Matías E. González
09/03/2018 11:38

La noche es el momento del día en el que los mayores miedos suelen aparecer, como si la salida del sol pareciera traer paz y tranquilidad. La oscuridad suele ser utilizada como recurso por los largometrajes de terror, en los que las víctimas se enfrentan a las peores situaciones en espacios con poca luz, esperando al amanecer como intento de supervivencia. Sin embardo, el film Los olvidados (2017), codirigido por los hermanos Luciano y Nicolás Onetti, se desarrolla en las ruinas de Epecuén, un lugar deshabitado que genera suspenso sin importar la hora que marquen las agujas del reloj. El actor Agustin Pardella se asentó en dicho espacio para vivir una experiencia cinematográfica inolvidable. EscribiendoCine dialogó con el artista sobre su actuación en el largometraje, la construcción de su personaje y el recorrido festivalero del film.

Los olvidados

(2017)

UNA HISTORIA TERRORÍFICA

La película cuenta la historia de un grupo de jóvenes (Victorio D´Alessandro, Agustin Pardella, Victoria Maurette, Paula Sartor, Paula Brasca, Damián Dreizik) que parte rumbo a las ruinas de Epecuén para realizar un documental sobre la terrible inundación y sus consecuencias, que quitaron del mapa al pueblo bonaerense en la década de 1980. Al arribar al lugar, el equipo se cruza con terroríficos personajes que demuestran que hay cosas peores que la muerte.

El ingreso de Agustin Pardella a la película Los olvidados ocurrió a raíz de una recomendación. Pardella había trabajado en la miniserie La Casa del Mar, de Juan Laplace, por lo que uno de los guionistas y un asistente de dirección, observaron el desempeño del actor y sugirieron su nombre para personificar a Diego en el largometraje de los hermanos Onetti. Luego, Nicolás se comunicó vía telefónica con el actor y le ofreció de manera oficial sumarse al proyecto cinematográfico.

“Me mandaron el guion, y apenas lo leí dije: '¡sí, claro!' Era mi primera vez en cine de género, una oportunidad de poder aprender qué era lo que se necesitaba para trabajar en ese rubro”, recordó el actor. “Nunca había hecho terror. Si bien fue una producción independiente, fue de una calidad increíble. El equipo estaba lleno de profesionales. Creo que la magia sucedió, un poco, por el grupo humano”, agregó.

Los directores de Los olvidados, Nicolás y Luciano Onetti, son oriundos de Azul, por lo que era complicado planificar con frecuencia reuniones presenciales con los actores y las actrices. Sin embargo, los cineastas se comunicaban con el reparto por teléfono o Skype y desde allí compartían referencias sobre la película. “Al toque hubo mucha química. Nos convertimos automáticamente en un grupo de personas que empezaron a formar una amistad y eso llevó a un buen ámbito laboral”, elogió Agustín.

CAMBIO DE ROLES

“Soy el asistente de dirección, sumiso ante todo, que ni en pedo se espera todo lo que viene”, adelantó sobre su personaje Diego. El actor valoró la libertad que los hermanos Onetti le brindaron para poder componer al joven documentalista y tomó la decisión de construirlo a partir de una contraposición con su propia personalidad.

“Tenía ganas de transmitir una persona diferente a mí, más callada, menos hiperactiva, más observadora, silenciosa, como que no pincha ni corta. Me chocó bastante verme después, porque decía 'Uy, ¿ qué estoy haciendo? ‘¡No me reconocía! Creo que la cuarta vez que la vi me relajé un poco”, admitió.

Cada experiencia genera nuevos aprendizajes y en el caso de Agustín pudo, a partir de su participación en la película, reflexionar sobre determinadas actitudes de su personaje para poder ponerlas en práctica en su rutina. “Diego me dejó una conciencia de la observación mayor de la que ya venía viviendo y también cierta tranquilidad que necesitaba buscar con el personaje, que terminó haciéndole muy bien a mi vida personal. Finalicé siendo más prudente”, reconoció el actor.

Así como Pardella encontró ciertas diferencias entre él y el sujeto personificado, también halló puntos de contacto en su vínculo con el cine documental. En su caso, consume con gusto este tipo de largometrajes, sobre todo cuando abordan el arte o la vida, y destaca el valor de estos films ya que “permiten al espectador aprender sobre algo que piensa que ya tiene claro”. En el caso de Diego, el personaje de la ficción, es el encargado de asistir en la dirección del documental y es la tragedia de Epecuén el tópico del próximo film a desarrollarse.

ENFRENTAR LOS MIEDOS

Según los diccionarios, el miedo es la sensación de angustia provocada por la existencia de un peligro real o imaginario. Los fatídicos acontecimientos a los que deben sobrevivir los jóvenes de Los olvidados llegan a generar terror en los espectadores, quienes sienten temor por la vida de cada integrante del grupo de amigos.

Las circunstancias a las que se teme varían en cada persona. En el caso de Agustin Pardella, reconoció tener días en los que se asusta al estar sólo rodeado por la oscuridad. “Es algo que me genera una consciencia del no saber qué me puede pasar. Me como flashes pero trato de controlarlos. Desde que me fui a vivir solo, si estoy en un día más o menos susceptible ante lo inimaginable, capaz hasta prendo la tele y la dejo de fondo mientras duermo, como que me va a proteger”. Por otro lado, desde una perspectiva más filosófica, el actor agregó: “Tengo miedo a no poder concretar mis deseos más simples”.

En el caso de la película, los asesinos no son monstruos sino un grupo de personas que alcanzaron un cierto grado de locura como consecuencia de la trágica inundación de Epecuén, la cual los dejó en el olvido. En cuanto a la perversión humana, el actor opinó: “Yo no tengo dudas que existen un montón de personas que transitan su vida con una oscuridad, en este caso negativa, y que tienen sus mambitos. Hasta el más oscuro de los seres, tiene una llamita de ese niño que alguna vez fue y es el más bondadoso de todos. Creo que cualquier persona en el mundo puede llegar a cambiar”.

El largometraje plantea que hay cosas peores que la muerte, como es ser olvidado. “Por dedicar mi vida al y para el entretenimiento, uno de mis mayores anhelos es no ser olvidado y poder trascender, que en 100 años la gente siga hablando de mi laburo, quitando el ego de lado. Que mi familia tenga la posibilidad de ver una peli que hice y que diga: '¡Ahí está el tatarabuelo!'”, expresó Pardella. “Vivo con la incertidumbre constantemente, es algo que me aterroriza, pero al mismo tiempo es el combustible que me acciona todos los días para hacerle Fuck You a la incertidumbre y que la chupe, que voy a seguir haciéndolo”, añadió.

EXPERIENCIA DE ALTO IMPACTO

Si bien los terroríficos acontecimientos se desarrollan en Epecuén, el equipo de la película debió asentarse en un pueblo cercano conocido como Carhué, ya que la localidad de los hechos quedó totalmente despoblada luego de la devastadora inundación. “La gente que vive hoy en día en Carhué, antes vivía en Epecuen. Más allá que sea pueblo y se viva cierta lentitud, hay como una sobriedad de todo, los perros dominan las calles en las tardes”.

Pardella no tenía conocimiento sobre Epecuén y lo ocurrido allí hasta el momento en que le llegó el proyecto. Al hospedarse en Carué, el reparto pudo tener acceso a información de la tragedia acontecida en los años ochenta. “Ahí mismo fuimos a museos, que la misma gente armó con las cosas que quedaron después de la inundación y pudieron recuperar. Realmente entras a las casas y, por más que no haya muerto gente, hay cadáveres de animales que quizás estaban nadando por el río y se metieron a buscar un pez, entonces quedaron atrapados. Es bastante tétrico todo”, describió el actor.

“Lo más llamativo fueron las ganas de ciertas personas de querer crear personajes interesantes, como un muchacho que supuestamente fue el último habitante de Epecuén. Me llamó la atención el nivel de chisme que se armó a través de la tragedia, como que no pueden soltarlo, y todos viven con cierta tranquilidad pero en el fondo se nota que hay resilencia de tristeza”, recordó

El rodaje se desarrolló durante cuatro semanas aproximadamente, en la que según las escenas a filmarse, los integrantes del equipo se trasladaban de Carhué a Epecuén. El clima del lugar era muy violento ya que el frío dominaba la noche y el calor sofocaba durante el día. El color predominante en la zona era el blanco debido a la sal del agua que consumió las paredes y demás infraestructuras. En lo que refiere a la vegetación está totalmente seca: los árboles quedaron petrificados. “Es una atmósfera increíble para hacer todo lo que tiene que ver con algún mundo post apocalíptico, esa es la locación”.

“En las escenas más complicadas y de más tensión emocional, ya había hablado con los directores para irme y me avisaban cuando tenía que estar. Entonces me iba a caminar, me perdía un poco, empezaba a entrar en locura de no querer estar más ahí, y desde allí afrontaba las escenas”, explicó el actor. “De noche no se veía nada, te ibas una cuadra donde no habían luces y tenías que usar linterna porque realmente no se veía. No te metías ni en pedo a una casa, tampoco iba solo, porque daba miedo. Ni te digo si escuchabas algo”, relató.

Pardella estuvo acompañado por actores como Victorio D´Alessandro, Damián Dreizik y Chucho Fernández, y por actrices como Victoria Maurette, Paula Sartor y Paula Brasca, a lo largo de la película. “Encontrarnos todo el elenco en un lugar donde no se podía hacer nada más que tomar mate, mirarnos y tocar canciones, ayudó muchísimo a la creación de las escenas. Estábamos todos con la misma sensación de entrar a un lugar donde no sabíamos qué podía pasar porque era algo completamente contrario al lugar de donde proveníamos”.

POR EL MUNDO

En la previa a su estreno comercial en salas, Los olvidados comenzó un largo recorrido festivalero, que incluyó certámenes nacionales e internacionales. El debut mundial del largometraje fue en la 50 edición del Sitges- Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, al que asistieron los directores y miembros del reparto, entre ellos Agustín.

“Fue una locura. Ver a los grosos del género, estar en un festival europeo que, no por desmerecer a los festivales de América, pero tienen otro tinte, son muchísimo más cosmopolitas, hay gente de todas partes del mundo. Fue un crecimiento, por lo menos en lo personal, no sé si necesario pero sí muy fructífero”, valoró el actor.

Una curiosidad respecto al camino festivalero de la película, es que ya tenía seguidores en distintas partes del mundo, que solicitaban autógrafos y fotos a los distintos integrantes del film cuando se los cruzaban. “Fue una bienvenida muy cálida porque si bien hay un respeto ante el cine argentino, siento que en el fondo ellos nunca saben qué esperar. Sentimos un agradable abrazo como equipo argentino”.

En cuanto a certámenes y eventos nacionales, Los olvidados presentó adelantos exclusivos en la Comic Con local y se proyectó en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y en el 18º Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), el cual reúne a fanáticos del género. “Me ponía a hablar con algunos fanáticos y me sentía un gil. Son muy nerds del género, a mi me gusta la gente nerd, que sabe mucho. El público de terror ya medio que conoce que se va a encontrar con una sierra, con sangre, con una teta, con un monstruo, con un humano enfermo. Se lo esperan y si hay silencio en la sala es una buena señal porque están prestando atención, eso nos habían dicho en el Festival de Sitges”.

“Esperemos que Los olvidados vendan pochoclos”, deseó el actor sonriente. “Que la gente se cope, vaya a verla, el boca a boca funcione y los cines no se vean obligados a sacarla”, pidió Agustín al público para que viva la experiencia del film en la pantalla grande.

En cuanto a sus próximos proyectos en la industria cinematográfica, Pardella participó del cortometraje La Religiosa, que integra la clásica antología conocida como Historias Breves. Para dicho proyecto, el actor rodó en Luján junto con la actriz María Onetto, quien interpreta a su madre. “Es una relación medio a lo Norman Bates con su madre, una familia monótona de pueblo, que fue abandonada por el padre, y también muy oscura por momentos. Ante la aparición de un chico en el lugar, mi personaje empieza a ver la posibilidad de tener otros sitios donde puede existir, y ahí empieza a oscurecerse todo porque la madre piensa que puede llegar a perderlo”. Por otra parte, Agustín continúa su camino musical y elabora ideas para un proyecto de ámbito web, en el que no solo participa como actor sino también desde el guion y la producción.

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