Matías E. González
14/05/2018 10:54

EscribiendoCine dialogó con Juan Villegas, director y guionista de Las Vegas (2018), película que cuenta las vacaciones de Martin y Laura, quienes fueron pareja pero ahora están separados, y su hijo Pablo. Los tres coinciden en el mismo edificio de Villa Gesell, donde pasan unos días de vacaciones junto al mar en el comienzo del verano. El viaje será una oportunidad para que Martín y Laura se reencuentren en el amor pero también para reconocerse como padres de Pablo “Haber filmado documentales me sirvió para tener el entrenamiento y estar preparado para afrontar los imprevistos de la realidad”, sostuvo el cineasta.

Las Vegas

(2018)
8.0

Las Vegas (2018) es una comedia que hace una reflexión sobre lo que implica ser padres y de lo que es ser hijo ¿Cómo surgió la idea inicial?
Había como un disparador muy viejo. Yo pasé muchos veranos en Gesell, desde chiquito hasta mi adolescencia, y continúo yendo ahora. Siempre tuve las ganas de hacer una película que transcurra, en el verano, allá. En ese momento, no se me ocurría contar lo que le pasaba a gente de treinta y pico de años.

Cuando más ganas tenés de hacer algo, más lo postergás porque sentís una responsabilidad mayor. Más cerca en el tiempo consideré que era el momento. Hacía tiempo que no hacia películas de ficción, entonces, volví a querer hacerlo. Desde ahí, se fue armando la idea. Cuando imaginé ese matrimonio separado, con un hijo adolescente, y desde la particularidad del vínculo entre ellos tres, se fue dando todo. A partir de esa premisa narrativa, salió rápido la primera versión del guión.

El largometraje también tiene elementos del documental ¿Cómo fue la fusión entre dicho género y la comedia?
Haber filmado documentales me sirvió para tener el entrenamiento y estar preparado para afrontar los imprevistos de la realidad. En el documental, uno planifica, prevé algo, pero esta más pendiente de lo que la realidad le ofrece. Acá, a pesar de que había una narración muy precisa, con un guión muy concreto, estaba muy atento a poder incorporar los elementos de la propia realidad del paisaje, del clima.

Los acontecimientos se enmarcan en Villa Gesell ¿a qué se debió la elección de esa ciudad de la costa atlántica?
Yo quería que no fuera un lugar abstracto de veraneo, sino que concretamente se reconociera que se trata de Villa Gesell. Obviamente es una mirada particular y personal. Desde el principio se narra la rotonda, la llegada, el viaje, hasta un edificio. Se lleva al espectador para que entre a la ciudad. Pienso en el que no la conoce, al ver la película puede imaginarse de qué tipo de ciudad se trata.

Sábado (2002) y Los Suicidas (2006) fueron films de ficción que dirigiste ¿Qué herramientas sentís que te brindaron y pudiste aplicar en la realización de Las Vegas?
Esas películas me han servido para afrontar el rodaje con más templanza, y disfrutarlo más, no estar sufriendo tanto. Me ayudaron a pensar cómo armar los equipos de gente, conectar en distintas áreas para que todo sea más fluido y disfrutable. Por otro lado, cada película me pone en una situación que tengo que aprender todo de nuevo. Aunque es mentira, porque supuestamente uno ya sabe cosas. Haber filmado más películas, puede generar un cierto miedo a equivocarse.

Lo que me propuse fue no tenerle miedo a la incertidumbre, para ir descubriendo en el camino y también liberarme más de todos los prejuicios y pudores posibles, sobretodo asumiendo que es una comedia.

Respecto a los aprendizajes ¿qué experimentaste, a nivel personal, en este film?
Está bueno no ser tan programático y no reprimirse por miedo a ver qué puede decir alguien si pongo determinada cosa, me dejé llevar más. Siempre hay un trabajo de reflexión, pero que no esté al principio. Antes le daba demasiado lugar a lo racional y al control, y dejaba de lado lo irracional y lo intuitivo. Acá me anime un poco más a esto último.

Ya mostré la película y, ahí, es donde empiezo a entender qué película hice. En las proyecciones del (20) BAFICI tuvo una repercusión buenísima. Además de director de cine, fui crítico, por eso me interesa la mirada de los colegas, no solo a favor sino también en contra. Para un director es importante tener la mirada de otros, sea de los espectadores, de conocidos o de los críticos.

En cuanto a los protagonistas de la película ¿Cómo fue la convocatoria?
A Pilar Gamboa la conocía, no éramos amigos pero teníamos gente en común y la conocía un poco. Empecé a pensar a quién convocar para su personaje y recordé que Pilar había hecho comedia, y tenía un gran talento, que podía aprovechar su cosa más histriónica y, a la vez, podía ofrecer ese lado más sensible.

Con Santiago Gobernori nos habíamos cruzado y, además, había visto algunas películas en la que hacía personajes secundarios. Fue Mariano Llinás quien me lo recomendó.

Cuando estaba buscando una opción para el hijo, la actriz Paula Grinszpan, que había sido maestra de Valentín Oliva (Wos) cuando era chico, me lo recomendó. Él aparte de ser actor, hace Freestyle, pero viene estudiando actuación desde hace años. Lo llamé y lo terminamos eligiendo.

Estoy atento a escuchar recomendaciones, no me gusta tanto el casting de convocar y ver 50 personas, siento que hay algo del manoseo de la gente, de hacerla perder tiempo.

Sobre tu futuro en la industria cinematográfica ¿estás desarrollando algún otro proyecto o tenes alguna idea audiovisual desarrollada en mente?
Filmé la primera parte, y ahora voy a seguir, un documental sobre el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), pero no es sobre eso. A mí en los documentales me interesa la idea que parece que son sobre algo, pero en realidad son sobre otra cosa. Calculo que lo estaré terminando este año, o principios del que viene. Además, voy a estar filmando una serie web.

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