Matías E. González
21/02/2018 21:11

Hay géneros y subgéneros cinematográficos que aparecen con mayor frecuencia en los largometrajes argentinos que se estrenan cada semana en las diferentes salas. Sin embargo, la comedia negra policial no es uno de esos casos, y allí es donde surge el atractivo inicial de la película Mala vida (2017), codirigida por Mad Crampi y Fernando Díaz, y que tiene entre sus protagonistas al actor Joaquín Berthold, quien interpreta a Julián, un ladrón que descubre que no hay rosas sin espinas. EscribiendoCine conversó con el artista sobre su experiencia en el film y su presente laboral, entre otros temas. “Puedo vivir de lo que me apasiona que es actuar, no soy prejuicioso, me pongo el chip y la remera del proyecto y salgo a divertirme”, sostuvo.

Mala vida

(2017)

UNA COMEDIA ENTRE BALAS

La historia se enmarca en la ciudad de Buenos Aires iluminada por colores intensos, en la que habitan personajes marginales y se desencadenan pasiones urgentes. Por un lado, Heidi (Belén Chavanne), la estrella de música pop, está desaparecida y el país entero la busca. Marc (Lucio Greco) y Paolo (Sebastián Muñíz) descubren a la artista y su bolso, el cual funciona como la solución a sus problemas económicos e idean un misterioso plan. Por otro lado, la joven Lola presenta rasgos idénticos a Heidi y es la enamorada del ladrón de autos Julián (Joaquín Berthold). En tercer lugar, el extraño delincuente Acuña (Maximiliano Ghione), pretende secuestrar a Lola y hacerla pasar por la famosa cantante para pedir un fabuloso rescate. Los tres caminos conducen a una misma ola de caos y violencia en el espacio urbano.

“Me encanta el género porque lo consumo, me gusta verlo, y no se hace en Argentina. Lo genial sería que tenga difusión, que ese es el gran problema en nuestro país, nosotros estrenamos una película y si a las dos semanas no metió la cantidad de personas que tenía que meter, vuela. Pero yo creo que Mala vida es una de esas películas que pueden crear fanáticos, hay todo un nicho de gente al que le encanta este tipo de cine”, comentó Berthold.

El ingreso de Joaquín a Mala vida ocurrió tras superar una particular audición para la que había sido convocado por Mad Crampi y Fernando Díaz, directores del largometraje. “Me decía Crampi que estaba buscando a un Clint Eastwood argentino, parece gracioso pero es así. Pusieron la cámara y lo tenía que ver a Mad, lo miré un rato largo hasta que en un momento me dijo '¡Sos vos!' Y ahí nomás arrancamos”, recordó el actor.

El rodaje tuvo una duración aproximada de cuatro semanas. Al ser un film codirigido, cada uno de los cineastas se abocó a diferentes posiciones, mientras Fernando Díaz se encargaba del cuidado de los planos y la estética de la película, Mad Crampi conversaba con el reparto sobre la composición de sus personajes, entre otras funciones que cumplían ambos. Berthold elogió la disposición de los directores para escuchar las diferentes propuestas.

Si bien la película está integrada por una variedad de personajes, Joaquín compartió la mayoría de sus escenas con otra de las protagonistas del film, la actriz Belén Chavanne, quien encarna a dos personajes diferentes a lo largo de la película. “Nos llevamos muy bien. Cada uno puso su construcción. Belén se transformó para crear dos personajes, tenía ese riesgo que estaba bueno transitar. En las escenas con ella, nos congeniamos y entendimos”, destacó.

UN PERSONAJE AMBIGÜO

Joaquín interpreta a Julián, un hombre cuya principal actividad consiste en robar autos y se muestra rudo frente a quienes se le acercan. Sin embargo, todo cambia cuando está con la chica que ama, Lola, quien logra que Julián exprese el amor que se esconde tras su coraza. “Jugué todo el tiempo con la ambigüedad de mi personaje, de ser vulnerable con ella y al instante ser sumamente violento con el resto”, explicó el actor.

Respecto a la incorporación de alguna actitud o rasgo propio en el sujeto ficticio del film, el artista aclaró que los personajes siempre tienen algo suyo y ese es el sello que los distingue entre que los haga él u otros actores, tiene que ver con la subjetividad propia y con la sensibilidad puesta. Berthold declaró que no es “actor del método”, sino que cree más en la intuición y en la energía de cada personaje. “Trato que cada uno tenga una energía particular y en este personaje hay algo de pesado que, inconsciente o conscientemente, mi intuición me llevó a hacer algo que le servía a la película”.

“Julián es muy parco, no es un tipo sociable. Creo que si me lo cruzara no hablaría mucho con el chabón. Porque su mundo pasa por dos o tres cosas y él va en esa dirección. Viéndolo desde afuera preferiría que sea más mi amigo que mi enemigo”, afirmó el actor entre risas.

RECORRIDO FESTIVALERO

En la previa a su estreno comercial en salas, Mala vida participó en la Sección Las Venas Abiertas dentro del 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata e integró la Competencia Internacional en el 18º Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), que es el Festival Internacional de Cine de Terror, Fantástico y Bizarro. A través de dichos certámenes, el largometraje dirigido por Crampi y Díaz tuvo su primer acercamiento con el público.

“En el BARS llevé mucha gente amiga, a mi mujer, a mis viejos. Quería ver también la repercusión en mis padres, que les encanta el cine y tal vez uno tiene prejuicios de que les guste otro tipo de películas, y la pasaron genial. Quedaron todos encantados con la peli. Es muy festiva y vuela, la pasas bien mientras la ves, no tenes que atar muchos cabos ni reflexionar mucho sobre lo que va sucediendo. Tiene color, la música de The Tormentos, actuaciones que me parecen que están buenísimos. Acá los ves a todos jugando y arriesgando, sin miedo a ningún tipo de prejuicio, sino a favor de la película”, resaltó.

En el caso del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Berthold se presentó con tres largometrajes de diferentes géneros: Mala vida (2017); Corralón (2017) dirigida por Eduardo Pinto; y Natacha, La Película (2017), de Fernanda Ribeiz y Eduardo Pinto. “La repercusión de cada película fue buenísima. La gente que ama el cine, le gusta ir y ver cosas distintas, la predisposición es hermosa”, describió.

RECONOCIMIENTO MUNDIAL

Matías Lafontaine en Violetta (2012-2015) y Gary López en Soy Luna (2017-2018) y Juacas (2017-2018) son los personajes a través de los cuales Joaquín es parte de la infancia de millones de niños y niñas alrededor del mundo, que consumen dichos fenómenos televisivos creados por Disney.

El actor ya era conocido en muchos países por su rol en el ámbito deportivo, debido a que durante años fue el arquero de Los Leones, la Selección Masculina de Hockey Sobre Césped de Argentina. Sin embargo, a raíz de su actuación en los diferentes productos audiovisuales de Disney, alcanzó un grado de popularidad increíble en el público infanto juvenil, no solo a nivel local sino también internacional.

“Este público tiene cariño sano e incondicional, amor puro y está buenísimo que eso suceda. Tiene que ver con que sos parte de su casa, de su comida, de sus sueños. Disney pone mucho hincapié en hacer lo que uno desea, romper con los moldes de los mandatos, toca fibras muy lindas a los chicos y vos sos parte de eso, sos un eslabón de esa cadena inmensa”, contó. “Yo iba a atajar a Alemania y tenía a cincuenta chiquitos atrás del arco cantándome canciones de Violetta. Hay cosas que suceden que son mágicas, estar haciendo un proyecto acá en Argentina y que de repente estás en el mundo y te digan 'Maty de Violetta'”, valoró.

Joaquín analizó la falta de telenovelas argentinas dirigidas al target infantil. “Algo que pasa con nuestra idiosincrasia, es que asociamos que si es un proyecto infanto juvenil como que es de menor calidad de lo que sería una tira en el prime time, pero son proyectos enormes. También es muy complejo hacerlo, y hacerlo bien”, postuló. “Es increíble que en este país, con la capacidad y la calidad que tenemos para crear, no hayamos hecho desde nosotros. Porque Disney se hace acá pero es internacional”.

El actor expresó que la tira televisiva nacional “más juvenil” que se emite actualmente es Simona (2018), protagonizada por la actriz Ángela Torres, y que el hueco dedicado a las ficciones orientadas a los más pequeños, que en su momento ocuparon los productos de Cris Morena, hoy en día está vacío. “Tal vez porque ya no deseen competir con Disney, piensan que no lo pueden hacer, y soltaron ese lugar porque saben que la gente en las casas pone Disney. No sé bien cuál es la formula ni por qué no se quiere arriesgar para ese lado”.

AGENDA COMPLETA

“Mi mayor virtud, más allá que creo absolutamente en la formación, tiene que ver con la libertad de juego, ahí está la capacidad de ir sin prejuicios y arriesgar. Puedo vivir de lo que me apasiona que es actuar, no soy prejuicioso, me pongo el chip y la remera del proyecto y salgo a divertirme”, reflexionó sobre el momento de la elección de sus trabajos.

En lo que refiere a la industria cinematográfica, en Semana Santa se estrenará un film del que formó parte, Natacha, La Película, basado en los libros de Luis Pescetti y considera que “la va a romper toda, va a ser emblemática para los chicos”. Mientras que en pocas semanas comienza con el rodaje de Bañeros 5, donde se pondrá en la piel del villano.

En cuanto al ámbito teatral, Joaquín actualmente se presenta de viernes a domingos con la elogiada y exitosa obra El Ardor, dirigida y protagonizada por Luciano Cáceres, además de contar con las actuaciones de Valentina Bassi y Santiago Magariños. Por otro lado, prepara el unipersonal La Historia de Van Gogh, escrito por su hermana Florencia Berthold y dirigido también por Cáceres.

Respecto a la pantalla chica, el actor estrenará la tercera y última temporada de Soy Luna en marzo, en la que será el malvado absoluto, y viajará a Brasil para filmar la segunda temporada de Juacas, ambos productos pertenecientes a Disney.

A pesar que el entrenamiento ya no es el mismo por cuestión de tiempos, continúa jugando hockey en su club. Berthold logró articular las profesiones de actor y arquero y destacó las similitudes entre ambas, como lo referido a lo lúdico y el trabajo en equipo; y a su vez, marcó la principal diferencia: “En el deporte vos ganas o perdes, no atajas el penal y te vas a tu casa. El arte es subjetivo, yo no le puedo gustar a todo el mundo”, concluyó.

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