Matías E. González
07/06/2018 11:31

Invitar a la reflexión es una de las misiones que tiene el séptimo arte. A través de una película, más allá del género en el que se enmarque, el público puede analizar, opinar y sentar una determinada posición respecto a las situaciones que observó en la pantalla grande. Eso es lo que logra el largometraje Joel (2018), dirigido por Carlos Sorín, donde se aborda la cuestión de la adopción en Argentina y se busca que los espectadores sean activos y puedan debatir acerca de aspectos como la convivencia, la igualdad de oportunidades y los valores de nuestra sociedad. EscribiendoCine conversó, mate de por medio, con el protagonista del film Diego Gentile, quien contó su experiencia en la película y los desafíos que debió afrontar, entre otros temas. “Hay algo de la compasión que tiene mi personaje, de entender la situación, de la empatía, que también suele pasarme”, sostuvo el actor.

Joel

(2018)

UNA HISTORIA PARA REFLEXIONAR

El relato comienza cuando Diego (Diego Gentile) y Cecilia (Victoria Almeida), quienes están en pareja desde hace varios años y no pueden concebir hijos, se anotan en la lista de espera para una guardia pre adoptiva, que consiste en recibir un niño por un período de prueba. Si al cumplir esa etapa, la experiencia y la evaluación de las autoridades es positiva, la pareja puede concretar la adopción definitiva. Una mañana, Cecilia recibe un llamado en el que se le notifica que hay un menor para ser cuidado por ella y su marido. La repentina llegada de Joel (Joel Noguera), de nueve años y con una dura historia de vida detrás, revoluciona la rutina de la pareja.

El contacto inicial del proyecto llegó a Diego por medio de un mail de Juan Pablo Buscarini, quien es el productor de Joel y ya había dirigido al actor en el film El Ratón Pérez (2006), donde Gentile personificaba al villano humano. Buscarini le comentó que Carlos Sorín estaba interesado en que integrara su nuevo largometraje, lo cual generó el interés de Diego, que ya había visto buena parte de su filmografía. A su vez, una de las mejores amigas del actor, Lorena Romanin, había sido asistente del cineasta en la obra de teatro Equus, donde tuvo una gran experiencia y se lo transmitió a Gentile, lo que incrementó, aún más, sus expectativas.

“Me mandaron el guion, sin decirme que era el coprotagonista, hasta que vi que el único personaje hombre posible era el padre de la familia. Lo leí, me encantó, me inquietó mucho y me emocionó. Generalmente cuando empezas a leer un libreto decís 'leo un ratito y sigo mañana'. Bueno… ¡este me lo devoré!”, recordó Gentile. “Hay toda una zona de grises, entonces, me pasó que le daba la razón al padre y después a la madre, o a algún otro personaje”, agregó.

Respecto al mensaje que le dejó la historia en su propia vida, Diego consideró que fue la empatía. “Lo que más hay que tratar de alimentar es la empatía, ponerse en el lugar del nene principalmente, ver y escuchar lo que necesita, que es el que tiene menos herramientas para encarar todo. Es un chico que viene sufriendo”, planteó.

APRENDIZAJE CONSTANTE

El rodaje se desarrolló durante cuatro semanas en el pequeño poblado de Tolhuin y una semana en la ciudad de Ushuaia. El frío fue una de las singularidades del lugar, ya que la filmación se llevó a cabo entre agosto y septiembre, es decir, en pleno invierno. La nieva era uno de los recursos destacados de las locaciones, por lo que ciertas jornadas se modificaban en base a si nevaba, o no.

Ante la realización del largometraje en Tolhuin, el pueblo se vio revolucionado durante un mes, por la cantidad de gente de la película que se instaló allí con cámaras y demás equipos, para grabar en espacios tales como la escuela local. La directora de casting, María Laura Berch, ayudó a Carlos en la selección de ciertas personas que tenían que hacer de ellas mismas en el film, sin desentonar con los personajes interpretados por el grupo de actores profesionales. “Es muy difícil que cuando actúas con un no actor, no quedes como actor, tenes que tener una ecualización de la energía. Porque uno tiene que estar a la par de ellos. Acá se logró una compatibilidad entre todos que estuvo buenísima”, destacó Diego.

La mayor parte de las escenas del largometraje, Gentile las compartió con Victoria Almeida, su esposa en la ficción, y Joel Noguera, que interpretó al menor en proceso de adopción. “Fue fácil laburar con Vicky porque es una actriz muy preparada y, si bien, tenemos estilos muy distintos de trabajo, somos complementarios. Ella es más metódica y tenía el guion muy estudiado, en cambio, yo lo leí una sola vez cuando me lo mandaron y después me fui a filmar, entonces ella me cargaba”, relató sonriente. Mientras que Joel no contaba con una metodología ya que era nuevo en el ámbito. “Agarraba las cosas con un nivel de rapidez increíble. En la primera toma capaz le decían que tenía que mirar cuando la cámara llegaba, y él no preguntaba nada, sino que, a la segunda toma lo hacía perfecto, ya entendía cuando el aparato estaba acercándose con un grado de intuición fantástico y eso no te lo enseñan”.

Respecto a su trabajo con el director, Diego vivió una experiencia extraordinaria en su camino artístico. “En la escena de la primera cena familiar, Carlos nos dio muchas hojas que eran irreproducibles, pero para mí fue una estrategia para que no supiéramos qué hacer, él nos decía que no nos preocupáramos. Había algo mágico en la vorágine de lo que estaba pasando, porque Joel estaba ahí, siendo, y Vicky y yo estábamos totalmente desarmados frente a cómo hay que encarar una escena. Sucedió algo que a mí nunca me había pasado y consistía en actuar sin tener el control. Sentíamos que no estábamos pisando sobre algo firme y estuvo buenísimo, fue una enseñanza que me hizo acordar que todo el tiempo uno está aprendiendo”.

SER O NO SER… PADRE

En la ficción, el actor personifica a un hombre de alrededor de cuarenta años, que lleva su mismo nombre, y se dedica a la ingeniería forestal en el pueblo de Tolhuin. Acerca de la construcción de personajes, Gentile confesó que, en lo personal y como punto en común de los diferentes proyectos de los que forma parte, no cree mucho en la planificación metódica de las interpretaciones, sino que opta por captar sus diversas energías.

“No tiendo a armar mucho porque después el director piensa otra cosa, y tenes que hacer un doble trabajo: desarmar lo que vos armaste y, al mismo tiempo, tratar de confeccionar rápido lo que el otro te propone. No te digo que voy virgen, pero sí muy flexible, como una esponja. Me construyo con los actores que tengo enfrente, con el director, con el cámara, con el vestuario, con todo eso”, enumeró.

En cuanto a las diferencias con su personificación, Diego las halló en el oficio que desempeña cada uno y en la disimilitud de hábitat, ya que el ingeniero forestal vive en un pueblo de Tierra del Fuego y el actor en Palermo, Capital Federal. “Vivir en el sur es hermoso pero soy una persona muy de ciudad, yo descanso en medio de la vorágine”. Las semejanzas, las encontró en lo práctico. “Hay algo de la compasión que tiene mi personaje, de entender la situación, de la empatía, que también suele pasarme. No me cuesta entender al otro, por más que no coincida. En general, a la gente le cuesta ponerse en los zapatos del otro para saber qué le pasa”, expresó.

Todo nuevo proyecto tiene sus retos, y en el caso de Joel, en el aspecto técnico, Gentile debió superar la adaptación a un lugar lejos de su casa, sin ver a su gente, sin sus comodidades y con muy bajas temperaturas, mientras que, en el aspecto actoral, una dificultad fue no juzgar las decisiones de las personas de la historia. “Tuve que librarme de todos mis pensamientos y ver por qué carril iba mi personaje porque sino se me abría la caja de Pandora en el bocho y quedaba totalmente boyando”, contó entre risas.

La adopción es la temática disparadora del largometraje, el cual muestra los desafíos que deben sortear Diego y Cecilia ante la llegada a sus vidas de un niño de nueve años, que ya tiene sus decisiones, sus creencias, sus abandonos y los diferentes conflictos en su entorno. “Uno cree que ese nene va a correr enseguida gritándote 'papá, mamá', y no, porque no te conoce y ya lo abandonaron. Lo que le debe pasar a una criatura frente a la posibilidad de encontrar una nueva familia, debe implicar un nivel de dificultad durísimo y, a la vez, también está presente esa cosa de resiliencia que tienen los nenes, ese poder resurgir todo el tiempo de una forma mejor”, reveló.

Si bien Diego no es padre y aún no tiene el deseo concreto de emprender la búsqueda de un hijo, tiene conocidos a los que les ha costado mucho el tema de la paternidad, ya sea porque decidieron adoptar y quedaron en lista de espera, con muchas vueltas para lograrlo por el negocio que, en ciertos casos, hay detrás o, porque han adoptado y luego se arrepintieron, ya que lo hacían por una cuestión de egoísmo o de un mandato de ser padres y no por la felicidad de los chicos. “A veces los deseos de uno están llenos de voces del afuera, aparece mucho el 'tengo que', antes que el 'quiero o deseo que'. Uno es muy cruel con uno mismo también, el nivel de exigencia propia es muy grande”, meditó.

EL PEQUEÑO PONI

Cada sábado, a las 22.30, Diego Gentile se sube al escenario junto a la actriz Melina Petriella para llevar a cabo la obra de teatro El pequeño poni, de Paco Bezerra y con dirección de Nelson Valente, en el teatro El Extranjero, cuya sede se encuentra en Valentín Gómez 3.378, Capital Federal. La puesta escénica tiene como eje el acoso escolar, una dolorosa realidad en la que viven atrapados cada vez más niños y niñas de todo el mundo, haciendo un retrato de la ceguera, la ineptitud y los prejuicios sociales de los adultos. “Es muy familiar de esta película la obra. Está basada en el caso real de un matrimonio, cuyo hijo de nueve años decide ir al colegio con una mochila del pequeño poni y le hacen bullying”.

“Siempre estuve del lado del bullineado y, en general, a la gente que conozco le pasó. A mí no me importaba explicarle al pelotudo que me gastaba, yo tenía mi grupo de teatro y ahí éramos todos unos genios, mi energía estaba direccionada hacia ese lado. Tuve la suerte de saber desde muy chico qué quería hacer, entonces había algo ahí que me refugiaba mucho, me hacía fuerte, pero había momentos en que la pasaba mal también”, admitió. “No soy amigo de los que fueron cancheros, me parecen unos pelotudos y generalmente son la gente que evoluciona de una manera que no me interesa”, añadió.

LO QUE SE VIENE

La aparición del actor en la pantalla grande continúa, este año, a través del film próximo a estrenarse Unidad XV (2017), dirigido por Martín Desalvo y protagonizado por Rafael Spregelburd, Carlos Belloso, Lautaro Delgado Tymruk y Mora Recalde. Allí, Gentile personifica a Guillermo Patricio Kelly, un hombre que -luego de la revolución de 1955- fue detenido y acusado de haber participado en los incendios de templos, de asociación ilícita, hurto calificado, homicidio y otros delitos.

Por otra parte, Diego se encuentra en medio del rodaje de la comedia ácida y emotiva, Los elegidos, a cargo de Daniel Gimelberg y con las actuaciones de Rafael Spregelburd, Marina Bellati, Valeria Lois, Soledad Silveyra, Florencia Peña y Agustín Radagast. La historia se centra en una pareja gay que quiere adoptar un hijo pero encuentra diferentes obstáculos en el camino.

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