Matías E. González
16/01/2018 01:39

Hay películas que impactan en las personas no solo durante el tiempo de proyección en la pantalla grande, sino que su mensaje continúa presente en la mente de los espectadores por tiempo indeterminado. Esto ocurre con 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute, 2017), dirigida por Robin Campillo, en la que el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart interpreta a Sean, un activista de Act Up Paris que gasta su último aliento en la lucha para generar conciencia sobre el SIDA y combate contra la indiferencia general. EscribiendoCine conversó en exclusiva con el artista sobre su trabajo en el largometraje francés, los principales desafíos y las repercusiones del film. “Lo interesante de la película es que hace más preguntas que respuestas, no te da un mensaje claro sino que te confronta a muchas situaciones injustas, de valentía, que pueden quizás modificar la manera en que uno ve las cosas”, sostuvo.

120 pulsaciones por minuto

(2017)

UNA HISTORIA COMPROMETIDA

Los acontecimientos presentados en 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute, 2017) se contextualizan en principios de los años 90 en Paris, Francia. Un grupo de jóvenes activistas de Act Up Paris pelea por los derechos de las personas con SIDA y se moviliza para que la sociedad reflexione acerca de la enfermedad que avanza matando a miles de personas. Nathan (Arnaud Valois), libre del virus del HIV, se sorprende cuando descubre la radicalidad y energía de Sean (Nahuel Pérez Biscayart), que utiliza sus últimas energías en la lucha. El amor surge entre los jóvenes, quienes se acompañan en las situaciones más duras de sus vidas.

“El guion me pareció espectacular, lo leí de un tirón. Me pareció increíble el nivel de detalle, de sutileza, de humor, de delicadeza con la que estaban escritos los diálogos. Me impactó mucho también el movimiento que había, como las escenas se encadenaban, que es un poco lo que se ve en la peli, osea que en ese sentido el guion es muy sincero en relación a la película terminada”, destacó el Nahuel.

La llegada del actor al largometraje se dio a partir de referencias por su trabajo en films franceses previos. Las directoras de casting de 120 pulsaciones por minuto lo habían visto actuar anteriormente en Au Fond Des Bois (En El Fondo Del Bosque, 2010) de Benoît Jacquot y sugirieron su nombre al director Robin Campillo. Por otra parte, el cineasta consultó a su amiga y colega Rebecca Zlotowski por Pérez Biscayart ya que ella lo había dirigido en Grand Central (Grand Central, 2013) y conforme con el trabajo del actor, también lo recomendó. Ambas circunstancias, sumadas a los comentarios de contactos intermedios, generaron en Campillo las ganas de conocer al actor argentino.

“Leí el guion, charlamos y empezaron los castings, que fueron unas cuatro etapas más o menos. Robin no buscaba simplemente a un actor o a una actriz sino que buscaba justamente poder armar esta familia, esta constelación que se ve en la película, para lo cual necesitaba cruzarnos unos con otros y ver qué ocurría en esos encuentros cuando nos ponía juntos en escena”, explicó el actor.

EL PROCESO DE INVESTIGACIÓN

Act Up (Coalición del SIDA Para Desatar El Poder) se refiere a una asociación creada en 1987 en la ciudad de Nueva York y dos años más tarde fundada en Paris. El colectivo parisino, que es el representado en la película, busca la visibilidad de la lucha contra el SIDA mediante distintas acciones directas, y continúa su actividad actualmente. Act Up Paris ha desarrollado diversos actos para lograr diferentes objetivos tales como: la introducción en los colegios para transmitir el mensaje de la protección sexual hasta la invasión de laboratorios para presionar a grupos farmacéuticos por sus intereses económicos, entre otras acciones.

El director del film, Robin Campillo, el coguionista Philippe Mangeot y el productor Hugues Charbonneau, fueron miembros de Act Up Paris, por lo que transfirieron a los actores del largometraje las distintas historias de la asociación a partir de sus vivencias personales. “Estuvimos constantemente con una intimidad de primera mano al estar trabajando con personas que habían sido militantes en la época”.

“El hecho de que la historia sea basada en hechos reales implicó que tuviéramos acceso a mucho material documental”. Nahuel leyó varios libros, uno de ellos fue escrito en primera persona por Didier Lestrade, el primer presidente cofundador de Act Up Paris, que “cuenta toda la génesis de la asociación en el cual uno puede escuchar la sonoridad de la época: cómo se hablaba, con qué palabras, las tensiones entre los personajes, el humor”. Además miró material audiovisual sobre la asociación en el contexto histórico que se ubica el film y un documental estadounidense titulado Silverlake Life: The View From Here (1993), sobre una pareja de seropositivos que se filman mutuamente a medida que la enfermedad los desgasta. “El documental me sirvió para entender a qué punto la enfermedad puede consumir un cuerpo en términos reales. Tuve así como un golpe muy claro de a qué punto se te deteriora el cuerpo”.

“Nunca hubo responsabilidad histórica ni de imitar ni de reproducir una época de manera realista, es más que nada como un encuentro entre dos generaciones: la de esa época, que vivió lo que vivió, que tomó las acciones que tomó, que luchó como luchó; y la nuestra que se apropia un poco de esa energía, de esa pulsión de la época, tuvimos la libertad de crear y generar lo que nos salió a partir de nuestra experiencia”, aclaró el actor. “Ningún personaje está basado 100% en un persona, todas son inspiraciones más que nada energéticas para poder componer esta asociación muy heterogénea, en la cual cada persona venía de un lugar muy diferente, de una clase social diferente, un origen diferente”, agregó.

NUEVOS DESAFÍOS

Nahuel Pérez Biscayart personifica a Sean, un joven infectado con el virus del HIV, que forma parte del grupo activista Act Up Paris. Allí lucha contra la indiferencia política y social ante la presencia de una enfermedad que avanza matando a miles de personas. El actor debió superar desafíos en diferentes terrenos para la interpretación de su personaje.

“Uno fue el francés, porque hablo bien pero nunca había actuado en una peli con tanto texto, sobre todo en situaciones de debate, de múltiples personajes. Tenés que estar muy afilado en la velocidad de discurso, ahí hubo todo un trabajo con un fonético y gracias a él pude mezclarme y subirme a la ola grupal”, resaltó.

A nivel físico, Nahuel llevó a cabo una dieta que lo hizo descender alrededor de siete kilos en un lapso de 15 a 20 días. “Fue muy dura porque corté carbohidratos, azúcares. Estuve bastante débil, perdiendo peso, despertándome a la mañana con hipoglucemias. Eso te aísla un poco de la vida y del mundo, aunque en ese sentido por supuesto ayudó a la ficción que estábamos contando. El alejamiento mismo del equipo del rodaje que por ahí ellos comían juntos y yo me tenía que aislar un poco porque no podía comer, de igual manera que el personaje también se aísla y aleja”. Respecto a la pérdida de peso y los cambios corporales, Nahuel explicó: “Te impone una realidad muy fuerte. Ya estando en ese lugar físico, imaginarse o proyectarse en situaciones de enfermedad o cercanas a la muerte se facilita bastante”.

En cuanto a la construcción psicológica de Sean, el actor contó que “se fue preparando más que nada al entender la manera valiente de esta gente para poder hacer de la enfermedad un hecho político, visual, performático, simbólico”.

“Desde lo actoral cada escena fue un desafío porque la verdad no hay ninguna que sea fácil, o en la que vas a comprar un kilo de papas. Todas tienen una cierta complejidad, ya sea desde el timing, desde el aspecto emocional, desde la representación de la enfermedad hasta la encarnación de la misma. Eran secuencias que nos daban un poco de miedo y que nunca sabes a qué punto las vas a poder hacer o no”, declaró.

Cada personaje deja una huella en la vida de los actores y las actrices. En el caso de Nahuel considera que hay algo del film que lo transformó, pero aún no puede poner en palabras en qué consistió dicha modificación concretamente. El actor que dio vida a Sean reconoció que: “La película me hizo abrir aún más los ojos hacia la gente que está en situaciones de vulnerabilidad, a la gente que no es mirada ni escuchada. Me hizo aprender un montón acerca de lo que es HIV/SIDA, que si bien era consciente no tenía tantísima información. Después constatar que lo único que puede permitir evolución social es la unión colectiva y es la fuerza del grupo, que ya lo sabía, pero vivir la experiencia aunque sea desde la ficción siempre confirma determinados conocimientos”.

RODAJE CRONOLÓGICO

La filmación de la película se desarrolló en orden cronológico, lo que permitió a los actores ir acumulando muchas vivencias. La estructura del film se divide en dos grandes partes: en la primera los personajes de la asociación son personas que se exponen y vuelven visible el conflicto; mientras que en la segunda, los actos públicos desaparecen y dejan una ausencia, a partir de la cual aparece una realidad más íntima y dolorosa.

“La primera parte es más colectiva, actuada, porque el discurso de la asociación está puesto al servicio de la acción, imaginan acciones públicas, todo está puesto en 'cómo vamos a hacer pasar nuestro discurso, nuestro mensaje a los ojos de los medios, para que llegue a la sociedad', que la sociedad gire los ojos y se haga cargo de esta gran epidemia que tanto se está pasando por alto. La segunda parte es bajar justamente toda esa actuación, dejar en ese vacío emerger la ausencia de esa familia que te sostiene y dejando que esta imposibilidad de proyectarse hacia un futuro cobre carne: en el vaciamiento de la mirada, en la respiración, en el peso del cuerpo y en la enfermedad que va avanzando”, describió.

Sean comienza una relación amorosa con Nathan (Arnaud Valois), quien observa cómo su pareja se involucra y se compromete con la lucha, sin conocer que detrás de esa apariencia Sean vive un duro deterioro físico. El casting de Nahuel con Arnaud también consistió en la búsqueda de la conexión y la química entre sus personajes, el funcionamiento del uno frente al otro. “Hicimos algunas improvisaciones y algunas escenas más de texto. Hubo algo físico que por suerte se dio bastante fácil, como una suerte de hermandad o de confianza física que nos permitió abordar el vinculo, con sus diferencias energéticas. Creo que hubo algo en esa diferencia que generó algo bueno para los personajes”.

LA EXPERIENCIA CANNES

120 pulsaciones por minuto participó del prestigioso Festival de Cannes, donde fue galardonada con el Gran Premio del Jurado, además de ser una de las películas más renombradas debido al impacto que había generado en los espectadores. “Fue una gran sorpresa, fue todo muy repentino. Habíamos terminado la película en octubre/noviembre de 2016 y en mayo del 2017 nos encontramos en Cannes en la competencia oficial”.

“Estuvo todo el equipo de la peli porque al haber sido rodada de manera cronológica fue un inicio muy colectivo que se fue desmembrando, entonces al final fuimos quedando pocos. Cannes fue como una celebración de esa aventura tan íntima, tan intensa que habíamos vivido pocos meses antes, pudimos exponerla ante los ojos del gran público y ver las reacciones”, recordó.

En cuanto a las repercusiones del largometraje en el público, Nahuel comentó que fueron diversas debido a que se trata de una película “multicapa”, ya que cuenta con numerosos personajes, variados vínculos, muchas subhistorias que se van desprendiendo del gran ensamble que integra el film. La película llegó a la gente de manera íntima, lo que generó que algunos espectadores no pudieran asistir a la fiesta de Cannes porque se quedaron llorando en la vereda durante horas, o gente que concurrió a la función por la mañana y tuvo que cancelar todos sus compromisos vespertinos.

“Hay enfermeras o médicos que me escriben diciendo que a partir de ahora se involucraron en Act Up o en otras asociaciones de lucha por los derechos de determinados enfermos; gente joven que quiere militar aunque sea en otras cosas para modificar la realidad en la que vivimos; chicas jóvenes que nos dicen que les parecen increíbles las escenas de sexo entre hombres, lo cual me parece espectacular porque quiebra con el tabú que el sexo gay puede ser solo entre mujeres para ser vistas por un hombre heterosexual, sino que también pueden haber escenas entre hombres que pueden ser vistas por mujeres heterosexuales y que también sean excitantes”, describió el actor. “Gente muy grande, conmovida, nos dice que esta película era muy necesaria. Esa época fue muy dura, ya sea por gente que la vivió en carne propia o con amigos, o justamente la parte de la sociedad que no quería ver, que no podía ver o que prefería no ver, y de golpe se dieron cuenta de la gravedad a la que puede conllevar el no ver o el ser cómplice desde el silencio”.

El protagonista del largometraje definió a 120 pulsaciones por minuto como un largometraje que habla acerca de la vida, del amor, de la juventud, de la enfermedad, de la muerte, de la lucha, de la supervivencia y de la unión. “Lo interesante de la película es que hace más preguntas que respuestas, no te da un mensaje claro sino que te confronta a muchas situaciones injustas, de valentía, y que pueden quizás modificar la manera en que uno ve las cosas”, concluyó el actor.

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