Juan Pablo Russo
29/04/2018 18:30

Después del drama LGBTI Feriado (2014), el ecuatoriano Diego Araujo regresa al cine con una comedia mumblecore en la que indaga la crisis existencial de un escritor, a punto de ser padre, que vive en un barrio cerrado de Quito. Protagonizada por Victor Arauz, Cristina Morrison, Alejandro Fajardo, Daniela Roepke y Marla Garzón, la película tuvo su premier mundial en el (20) BAFICI.

Agujero negro

(2018)

Agujero negro narra la historia de Víctor (Victor Arauz) un escritor treintañero que ha centrado sus expectativas –y sus miedos– en la creación de su ‘gran novela’, en la que ha estado trabajando en los últimos cinco años, después de haber sido seleccionado entre los 25 mejores secretos guardados de la Nueva Literatura Latinoamericana, en la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara. Pero el escritor deberá enfrentarse a uno de los mayores desafíos de su vida al saber que su novia Marcela (Daniela Roepke) está embarazada. Presionado por la situación, Víctor se muda a la casa de su novia en un barrio cerrado de la ciudad, donde su suegra Tikki (Cristina Morrison) les prestó una casa. Desubicado en un mundo de aparentes comodidades, el escritor lucha consigo mismo frente al que considera un deseo prohibido hacia Valentina (Marla Garzón), una joven que apenas empieza a salir de la adolescencia.

Veo a Feriado y a Agujero negro como dos películas muy diferentes.
Son muy distintas. Un poco lo que pasó es que Feriado nos tomó muchísimo tiempo así que mientras desarrollábamos y buscábamos financiación escribimos un segundo guion con un tono más de comedia que se llamaba Ocupación habitual. Cuando terminamos con Feriado empezamos a desarrollarla pero era una película mucho más grande con una actriz mexicana para protagonizarla. A principios de 2016 salen los subsidios al cine en Ecuador y para nosotros era imposible poder responder a una coproducción. Entonces nos preguntamos qué hacer. Si esperar a ver si conseguíamos los fondos o seguir haciendo cine. Para mí es súper importante hacer cine porque ese es mi oficio. Agujero negro sale también de la urgencia de querer hacer una película.

¿Y la idea matríz como aparece?
Teníamos la idea guardadita en un cajón. Nosotros vivimos, con mi pareja, en Nueva York durante mucho tiempo y cuando llegamos a Quito, después de haber vivido afuera, nos encontramos con la paranoia de la seguridad. Así que nos fuimos seis meses a vivir en un barrio cerrado y un poco la idea surgió ahí. Era una idea que la teníamos guardada pero decidimos sacarla porque en ese entonces era una película que pensábamos hacerla en una sola locación y tenía poquitos personajes.

¿Era una película mucho más realizable?
Totalmente. Escribo el guion en tres meses. En un principio escribo un tratamiento de 20 páginas y lo planteamos como un experimento. La película la escribí para Victor Arauz, el protagonista, para Alejandro Fajardo, que es el vecino, y para Cristina Morrison. Escribo para estos tres personajes. Escribí mi versión de ellos. Les mandé mi tratamiento y les dije que no sabía si eso sería una película, que tal vez era un experimento que se iba a filmar en doce días y nos íbamos a divertir. Surgió así sin demasiadas ambiciones. Tal vez íbamos a tener una película o no. No lo sabía.

Leí que los diálogos surgen de improvizaciones
Empezamos a trabajar con los actores con improvisaciones en base al tratamiento. Veímos películas de mumblecore, de la nueva ola francesa, que tomamos como influencia. El guion es algo súper colaborativo. Básicamente teníamos ensayos que para mí es la construcción de una escena y grabábamos largas improvisaciones de 45 o 60 minutos y de ahí íbamos estructurando. Aparecían diálogos, momentos, todo en base al tratamiento donde ya existía una historia. En mayo ya teníamos un guion y ya no era un experimento.

¿Qué te daba el blanco y negro que el color no?
Hay dos cosas para mí siempre. Primero las imágenes que van surgiendo cuando uno escribe que en este caso siempre eran muy saturadas y que tanto yo como el DF las veíamos en blanco y negro. Y además siempre estuvo la idea de contar con menos. Si es una película muy dialogada pero el blanco y negro parte de ahí, un poco de instinto y otro poco de la necesidad de contar las cosas con menos.

¿Y la utilización del formato 4.3?
Para mi tenía que ver con el encerramiento del barrio de Víctor, de pasar de un espacio más bohemio, libre, a este otro cerrado. También es una cuestión que tiene que ver la música, el blanco y negro, el formato, y que le da un aspecto más clásico a la película.

Hablando de la música, hay mucha en la película, ¿qué te daba esta que las imágenes te negaban?
Es extraño. Siempre que escribo elijó una playlist de siete u ocho canciones que escucho reiteradamente, acá escuchaba a Debussy y The Cure. Yo ya sentía que la película iba a ser muy musical. Había algo del ritmo que me decía eso. Y lo que la música hace en este caso es darle una impronta atemporal, nostálgica, más melancólica si se quiere.

¿Cómo está hoy la situación del cine en Ecuador?
Desde que salió la Ley del Cine hace once años que aparecieron cosas interesantes. Hay doce o quince películas ecuatorianas que se estrenan al año, y este incremento en la producción ya habla de que está pasando algo.

¿El público responde al cine propio?
Hasta 2012 el promedio de una película ecuatoriana era de 80.000 espectadores, que para una población de 13 millones es bastante bueno. Pero a partir de que la producción aumentó la torta se dividió, y a esto hay que sumarle otros factores como el precio de la entrada al cine, la piratería, y todo lo demás. Feriado fue la película nacional más vista entre 2014 y 2015 e hicimos un poco menos de 20.000 espectadores que es muy poco. Después vino la película de Sebastián Cordero, Sin muertos no hay carnaval (2016), que es un poco la estrella del cine ecuatoriano, e hizo 40.000 que ahora si uno lo ve en perspectiva es mucho.

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