Felipe Vicente
12/03/2018 12:06

Adiós entusiasmo (2017) es la película elegida para reabrir el nuevo ciclo de la sala Leopoldo Lugones durante el 2018. Luego de participar en la Berlinale, ganar en el festival de Cartagena a mejor film, y la buena recepción cosechada en el [19] BAFICI, su realizador, el colombiano Vladimir Durán, dialogó con EscribiendoCine sobre sus ambiciones como cineasta.

Adiós entusiasmo

(2017)

La recordada participación en el [19] BAFICI le valió más que una proyección a Vladimir Durán, autor de Adiós entusiasmo, el film que tiene como carta de presentación a un personaje clave nunca mostrado por la cámara. Éste elaborado trabajo experimental, en el cual cuatro hermanos y su familia visitan a una madre encerrada en una habitación, maneja el fuera de campo con herramientas propias del teatro. Para ello, las escenas narradas mediante planos secuencia y un elenco coral con sangre teatral son vitales.

Aportes como los de Martina Juncadella y Verónica Llinás dentro de un grupo casi todo argentino, se hacen esenciales para una historia que además entretiene (durante todo el film tendremos la expectativa por saber quién se encuentra detrás de la puerta y porqué se esconde por decisión propia del resto). A su vez, guion, técnica y actuación están calibrados para aceitar una realización que juega con los sentidos y la extrasensorialidad del espectador. La sugestión, implícita, es el resultado de ésta suma de condiciones.

¿Qué representa para vos abrir el 2018 de la sala Lugones?
Es una sala mítica. Para la cinefilia latinoamericana es como un punto trascendental. Ya de por si me pone muy feliz que la hayan renovado y vuelto a abrir. Muchos de nosotros vivimos de ir a ver clásicos ahí.

¿Cómo elegiste este elenco con porte teatral y cinematográfico?
Desde el guion, que partió de una idea de cortometraje escrita por Sacha Amaral, con quien compartíamos un taller literario. Cuando lo leí hubo algo que me gustó mucho. También tengo muchos años de formación y dirección actoral en la escuela de Nora Moseinco. Las tres actrices que hacen de hermanas se formaron conmigo en esa escuela. Son muchos años de ese tipo de entrenamiento y lenguaje. Martina Juncadella y Mariel Fernández estuvieron desde la génesis del proyecto. Verónica Llinás sirvió como guía, al principio escribí como con un deseo de tenerla a ella. Luego se incorporó unas semanas antes de empezar a rodar con el personaje pensado para la tía. Me gusta porque es una actriz muy verdadera. También hay algo del autogobierno que se genera con la situación de la película. Como que todos terminan siendo hijos.

Tu película tiene tres pilares en los que se funda, las actuaciones grupales y sincronizadas, la técnica y el guion al momento de crear este personaje de una madre encerrada. ¿Cómo lo formalizaste?
Hay algo muy potente que tiene el cine como la sugestión y el fuera de campo. El permitirle al espectador tener que comprender, completar con su propio imaginario aquello que queda fuera de observación. Tiene mucha potencia. Ya desde el guion del cortometraje estaba el dispositivo de la madre. Te diría casi teatral. Incluso la trabajamos como un personaje más. Tuvimos el aporte de una gran actriz como Valeria Valente, que estuvo colaborando mucho en el rodaje. Construyó mucho la dramaturgia del grupo actoral, sin ella no hubiese podido hacer la película ni conformar ese personaje. Me gusta nombrarla porque realmente estuvo muy detrás de la película. En cuanto a lo técnico, los planos secuencias fueron hechos con lentes anamórficos, que amplían el espacio a lo largo. Lo hice así para poder ampliar las posibilidades de contar el relato en espacios que eran muy reducidos.

Hace diez años que estas erradicado en Argentina. Ahora se viene el festival de Cartagena, muy importante para ustedes. A raíz de esto, ¿Qué evaluación haces del cine colombiano?
Aunque estoy en más contacto con el cine argentino, sé que gracias a que se sostuvo una política de estado el cine colombiano tuvo la oportunidad de empezar a explorar y crecer en los últimos quince años de manera histórica. Si esto sigue, va seguir habiendo una mayor madurez. Ahora hay como una adolescencia y entusiasmo que me parece muy positivo. Dentro de eso surgen cosas interesantes, con las que uno puede sentirse más o menos identificado, pero es bueno que se esté haciendo. Con los festivales me pasó que tuve muy buena recepción. Por ejemplo, el fórum de Berlín, que tiene una curaduría muy de vanguardia, de respetar la búsqueda en el lenguaje, me abrió mucho campo a otros festivales. Con Cartagena y Bafici tengo una historia personal muy fuerte con ambos. En mis años de estudiante ir al Bafici era reencontrarse con un tipo de cine.

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