Rolando Gallego
22/05/2018 15:16

¡Yallah! ¡Yallah!, (2017) película dirigida por Cristian Pirovano y Fernando Romanazzo, profundiza en el conflicto palestino israelí a partir de reflejar la vida cotidiana de regufiados palestinos que a través del fútbol buscan su libertad física y espiritual. Los realizadores se introducen en la cotidianeidad de un grupo de personas, jugadores, amateurs y profesionales, profesionales, técnicos, hinchas, que más allá de la pasión intentan mantenerse al margen de la zona de riesgo que habitan. "Veía siempre tan lejanas las historias que ésta me pareció muy cercana por el fútbol", afirma Fernando Romanazzo en diálogo con EscribiendoCine.

¡Yallah! ¡Yallah!

(2017)
6.0

¿Cómo surgió la idea de hacer la película con el fútbol como eje central?
Cristian Pirovano, el codirector, es fotoperiodista y estaba en la zona árabe cubriendo el declive de la primavera árabe y me llamó de un campo de refugiados para contarme una anécdota, conoció un palestino refugiado que vivió en Venezuela, medio de sorpresa, porque estaba con la cámara colgando cual turista, y se intimidó por unos chicos, y esta persona lo llevó a tomar un café. Hablaron de fútbol y le dio una nota para Alejandro Sabella con un listado de jugadores, técnico pero también dirigencial, con supuestamente la fórmula para salir campeones en el mundial. Veía siempre tan lejanas las historias que ésta me pareció muy cercana por el fútbol y ahí le pedí que buscara historias, que filmara y así empezó todo.

¿Tuvieron que recaudar fondos más allá de la financiación?
Sí, el crowfunding nos sirvió para que Cristian viaje a hacer la preproducción, y un par de meses después volvimos. Recaudamos más de afuera que de Argentina, los que donaron en realidad fue por pedido. Allá consiguió como coproductor a la televisión palestina, que se comprometieron a darnos gente y equipo. Eso nos abrió todo, porque sólo llevaríamos al DF. Días antes de viajar solicité si estaban aún las condiciones, no me respondían y después nos confirmaron que de tener todo pasamos a no tener nada. Sólo un set de luces de cámara de televisión, simil vela, sin equipos, y de las seis personas que nos iban a dar sólo tres. Hubo que salir a alquilar equipos para llevar.

¿Cuándo llegaron cómo superaron esas faltas?
Llegamos en una final del Real Madrid y Barcelona, que allá se vive como la final del mundo, era ideal para hacer imágenes, pero de los tres que teníamos a disposición de producción ninguno hablaba inglés, sólo uno y era tartamudo, después nos entendimos, pero fue complicado el arranque. Más adelante nos enteramos que esa dificultad que tenía era por un golpe que recibió de chico. El técnico que nos enviaron de sonido en realidad era técnico de satélite. Nos arreglamos por nuestra cuenta. Y la Federación de Fútbol de Palestina terminó siendo nuestro coproductor, nos dio una gran mano con infraestructura.

¿Cómo se pensó la estructura de la película en el lugar sin perder de eje las temáticas política y deportiva?
El punto de partida era el fanático que habló con Cristian, empezamos con él y al tercer día nos dijo que no quería filmar más, nos enteramos luego que su hijo estaba por salir de la cárcel y quería evitar complicarlo. No pudimos hacer nada. Por suerte dormimos gracias a los coproductores en un predio de concentración futbolística, estábamos inmersos en un mundo de fútbol y desde la realidad misma entendimos que estaba ahí la película. Identificamos personajes, fue uno o dos meses antes de empezar el mundial y una de las protagonistas tenía que enviar un informe a la FIFA sobre actos que afectaban la predisposición de los jugadores para practicar. Esto se lo tenía que enviar a otra persona, y esa fue también protagonistas. Así comenzó todo, sumamos al hincha, casi de casualidad, porque había una cancha en este predio, desde donde escuchamos mucho ruido y era la final de ascenso. Era obvio que tenía que estar.

¿Se abrieron rápidamente los protagonistas?
Fue un tema de tiempo, con algunos estuvimos más, fue difícil con los jugadores profesionales, que tienen un cassette, pero los amateurs sí, fue más fácil. La película tenía como hilo argumental el informe que tenía que entregar la mujer. Filmamos un momento que charlaba con otra persona, pero sin entender de qué hablaban, y finalmente no sirvió nada porque nunca habían hablado de ese informe particular que tenían que entregar a la FIFA. El primer plot se cayó y armamos todo siguiendo a los personajes.

¿Cuántas veces se dijeron "yallah yallah" ustedes?
Todo el tiempo, pero sabemos que a comparación de que lo que les pasa a ellos es nada. Con el editor Alejandro Rath estuvimos mucho tiempo jugando con el material, como jugar con los playmobils. Me siento muy feliz rodando pero en la edición también.

¿En la edición apareció aún más la fuerza política de lo que querían transmitir?
Sí, pero lo bueno es que con Cristian teníamos clara la estrategia y qué queríamos contar, desde algo tan simple y difícil a la vez, como ir a ver un partido de fútbol. Entendiendo con empatía lo ilógico de una ocupación, azarosamente. El muro, por ejemplo, no tiene criterio, da vueltas, hace bucles, es una táctica para desorientar, eso mismo, si bien no se puede explicar, está dentro de la vida de los personajes, el que se da cuenta viendo la película de eso es buenísimo, sino servirá como disparador.

Una reciente producción documental habla de este conflicto desde el deporte ¿por qué creés que es así?
Desde el deporte o cualquier disciplina artística, porque el deporte es arte desde sus bases, ves a los chicos jugar y los ves desarrollarse y crecer emocionalmente.

La pelea allá es más difícil además…
Claro, pero básicamente apuntamos a mostrar desde algo tan sencillo o pasional como el fútbol todas las cosas que suceden. El deporte se puede utilizar para bien o mal. Para negocio se utiliza muy bien. Pero si por ejemplo estás las 24 horas viviendo en tensión tenés 40 minutos con el futbol para poder evadirte o ser feliz.

¿Lo más complicado de rodar?
Estando ahí no sos ajeno a la situación que se vive, cuando viene el ejército, sentís que sos uno más y ellos tienen o no la decisión que vivas, lo sentís, está continuamente, pero sentí mucho terror por la seguridad de los compañeros que llevamos, como la del DF Martín Turnes o David Zellocchi que hacía sonido.

¿Por qué vos te sentías más involucrado que otros en la lucha?
Cualquier causa a favor de la paz o la vida me choca muchísimo, y de última si yo voy a una manifestación y reprimen siento que yo me arriesgo, pero si contratás a alguien y está en riesgo, te zumban las balas, lo pensás. Martín en un momento se compenetraba mucho, por ejemplo hacía foco en un descontrol y nos pasaban las balas y era complicado. Ahí sentís la responsabilidad de la vida de otro, es muy tremendo, por eso decidimos ponernos al frente con Cristian y al equipo más lejos. Allí ves mucha injusticia. A esto hay que sumar la seguridad del palestino que filmás, vos filmás y te vas, pero ellos se quedan. Igual ellos nos pedían que los filmáramos y los acompañáramos con la cámara porque querían que se sepa. Lo más complicado lo vivimos con los colonos, que están ahí ocupando, nos escupían, nos gritaban, pero lo dejamos pasar.

¿Cómo sigue el recorrido de la película?
Tenemos expectativas muy grandes. Estuvimos en festivales, en España, en Ecuador, vamos al 2 SEFF, en BAFICI fue increíble la devolución de la gente, porque el tema del fútbol la acercó a un público que ni sabía de qué iba y se acercaba a la problemática, replanteándose cosas e ideas preconcebidas. Si bien el festival es muy cinéfilo, esperamos que eso se replique. Los militantes por la causa palestina se sumarán.

¿El personaje que disparó la película la vio?
No, porque si bien pudimos mostrarla allá, no hay infraestructura, la pasamos en dos cines y luego con un proyector y parlantitos, pero se demoraban en ayudarnos y la gente se empezaba a ir. Los que la vieron nos dijeron que logramos transmitir la idiosincrasia palestina desde lo humano, sin propaganda, mostrando su vida, ellos son muy humanos y agradecieron ese nivel que trabaja el film.

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