Felipe Vicente
08/04/2018 13:21

Luego de su paso por el 10 Les Avant Premieres, el francés Laurent Cantet estrena en los cines argentinos El Atelier (L'Atelier, 2017), en la que su delicado tacto social sigue afianzado. Película que no sólo nos acerca la vida del joven Antoine, sino también sus más recónditos pensamientos sobre odio, política y moral. Recostado en su taciturna mente, el personaje despierta amenaza y curiosidad al mismo tiempo.  Es difícil lograr lo obtenido por Cantet. No estamos hablando de la Palma de Oro ganada con Entre los Muros ((Entre les murs,2008). El realizador de pocos, pero solidos films, ha descubierto la manera de desplazarse por una misma línea ideológica. Fiel a su estilo, cada película está atravesada por valores sociales que parecen ir desapareciendo de la conciencia colectiva. Él, una vez más, los rescata y los comparte en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

El Atelier

(2017)

Uno de los elementos que interesarán de la película seguramente será el tipo de tema que describen junto al guionista, ¿cómo fue el proceso de escritura con tu socio Robin Campillo?
Es un trabajo difícil de escribir porque, ante todo, Robin es un amigo. Siempre fuimos compañeros. El trabajo en sí consiste en tomar cafés, hablar mucho de todo y, de pronto, cuando surge una idea, la anotamos y poco a poco la vamos estructurando. Uno lleva la PC y anota, y el otro sigue elaborando ideas. Esto lo logramos porque nos conocemos muy bien y compartimos puntos de vista sobre el mundo y lo que significa el cine. Tenemos la confianza de poder decir esto va, esto no va y aceptarlo. Pero más que todo es un proceso muy informal. Lo importante tanto para Robin como para mí, es que el guion no es todo; tiene sus límites, es una etapa. Intentamos llevarla lo más lejos posible, pero la película no va a ser sólo texto. Este se va a encarnar de alguna manera con el film, pero es una herramienta y punto.

El personaje principal genera dos sensaciones contradictorias; Primero el miedo que invade al espectador al darse cuenta de que Antoine es un chico retrotraído, con un provocador silencio, que disfruta jugar con el peligro; Pero a su vez es como que uno se pone en la piel de la profesora y quiere meterse en la vida de este muchacho que juega con el misterio. ¿Cómo se construye un personaje que salga tan bien en la pantalla?
Eso fue todo el desafío de la película. Quería un personaje inaceptable y a la vez lo suficientemente interesante como para poder intentar entender su recorrido. Saber que lo que vemos no es necesariamente la realidad. Lo que dice en la clase de guion frente a sus compañeros realmente es su manera de pensar, en el sentido de que Antoine está en un momento de búsqueda en su vida, descubriendo algo para darle sentido, algún sabor a su existencia. Ese motivo es por el cual estuve buscando crear un personaje sin protegerlo, tampoco tenía ganas de que la historia lo condenase ni cubriera, quería diseñarlo sin juzgar.

¿Cuáles son esos temas, personajes, inquietudes, infaltables en una película de Laurent Cantet?
Puedo pensar puntos de comparación entre los distintos films, creo que tengo personajes muy idealistas, que nos llevan al límite del ideal en el sentido de que muchas veces no son viables esos conceptos, es el caso, por ejemplo, de Recursos Humanos (Ressources humaines, 2000), con el joven que piensa que el mundo de la empresa puede ser distinto y aportarle debate dentro de la misma. O el de El Empleo del Tiempo (L'Emploi du temps,2001), donde un hombre deja su vida como empleado para inventarse una nueva; El profesor en Entre los Muros  también tiene una idea muy precisa de lo que debe ser la educación, cómo aportarle la posibilidad de pensar y debatir a los alumnos, pero a la vez ellos lo llevan al borde de la posibilidad pensada, así es puesto en peligro por su propio alumnado. Están ahí las ganas de mirar a la sociedad, plantear en que mundo vivimos, y compartir estas preguntas, dudas. Pero sobre todo no dar las llaves porque las repuestas no las tengo.

¿Cómo hace el cine francés para gozar de tan buena salud en su propio país?
Las razones son varias, primero producimos muchas películas, por lo tanto, hay una gran diversidad, la oferta es muy amplia. Tenemos también una cultura cinematográfica dirigida al público, que tiene ganas de esta diversidad, quiere ver films hollywoodenses, pero también francesas y a su vez confidenciales, es decir, producciones que les costaría ser difundidas en otros países, pero están presentes en Francia. A su vez, tenemos una red de salas muy amplias y militantes, se llaman salas de arte y ensayo. Éstas saben tomar el riesgo, tienen claro que tal vez una realización no va a tener un éxito enorme, y, sin embargo, son proyectadas. No quiero olvidarme de la ayuda pública, está antes que todo. Adelantan la plata para producir y difundir películas, que reciben auxilios para poder resistir. Se reúne una comisión de productores, directores y gente del ambiente y deciden tal o cual película vale la pena hacerla. Este es un sistema muy viejo allí, se diseñó luego de la segunda guerra mundial, y permite que toda esta diversidad siga existiendo.

Pasan tus películas y la vara te va quedando cada vez más alta, ¿cómo se mantiene ese desafío constante de darle un plus más a tu próximo film?
Tal vez existe una cierta fidelidad a mi manera de pensar las realizaciones y cómo las hago. La lealtad contagia a los espectadores y es agradable. Nunca la cambié. Este rigor asimismo fue fructífero en mi carrera. Espero que interese la parte humana de mis películas, la proximidad con los personajes. Así la gente va generando un fuerte vínculo con el artista. En este caso, El Atelier invita a reflexionar que pensar juntos ayuda a crecer. La creación puede ser el vector de enriquecimiento, pero lo importante es generar más oportunidades de crear juntos. Quise mostrar cómo un joven de 20 años hoy en día puede vivir en un mundo tan extraño y confrontarse al mismo. Además, fue muy importante hablar sobre el mecanismo de seducción que tienen los extremismos hacia las juventudes que no tienen ninguna esperanza o futuro. Viven sin proyección en este mundo porque los adultos mismos no les dejan ningún lugar; y si bien hablé de la extrema derecha, podría haber hablado del yihadismo o de otro tipo de extremismo. Pero quería revisar ese mecanismo de cómo usan el aburrimiento, la falta de perspectiva en los chicos, diciéndoles “ven con nosotros que te vamos a dar un sentido, un rol” es clave no dejarlos en sus manos.

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