Noelia Monte
10/03/2018 13:17

Daniela Castro y Nicolás Ordóñez son los directores de ALIAS YINETH - La Mujer de los Siete Nombres (2017), un documental que realiza un viaje por los recuerdos de Yineth Trujillo, una mujer que -siendo muy pequeña- fue reclutada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El film muestra a una protagonista que, a partir de su reinvención, logra superar diversos obstáculos que la vida le impuso, así como también aborda una cara de la historia más reciente de Colombia. “Nuestro continente tiene una larga memoria de ignominia, lo cual aleja al público de películas que nos confrontan. Simplemente no queremos saber más. Y ahí justamente radica el valor del trabajo con Yineth”, sostuvieron los cineastas en un dialogo con EscribiendoCine.

ALIAS YINETH - La Mujer de los Siete Nombres

(2017)

¿Cómo surge la idea de documentar la historia de Yineth?
Nicolás Ordóñez: Yineth fue parte del proceso de investigación del largometraje de ficción Alias María (2015), donde Daniela Castro era la asistente de dirección. La entrevistamos y tuvimos la certeza de que teníamos que hacer una película sobre ella. Sobre la marcha fue tomando fuerza la idea de contar una historia real desde un dispositivo documental, introspectivo, de mucha intimidad, no con el ánimo de contar esquemáticamente la historia de un país, sino más bien de ahondar en una historia singular y así acercarse a una sociedad cicatrizada por la guerra.

¿Cuál es el mensaje que buscan transmitir al espectador?
Daniela Castro: No buscamos transmitir ningún mensaje en especial, por lo menos no de una manera premeditada, pero abordar aspectos humanos y sociales tan profundos nos da la posibilidad de generar algún tipo de reflexión, bien sea a favor o en contra del punto de vista de la película. Es quizá producir un encuentro con lo más humano de esta mujer y que ese exceso de humanidad posibilite dejar de hacer invisible lo que nos molesta y así despertar la empatía que nos permite entender que el dolor de todos es válido, desde cualquier perspectiva, desde cualquier lugar del mundo.

Nicolás Ordóñez: Después de tanto dolor, de tanto sufrimiento, y desde tan temprana edad, es impactante entender que existe la posibilidad de la felicidad y del perdón. Yineth es un caso entre miles de soldados de un bando u otro. Si logramos hacer que nuestros espectadores salgan del cine sintiendo que siempre hay una nueva oportunidad, no importa lo grave o complejo, creo que hemos ganado una gran batalla desde el arte.

¿Qué sensaciones sintieron la primera vez que estuvieron frente a ella?
Daniela Castro: Yineth me regaló una profunda dosis de realidad, donde lo primero que se me reveló fue que yo había nacido en un país en guerra, algo que nunca había comprendido en su totalidad, a pesar de vivir los vestigios de la violencia. También entendí que pertenecía a una generación que, no sólamente, había nacido en un país en guerra, sino que además era indiferente a ella.

Para mí, fue ver en primer plano que, a pesar de tener la misma edad de Yineth, de ser mujeres y de haber nacido en el mismo país, no compartíamos casi nada en común de nuestro destino hasta ese momento.

Ella me desarmó con su historia, me conmovió la niña que la habita, me asustó la mujer calculadora, me sacudió su fuerza, admiré a la sobreviviente y me enamoró su alegría.

Nicolás Ordóñez: La primera vez que estuve frente a Yineth fue cuando empezamos con las grabaciones. La vi llegar con un saco azul de rombos y una diadema. Entró por la puerta tan segura de sí misma y a la vez con esa gran ingenuidad, su cara llena de pecas, y esa sonrisa imposible de olvidar. Una mujer bella, con un profundo mirar, un brillo que por momentos se convertía en infinita tristeza. Recuerdo de esa primera vez su incomodidad vital, su manera de mirar ansiosamente por la ventana, el tiempo que tardaba en contestar las preguntas, quizá buscando las palabras exactas y después, cuando arrancaba a hablar podía reír y llorar en lapsos de menos de un minuto.

Entonces, sin filtros ni preámbulos, de repente yo estaba frente a frente con uno de esos supuestos animales de la guerra, una máquina de matar. Y fue en ese mismo instante, cuando se desdibujó de mi imaginario ese cliché. Entendí de manera contundente y real que la generalización es un acto de cobardía. Cada ser humano tiene una historia y debe poder contarla desde su experiencia.

El documental permite conocer la historia de una protagonista con una vida atravesada por momentos duros, complejos y de mucha reinvención. En base a esto, ¿qué valores podrían destacar de ella?
Daniela Castro y Nicolás Ordóñez: Nuestra película es una radiografía de las sensaciones y misterios que engloban la compleja e inexplicable historia reciente de Colombia. Haber tenido la fortuna de conocer a Yineth Trujillo, resulta conmovedor; resulta escalofriante, es una conmoción interna que nos ha obligado a entender para bien y para mal una parte fundamental de nuestra historia de guerra. En ella vimos la posibilidad de la alegría aún después del sufrimiento. Vimos cuán polifacética podría llegar a ser la vida de una niña campesina que vivió la guerra y vive actualmente la posibilidad de una paz. También entendimos que sólo a través de una historia real y particular, podríamos aportar una visión humana sobre un tema tan complejo, no con el ánimo de contarlo todo, sino más bien con el ánimo de explorar los vericuetos de la línea de una mano. Una mano llena de cicatrices, una mano con líneas de un otro futuro. Gratitud es la palabra que mejor define lo que sentimos después de este recorrido por la vida de Yineth. Dejar de lado los prejuicios, los miedos, y haber ganado una amistad. Nosotros mismos, desde el otro lado de la cámara, haber cambiado junto a ella, habernos confrontado como creadores y haber superado grandes obstáculos para lograr contar la película que debía ser contada.

¿Cuál fue el mayor desafío que les tocó atravesar como directores del film?
Daniela Castro: La parte más difícil fue para Yineth, pues tuvo que recorrer su propia historia y ahondar en una reconstrucción detallada de un destino doloroso e injusto.

Pero como equipo sin duda la parte más difícil fue el momento en el cual la figura de la heroína se desdibujó en la una y en la otra, tanto para mi, como para Yineth, incluso para Nicolás, y nos estrellamos con la expresión más humana de cada uno. Fue muy duro porque se filtró de manera contundente y definitiva el conflicto del cual hablábamos, lo difícil de entender que cada uno tenía posiciones distintas y que a pesar de eso debíamos convivir y construir un denominador común. Fue poner en práctica el discurso que queríamos contar entendiendo que, a pesar de las profundas diferencias, podíamos tener un sentido en común.

Nicolás Ordóñez: Pienso que el mayor reto fue mantenerse en pie, no quebrarse sistemáticamente cada vez que algo nuevo y doloroso salía de la boca o de los ojos de Yineth. Haber podido sortear la manera de filmar cuando lo que muchas veces quisimos hacer fue entrar en cuadro para dar y recibir un abrazo.

El desafío mayor fue cruzar esa barrera imaginaria y lograr sentir por fragmentos de segundo lo que ella experimentó por años.

Si bien es posible encontrar historias como la de Yineth a lo largo de todo el territorio latinoamericano, no siempre son de público conocimiento. ¿De qué manera creen que se tienen en cuenta estas temáticas relacionadas con el conflicto y la paz en la conciencia colectiva? ¿Y en las producciones cinematográficas del continente?
Daniela Castro y Nicolás Ordóñez: Son historias ocultas. Preferimos borrarlas de nuestro consciente colectivo para no enfrentar nuestros desastres. Quizá por eso decidimos abordar la vida de nuestra protagonista desde muchas perspectivas, dándole a su historia también la posibilidad del humor y la sensualidad.

Aún los temas más escabrosos debemos contarlos de una manera soportable. Nuestro continente tiene una larga memoria de ignominia, lo cual aleja al público de películas que nos confrontan. Simplemente no queremos saber más. Y ahí justamente radica el valor del trabajo con Yineth. Vimos y retratamos a un ser humano más allá de la guerra y sus dolores.

La película forma parte del proyecto transmedia "Alias" junto con la película Alias María, que fue seleccionada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes en 2015. ¿Qué nos podrían contar acerca de esto?
Daniela Castro y Nicolás Ordóñez: Alias María fue una experiencia maravillosa, porque nos hizo evidente una realidad absurda y dolorosa, pero que creíamos de cierta manera ajena y resulta que es absolutamente propia, nos pertenece, es nuestra historia, así no seamos los directos implicados, despúes de 60 años de guerra, todos tenemos en el ADN las consecuencias y el destino de este conflicto armado. Es así como esta película nos generó la necesidad de seguir ahondando en esta temática y, de manera ingenua y desordenada, empredimos un viaje narrativo, para poder abordar todos sus puntos, desde la visión singular de sujetos anónimos.

Al ser, Alias María, seleccionada en Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes en el 2015, todo el proyecto trasmedia agarró vuelo y se hizo visible para el mundo, no sólo como un tema local sino como una problemática que compromete algo mucho más importante que las naciones y sus territorios: las personas que lo habitan.

Por último, a modo de balance personal, ¿el documental les modificó algún aspecto de sus vidas o de la concepción que tienen del mundo en que vivimos?
Daniela Castro: Por supuesto, el cambio fue contundente. Empecé a hacer esta pelicula con una ingenuidad absoluta, con un espectro tanto del contexto, del personaje, como de mi misma, que parecían ser robustos, pero era un simple espejismo. Con el pasar del tiempo, la historia y la mirada misma sintieron la necesidad de transformarse cuando todo lo que ocurría dentro de la película no paraba de moverse hacía obstáculos que nos confrontaron.

Yineth cambió, yo cambie y Colombia continúa su proceso en un devenir vago, pero por lo menos con algunos caminos que prometen posibilidades.

Entendí que el perdón no tiene que ver con una cuestión de olvido, o de pensar o creer lo mismo que el otro. El sentido de esta palabra abarca algo mucho más grande y simple a la vez; que es la posibilidad de aceptar lo que tienes en frente y construir algo con ello, un sentido común donde convivan sobretodo las diferencias, que son las que se encargan de hacernos sujetos.

También se cristalizó en mí el sentido de gratitud al haber nacido en un espectro de la sociedad donde elegir es una opción.

Nicolás Ordóñez: Absolutamente. Primero que todo, cambió mi manera de hacer y concebir el cine. Como fotógrafo y director tuve que ponerme a la altura de un personaje que daba todo tipo de registros y que siempre quizo llegar más y más lejos.

Sin embargo, el cambio más grande es a nivel vital. Presenciar la capacidad y resistencia del ser humano, me ha obligado a ver el mundo desde una nueva perspectiva. Doy gracias continuamente por la maravillosa vida que me ha tocado. Cada instante, cada pequeño cristal, lo tomo como un todo poderoso que quizá se esfume.

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