Camila Molteni
08/03/2018 00:22

En el día de la mujer trabajadora, el director de Las Acacias (2011) estrena su última película, Invisible (2017). En ella, Pablo Giorgelli elige retratar la historia de Ely (Mora Arenillas), una adolescente de 17 años embarazada que atraviesa por una serie de dificultades para poder decidir sobre su cuerpo y su futuro. “El lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es perfecto para la película. Lo pondría en el afiche”, contó el director en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

Invisible

(2017)

La película se estrena en un contexto social y político en el que está muy presente el pedido por el aborto legal. ¿Sentís que tu película se suma a este pedido?
Personalmente, yo creo que el aborto debe ser legal, gratuito y seguro, eso no es un tema para mí. Pero esa es mi posición. A mí no me interesaba hacer una película militante, o de denuncia. A mí me interesaba el drama íntimo y personal de esa chica en particular, aunque ese mismo drama lo atraviesen muchas otras chicas. La película es sobre el abandono de nuestros adolescentes, sobre la incomunicación, sobre el desamparo y la soledad durante la adolescencia. Me interesaba que aparezca el porqué a Ely le pasa lo que le pasa más allá de la cuestión del aborto. Ella está sola, teniendo que decidir cosas difíciles, en un mundo que de algún modo no la registra y la abandona. El colegio, el Estado, la familia. Hay un abandono completo. Tal vez el aborto es el tema más importante de ese momento, pero hay muchos más. Quería contar el contexto social y político en el que se desarrolla la vida de Ely. La pregunta que es rectora de toda la película es ¿por qué esta sociedad genera adolescencias como esa? El problema del aborto es casi el eslabón final de una cadena que empieza mucho antes. El lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es perfecto para la película. Lo pondría en el afiche. Para mí eso es la película.

¿Cómo fue tu acercamiento con la adolescencia para trabajarla en tu segunda película?
El origen de la película tiene que ver con mi deseo de explorar, volver, recordar, indagar la adolescencia ahora desde mi mirada de adulto. Eso inevitablemente me conectó con mi propia adolescencia, con La Boca que es mi barrio, el lugar donde nací y me crié, entonces ya desde el guion los lugares para la película eran esos. Empecé a investigar y a tratar de conectar con la adolescencia actual, a ver cuánto había cambiado desde mi época de adolescente. Lo que descubrí, o confirmé, fue que la adolescencia de hoy en día no es tan diferente a la nuestra, salvo por cuestiones puntuales como la tecnología. La sensación de vulnerabilidad, de estar perdido, combinada con ese coraje, ese valor y esa inconsciencia que también uno tiene en ese momento, siguen estando presente en los adolescentes de hoy como en los del pasado. En esa etapa de la vida somos un poco todos parecidos, todos somos un poquito vulnerables, tratando de buscar y saber quienes somos, tratando de afirmarnos, construyéndonos a nosotros mismos. Eso era lo que me interesaba y la película nace de ahí.

¿Cuándo surge que el conflicto de Ely en la película sea que está embarazada y cómo fue el trabajo de investigación para lograr lo que finalmente se ve en Invisible?
Surge del peloteo imaginario que uno hace cuando escribe. Con María Laura Gargarella, lo primero que teníamos era un personaje y un universo. Después uno empieza a imaginar, a improvisar. Cuando apareció la posibilidad del embarazo fue inmediato para los dos. Dijimos ‘claro, ahí está la cosa’. A partir de ahí lo agarramos con todo el rigor y toda la seriedad que el caso amerita, dejamos de imaginar y nos pusimos a investigar, a explorar, a hablar con profesionales y adolescentes. Hablé con muchas de nuestro querido barrio, estuve en varias salitas de salud donde van muchas adolescentes de clases populares, casi marginales. Y ahí hubo un hecho que me llamó mucho la atención. Descubrí la cantidad de adolescentes que deciden convertirse en madres, que deciden no abortar. Me costaba entenderlo desde mi mirada de hombre de 50 lejano de esa adolescencia, una distancia generacional y de género. Entendí que muchas veces, en esas realidades tan duras, sin perspectiva de futuro, muchas adolescentes deciden seguir adelante con el embarazo y ser madres. A veces como forma de protección, a veces como proyecto personal de vida. Me hizo preguntarme quien es uno para juzgar si está bien o mal convertirse en madre. Eso fue la clave para entender cómo tenía que contar la película. Es ella la que tiene que tomar la decisión, entonces es ella la que nos va a contar su historia. Por eso la película está contada toda desde el punto de vista del personaje, porque entendí que yo debía desaparecer y correrme para que Ely nos hable.

¿Cómo lograste meterte en la piel del personaje con las distancias que ella tiene con vos?
Investigando, leyendo, entendiendo, conversando con alguien. Me fui nutriendo para poder entender un poco a ese personaje y su universo. Pero yo ya partía con ventaja, porque ese universo tenía mucho que ver conmigo. Esa familia, esos departamentos, esos colegios, ese barrio. Yo un poco la conocía, muchas de mis amigas y de mis amigos de la adolescencia son de ahí. Lo que hice después fue incorporar otros detalles más sutiles que también uno las transitó. Tal vez no en el cuerpo pero sí desde otro lado. Entendí que yo debía desaparecer para hacer solidario con el punto de vista y despojarme de cualquier tentación. La que decide lo que tiene que decidir, de acuerdo a su mirada del mundo, a su realidad, a su madre, a sus amigas, a su colegio, es ella. Y de ahí también viene el final. Y aunque no lo vamos a revelar, quiero decir que ahí también se jugaba algo que tenía que ver con mi propia opinión sobre el embarazo y el aborto. Yo sentía que no podía intervenir tampoco en el final, sino era echar por la borda todo lo que había contado hasta ese momento.

La historia se cuenta y logra transmitir todas las sensaciones que transcurre el personaje a través de los silencios. ¿Por qué tomaste esa decisión?
Lo tenía claro ya desde la escritura de guion, quería contar ese conflicto interno casi sin verbalizarlo. No por una cuestión estética, es una decisión que tiene que ver con este personaje, con esta historia en particular. Ella no puede ponerle palabras a lo que le pasa, no alcanzan las palabras. Habla cuando tiene que hablar, pero después se queda tratando de entender y de decidir. En ese universo en el que vive no tiene con quien hablar, le pasa de todo pero está contenida. Si estuvieras adentro de ella verías un volcán. Cada película tiene una forma, un tono, una manera. Después está mi mirada y mi modo de entender eso que quiero contar.

¿Cómo encontraste a Mora Arenillas, la actriz que interpreta a Ely, y cómo fue trabajar con ella?
Hice un proceso de casting con María Laura Berch, que es especialista en chicos y adolescentes. Empecé con mucha anticipación a buscar a Ely y lo loco fue que Mora apareció muy al comienzo, y me encantó pero la descarté porque era muy chica, tenía 15 años. Seguimos buscando durante un año y medio pero había algo que no sucedía. Después de ese tiempo la volvimos a llamar a Mora y cuando vino ya estaba grande. Era Ely. Ahí no tuve dudas, casi te diría que la estuve esperando inconscientemente todo ese año y medio. Ahí empezamos a trabajar en ensayos, en conocernos. Para mí es importante tener un vínculo personal, no sólo con los actores sino con el equipo. A Mora le expliqué cómo era que yo entendía la película, cómo la quería contar, cuál era el tono. Trabajamos mucho esta idea de no verbalizar pero que la cosa se te vea, te tiene que pasar en el cuerpo. Ella es tan grosa que hizo un trabajo que no se puede creer. No podría haber encontrado a alguien mejor. Hizo un trabajo de una sutileza, y de una complejidad a la vez, tremendo. En esas escenas del colectivo a ella le pasa de todo, no necesito ni media palabra. Eso es Mora, el trabajo que hicimos y María Laura que fue clave para encontrar ese tango tan sutil que necesitaba la película. Mora es el alma de Invisible, Mora es la película.

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