Matías E. González
26/02/2018 11:05

EscribiendoCine dialogó con Joaquín Cambre, director de Un viaje a la luna (2017), largometraje que cuenta la historia de Tomás, un joven que está entrando en la adolescencia y debe lidiar con los diferentes problemas amorosos, escolares y familiares. A raíz de los conflictos, planea una travesía a la Luna como vía de escape. “La película representa el inicio de mi carrera como cineasta. Si bien ya soy un adulto, me siento un adolescente en el cine”, sostuvo.

Un viaje a la luna

(2017)

Un viaje a la luna es una película que combina la ciencia ficción con la realidad concreta ¿cómo surgió la idea del film? ¿tomaste referencia de alguna experiencia real o surgió netamente de tu imaginación?
La idea básicamente llega de la nada y me costó mucho entender de dónde había aparecido. Hace poco me di cuenta que la adolescencia a mí me marcó en el sentido en que decidí ser director de cine. Cuando me iba mal en el colegio, cuando no estaba entendiendo bien cómo era la cuestión de la escolaridad y de la adolescencia, entre los 13 y 14 años, decidí que esa era mi verdadera vocación. Ya lo sabía de alguna manera, pero ahí empecé a pedir una cámara, a hacer mis primeros cortos. Una película que representara esa edad era algo que yo necesitaba contar. Me di cuenta después de hacerla básicamente porque cuando apareció la idea, dije: “¡La tengo que escribir!” Contraté una guionista, la escribimos juntos en dos meses y la hicimos muy rápido.

En si no es una película autobiográfica, no habla de mi historia, sino todo lo contrario. Mis padres siempre me apoyaron y fueron un soporte muy importante para mi carrera, mi vida, para todo. Yo nunca tomé ninguna medicación, ningún psicofármaco. Pero sí el quiebre de la adolescencia, en mi caso, fue para decidir hacer cine.

Toda experiencia tiene sus particularidades, en este caso se trata de tu debut como director de largometraje ¿cuáles fueron los principales desafíos de Un viaje a la luna?
El desafío que quizás fue el mayor, y que no lo tenía tan ejercitado, era trabajar con actores, con diálogos, con escenas difíciles, con escenas con conflictos, y me sentí realmente muy cómodo. No solamente eso sino que descubrí lo que era la actuación y lo que eran los actores para las películas, como que antes para mí los actores eran respetables, gente que uno necesita, que trabajas en conjunto. Pero me di cuenta, después de filmarla, que son el alma mater de las películas, la esencia. Descubrí un poco lo que es la actuación. El otro desafío también muy grande de la película fue contarla con el punto de vista de un chico de 13 años y ser totalmente fiel.

Si bien el film se trata de tu ópera prima, ya tenes una vasta experiencia como director de videoclips de reconocidos artistas como Gustavo Cerati, Tini o Fito Páez, ¿hubo alguna herramienta en particular del videoclip que pudiste utilizar a la hora de encarar tu película?
Si, a nivel práctico, no a nivel estético. Si bien la película tiene algunas cuestiones musicales, y la música es muy importante, a nivel práctico el videoclip me sirvió para tener mucho ejercicio de filmar rápido, de no dudar cuando uno filma. En mis videoclips cuento historias, son como cortos, tengo que hacerlo en un día, tener bien centrado lo que quiero y transmitirlo a un equipo. A veces en los primeros films cuesta trasmitir a un equipo cosas que uno quiere. Hacer una película en cuatro semanas hubiera sido imposible sin mi experiencia con los videoclips, por eso agradezco tener ese bagaje.

Ángelo Mutti Spinetta interpreta al preadolescente Tomás, quien debe afrontar los diferentes obstáculos de la etapa que le toca atravesar ¿qué aspectos tuviste en cuenta para su elección como protagonista de la historia?
Me acuerdo que cuando escribía el guion decía: “Nos tiene que enamorar el actor para convencernos”; y la verdad que después de cuatro meses de casting ninguno nos enamoraba, pero sí ya teníamos cuatro que decíamos: “¡Estos pueden ser!”. Cuando apareció Ángelo, que ya era el último a las siete y media de la tarde, en el último día donde teníamos que elegir, llegó e hizo un casting zarpado. A las ocho dijimos: “¡Es él!”

Ángela Torres, a quien también dirigiste en su primer videoclip musical, presenta un cambio de look y estilo para su personaje Iris ¿cómo fue su convocatoria?
Su personaje tenía que ser como una Christina Ricci pequeña. De esos personajes que uno siempre se enamora, que son irreverentes, siempre están jugando con la ironía, tienen una belleza en particular, rebeldes. A Ángela le encantó y lo trabajamos así. Ella se enamoró del personaje y todavía lo ama. Es más, me llamó y me dijo: “¡Cómo extraño ese momento, Ángelo a esa edad y yo a esa edad!”. Tiene una química con el personaje de Ángelo que se siente natural, se hicieron muy amigos y eso fortaleció mucho.

Todos los actores se comprometieron a un nivel increíble. Hoy en día siguen muy enganchados. Eso me llena en cierta parte.

La película presenta los diferentes estados que atraviesa el protagonista de la historia ¿qué elementos tuviste en cuenta para desarrollar esto?
El atractivo principal era contar cómo es la cabeza de este personaje. El narrador de la película es él, arranca con su voz en off. Su locura es lo que hace que la película se salga de las casillas. Eso para mí es maravilloso porque la locura, para mi entender, es el disparador de la creación, del arte, es salir del molde y ahí rompes algo que molesta y que fascina.

La película ahonda mucho en la etapa del final de la pre adolescencia y los inicios de la adolescencia ¿cómo sintetizarías esta etapa en tu vida?
La verdad que es una etapa que nunca es recordada como algo maravilloso, son momentos horribles, en donde uno ya no es más un chico. Yo me acuerdo que no me interesaban las chicas, las mujeres, no tenía la libido puesta en lo sexual ni en la atracción. Estaba totalmente vinculado con hacer cine, animación con muñecos de plastilina. Estaba con eso y con otras cosas también re locas que no tenían que ver necesariamente con el cine. Estaba enganchado con la locura y la creación, y muy poco con la realidad.

Jugando con el título, ¿cuál fue tu vía de escape en la adolescencia, y cuál es en la actualidad?
Mi vida de escape ahora es irme al Caribe de vacaciones (Risas). En ese momento era el cine, hacer cine. Yo desde los 12 años que hago cosas cortos. En ese momento llevaba a escondidas al colegio la cámara que me había regalado mi padre y filmaba sin que me dejaran. Según me dicen mis viejos, yo a los ocho años dije que quería ser director de cine. Una rareza porque ni sabía qué quería decir.

Un viaje a la luna compitió en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en donde obtuvo los premios de “Mejor Ópera Prima Argentina” y “Mejor Música de Película Nacional” ¿Qué balance haces de tu paso por el festival? ¿Qué expectativas tenes para su estreno comercial?
Las funciones que fui estuvieron buenísimas, las salas llenas, aplausos, comentarios de gente que se sintió muy identificada con la película. El caso del premio de ópera prima, es un premio físico importante que banca toda la post producción de sonido y de imagen de mi próxima película, ¡no se puede creer!, es zarpado, es increíble que te reconozca un jurado. Puede querer decir mucho o poco, pero sirve. Aparte también la gente dice: “Ah mira ganó premio en el Festival de Mar Del Plata, ¡vamos a verla!” Todo sirve para que la vea más gente. Es un objetivo, no le saco el ojo a eso. Para mi es importante que la vea mucha gente distinta, que opinen. Es una película que, yo creo, da para ver más de una vez, tiene muchas lecturas.

El hecho que el largometraje se haya presentado en festival, previo a su estreno comercial en salas ¿brinda alguna seguridad extra en cuanto a la recepción del producto por parte del público?
Ayuda que la vean críticos, hagan notas, críticas, devoluciones, y ya te acostumbrás a que te puedan venir piñas, caricias, ninguneos o lo que fuera, que es lo que pasa después en el cine. No espero que mi película le guste a todo el mundo, ni siquiera espero que le guste al 50% de la gente, pero con que un 20% de las personas se sientan conmovidas o representadas por algo del film, ¡ya está! Porque esta película tiene una búsqueda experimental, no es una obra maestra del cine. Es experimentar hasta poder transmitir cada vez mejor lo que quiero.

¿Qué representa Un viaje a la luna en tu vida?
Hoy día representa mi mayor desafío, mi entusiasmo está puesto ahí. Sé que va a ser mi primer película siempre y realmente me siento muy comprometido con ella. Representa el inicio de mi carrera como cineasta. Si bien ya soy un adulto, me siento un adolescente en el cine. Estoy aprendiendo cosas, tengo un largo viaje… o no tan largo (Risas).

En cuanto a tu presente y futuro en la industria audiovisual ¿Estás desarrollando algún proyecto nuevo?
Ahora estoy terminando filmar un videoclip del grupo musical CNCO. Sigo desarrollando mi carrera de videoclip porque es la que de alguna manera me da el ejercicio, más allá de vivir de eso o no, me da la cancha de poder filmar, de poder probar. Yo hay cosas que hice en Un viaje a la luna que había probado antes y funcionaban. Armar una nave espacial con un presupuesto de 100 mil pesos, cualquier productor o director diría que es imposible. Yo ya había armado cosas parecidas, entonces podía.

La segunda película que estoy haciendo tiene que ver con la locura y con la inmigración, un tema más duro, más político. Es un thriller psicológico con solo tres personajes y una locación que es un lavadero de ropa. Ese es el disparador.

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