppe se da cuenta rápidamente que, por muy importante y legítima que sea, la lucha de Don Antonio tiene como contrapartida una serie de cuestiones sin resolver; por ejemplo, los abusos de una niña, sobre los cuales el sacerdote ha decidido mirar para otro lado por el bien de la comunidad.

¿Cómo es volver al país?
Yo viví en 1997 aquí, después me fui y volví una vez por año, de 2013 ahora no había vuelto, yo tuve un gran romance con esta ciudad, un cariño extremo que nace de mi historia personal, de mi familia que hacía solidaridad con gente que escapaba de la dictadura, pasé del amor, de ese período, y no sólo de él, a un momento en el que, como todos los sentimientos de amor se transformó en bronca. Bronca, al igual que en Italia, de ver cómo un pequeño grupo de personas pone el pie a la mayoría a la gente, una desigualdad total, a nivel política y social, mucha energía e inteligencia transformándose en soberbia que me cansaba. Pasé del amor a la bronca, y hoy cuando aterrizaba el avión, y veía las luces me acordé de muchas cosas, del primer avión, de mi llegada y pensé ojalá que me vuelva el amor. Hoy caminé todo el día por la ciudad y me volvió la idea de un lugar cariñoso para mí, del verdadero sentimiento que tenía.

¿Pensaste rodar aquí alguna vez?
Sí, soñé una película, la imaginé, la escribí, pero nunca se hizo, ahora con 46 años sería más lindo que me llamen para hacer algo, lo veo difícil.

¿De dónde surgió la idea de L'equilibrio?
Nace de una idea precisa de juntar ideas de mi vida, quería hacer una película sobre religión, específica, cristológica, el camino de Cristo contándolo en una historia metropolitana a través de la metáfora y la alegoría, con recursos bíblicos, la tenía clavada en el cerebro. Surgió de casualidad la película, porque quería en principio hacer un documental. Estuve en un villa, infernal, un barrio plagado de drogas, con gente sin trabajo, desesperación máxima, grito de dolor a nivel simbólico, y allí hay un cura, muy conocido, como un gran hombre de sentimientos importantes, lo seguí y me di cuenta que tan santo no era, y cuando él se dio cuenta de esto, me echó del barrio.

¿Y cómo continuaste?
Le dije a mi productor que había dos posibilidades, hacer una conferencia de prensa para denunciarlo o hacer una ficción, y me dijo que haga lo segundo, y allí mezclé mi idea del camino cristológico, con un año de investigación en este barrio y en 12 días escribí el guión, y todo caminó rápido. Evidentemente tenía su propia fuerza vital.

Hablás del barrio y un líder, esto es universal…
Sí, es una sensación que tengo al igual que la bronca que me daba Buenos Aires, como Nápoles, mi ciudad, lugares en los que te sentís abandonado. Yo he viajado a lugares en los que te sentís protegido, no que no tenés opciones, o estás atrapado.

¿El cine es una posibilidad para vos de mostrar esta desigualdad?
Yo voy a seguir adelante porque es mi naturaleza, mi padre decía quien nace redondo no va a morir cuadrado, creo todavía que uno puede apostar por uno, y si alguien ve la película e imagina que no hay sólo verdad en que uno más uno es un resultado preciso, que puede haber otra mirada y camino, me siento que gané, pero quizás a nivel profundo el partido está perdido.

¿Sentís que es así?
Si, si querés que vayan muchos espectadores a verla, yo apuesto a un camino distinto y la gente lo está rechazando, la gente que va al cine no quiere pensar, es un público burgués que te hace perder el partido, igual mientras pueda voy a seguir con mi camino.

¿Te es difícil luchar con esto?
Muy difícil, pero tengo que aclarar que me siento un privilegiado de poder hacerlo. Igual sentís que es nadar contra la corriente. Estás solo, sin apoyo, no sos un X-Men por tu carácter, caes mal y encima querés plata para hacer películas que no quieren entretener sino dejar algo. Es una apuesta absurda. Cuando lo lográs, es una satisfacción, pero en el fondo quisieras no estar sólo nadando, y te cansas. A nivel humano. Pero yo desde pequeño que sé que quiero tratar de dejar algo. Porque sabes desde que nacés que te vas a morir, mientras la sociedad te dice que te olvides de eso, las sociedades se mueven por la remoción de la muerte, y es complicado sobrevivir con esa idea. Es una manera de estar en el mundo, pisarlo, no tengo miedo de decir que es una manera política de estar en el mundo, no hablo de votar al pelotudo, sino de estar en el mundo con empatía con el otro, mirarlo, dejando de lado el “yo yo yo”, eso me da lástima y no comparto.

Y en esta industria eso es común…
Claro, es común. Hoy me acordé de algo que hago cuando doy clases a actores, les muestro un video de Diego Maradona, pero no los goles, sino todas las patadas o golpes que recibía jugando. Todos dicen que él veía que se le venía el golpe, pero no se escapaba de esa patada, porque la patada era su vida, su trabajo, su carrera, su talento. Sufrir, disfrutando, y un actor reconocido hoy te dice que él no va a sufrir, y ese es el error, querés jugar al futbol pero no querés que te den una patada. No es así.

¿Hay que luchar mucho en tu país para que además de rodarla llegue a las salas?
Sí, pero yo en la etapa de la distribución me desentiendo, es algo que no logro manejar, porque hay un subtexto que dice “agradecé a Dios que hiciste la película”. Me he quedado sin fuerza y ganas, intentás hasta el último momento, pero haciendo este tipo de películas perdés, porque el público no acompaña.

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