Felipe Vicente
25/04/2018 11:30

El Festival de Berlín (sección Generation) y el reconocimiento en el Festival Internacional de Mar del Plata son las medallas que se cuelga Soldado (2017), nuevo estreno de Manuel Abramovich, quien se ha preocupado por dilucidar a lo largo de su cine cuál es la identidad de la desdibujada Armada Argentina. Integrante del equipo técnico de la reciente ganadora en el (20) BAFICI, Teatro de guerra (2018), habló con EscribiendoCine sobre las transformaciones que ha sufrido el Ejército Argentino hasta quedar reducido a una mera teatralidad artificiosa.

Soldado

(2017)

En Argentina, Soldado argentino, sólo conocido por Dios (2017), Palabras pendientes (2017) y ahora Soldado (2017), son algunas producciones que van encontrando otro patrón temático relacionado a la condición del hombre, dentro de lo que podemos definir como “cine bélico”. Este se encuentra justo en las antípodas de films sobre estrategia, sangre y patriotismo. Se diferencian de clásicos como, por ejemplo, Iluminados por el fuego(2005). Manuel Abramovich, joven realizador con otra visión de la guerra analiza junto a escribiendocine su película Soldado.

¿Cómo trabajaste con el guion, elenco y montaje para no caer en el lugar común de película “de guerra” y apostar por una narrativa abocada a la condición humana?
Mi punto de partida era mostrar la idea del Ejército Argentino, que en nuestra historia es una de las instituciones mas sangrientas de nuestro país, como una institución que hoy en día está inactiva, en donde la guerra o la muerte son conceptos lejanos, similar a una fantasía o un recuerdo. Para los soldados que se forman hoy en el Ejército, la guerra es casi un concepto de ficción, un relato relacionado a un evento del pasado. Su formación no tiene ningún contacto real con conflictos armados ni con el concepto de la muerte, como sí lo tuvieron, por ejemplo, los que fueron conscriptos durante la guerra de Malvinas. Me interesan las películas que invitan al espectador a pensar, a generar sus propias impresiones. El cine y el lenguaje audiovisual son perfectos para eso, para jugar con las imágenes y el sonido y que el espectador pueda completar la película con sus propias herramientas. El cine argentino está lleno de representaciones del Ejército, sobre todo de la última dictadura militar, por eso era vital no mencionar directamente ese tema, sino dejar a cada espectador formar sus propias conclusiones. Me parece mucho más interesante como experiencia cinematográfica, pensar en un público que no se va del cine con todas las respuestas, sino más bien con preguntas. Plantear pistas abiertas para poder reconstruir la película y formar su propia opinión.

¿Qué recursos del documental usaste y cuáles de la ficción?
Mi trabajo justamente combina algunos elementos documentales y otros más ficcionales, desarrollo especialmente ese terreno, un poco confuso entre ambos registros. En esta ocasión, trabajé con un guion o mapa de rodaje que me permitió llevar adelante la historia. Durante el rodaje filmamos algunas escenas más de observación documentalizadas y otras fueron buscadas desde la puesta en escena. Operar la cámara yo mismo me permite conservar una sensación de intimidad. Al ser un equipo reducido, las indicaciones son mínimas y las personas delante de la cámara no están tan pendientes de la dinámica del rodaje.

Te preocupás mucho por la estética en tus películas, ¿qué tipo de ambiente es el que más te gusta recrear a partir de la iluminación y la cámara?
Me gusta especialmente la disociación de la imagen y del sonido. Con este recurso potencio la imagen y llevo lo documental hacia un terreno más dudoso, donde se fuerzan algunos límites que pongan en duda lo que uno está viendo, y aparezca una sensación de confusión. Como en mis otros trabajos, me interesaba centrarme en el protagonista, que está en cierta manera despegado de su entorno. También, al igual que en films anteriores, dejo algunos elementos fuera de campo para que cada uno pueda terminar de construirlos como quisiera. Estas dos herramientas me permiten entonces construir un universo que vaya más allá de lo que estamos viendo en la pantalla. Ahí es donde considero que está el trabajo de puesta en escena y de dramaturgia, como en la ficción. La música en la película aparece todo el tiempo. Justamente la música es el elemento que el protagonista aprende, puntualmente el tambor, que es lo que se distancia de lo militar o de las armas. Sin embargo, la música dentro del ejército no deja de ser la ejecución de reglas, de instrucciones, que viene dada con cierta rigidez, que no se puede tocar de cualquier forma.

Las proyeeciones en Berlín y Mar del Plata ampliaron el horizonte de tu película ¿Crees que los festivales de cine han potenciado tu carrera? ¿Por qué?
Creo que los festivales de cine permiten que estas películas, que cuestionan los límites y que claramente no son comerciales, encuentren su público. Son realizaciones que de otra manera no llegarían a exhibirse, sobre todo en otros países.

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