Juan Pablo Russo
13/01/2018 14:51

Editor del sitio Taquilla Nacional y fundador de la distribuidora Rusty Robot, Mariano Oliveros acaba de lanzar Yo (no) veo cine argentino (Editorial Autores de Argentina), un libro que analiza el mercado del cine nacional y brinda una serie de pautas para lograr que los espectadores se interesen por las producciones locales. "Desde mi espacio intenté armar un libro que sirviera de guía honesta y basada en datos duros, para que la gente no creyera que era un “Yo creo que…”", afirma en una charla con EscribiendoCine.

Los olvidados

(2017)

"Yo no veo cine argentino" es una frase repetida sistemáticamente por buena parte de los espectadores que menosprecia o, al menos, no siente la necesidad de ver representantes de su propia cinematografía. En los últimos años de a poco se fue revirtiendo la tendencia, pero aún falta un largo camino por recorrer.

Mariano Oliveros, analista de marketing y de mercado cinematográfico, desgrana los motivos que llevan a que el espectador argentino no le dé una oportunidad a su propio cine; expone en detalle cuales fueron los grandes cambios culturales que se dieron en la última década en el consumo audiovisual, y más importante, cuales son las oportunidades a aprovechar en el panorama actual de la producción y exhibición cinematográfica.

¿Qué te llevó a escribir un libro sobre la relación del público con el cine argentino?
Me fascina el cine desde muy chico. Pero no sólo a un nivel creativo, siempre me interesó el saber el detrás de la escena de la industria. Pasaban los años y la información acerca de cómo se gestaban las películas a nivel industria seguía siendo una información que sólo manejaban los productores. Al día de hoy, muchos directores no saben cuánto cuestan sus películas ni cuanta gente las ve. Y también me di cuenta que había muchísimos preconceptos equivocados por parte de los realizadores así como de parte de los espectadores o estudiantes. Cuestiones referidas a géneros, estilos más convocantes, patrones de conducta y de consumo en distintas partes del país. Y ni que hablar en temas vinculados con el diseño y armado de los materiales de comunicación. Desde mi espacio intenté armar un libro que sirviera de guía honesta y basada en datos duros, para que la gente no creyera que era un “Yo creo que…”.

¿Por qué el mito de que el público no ve cine argentino?
El cine argentino genera muchas actitudes encontradas. Cuando hay películas que gustan, el espectador promedio las disfruta. Pero no hay una mirada de “veo cine argentino, no todo; sólo el que me interesa”. Que de hecho es lo que hacemos todos con cualquier cinematografía. Pero lo cierto es que no hay un concepto que genere empatía con el espectador. El espectador de cine de autor francés o italiano no suele ver cine de autor nacional (y ahí están las cifras en las que una película X francesa siempre vendió el doble o el triple de una similar argentina). Pero en términos más comerciales, cuando una película nacional logra generar empatía con el espectador ya sea a través de su trama o personajes, ahí funciona muy bien y la gente se muestra más abierta. Sí creo que hay un problema en cuanto a la manera de contar historias ya sea de manera autoral o comercial, que no suele condecir con los ritmos a los que el espectador de una película comercial norteamericana o de autor europea está acostumbrado a ver.

¿Por qué si algunas películas funcionan bien, otras que por ahí son mejores les va tan mal?
Para empezar, hoy en día se perdió la costumbre de entrar a un cine a “descubrir” una película. Hoy se hace eso en internet y por lo general con series. Con el acceso a internet y la disminución de los tiempos de lanzamiento en pantallas virtuales, el espectador busca reducir el riesgo y asegurarse que si va a pagar, sea por algo que le dé una satisfacción casi garantizada. No es sólo para lo comercial, sino para el cine de autor también. Y mucha gente que “iba al cine” (o sea, ir al cine como ritual varias veces al mes) ahora se refugia en sus casas. Y la gente que sale a pagar por una entrada por lo general sale a pagar por ver ESA película que quiere ver. Ya casi no hay espacio para el boca en boca ni para el descubrimiento, sencillamente porque esas actitudes se toman en los medios virtuales.

Por eso lo importante es tener en cuenta algo que muchas veces no se quiere admitir. La gente no es tonta. Sencillamente va a elegir lo que más seguridad de satisfacción inmediata le vaya a dar.

¿Los productores muchas veces prefieren que a las películas les vaya mal, sino no se entiende por qué muchas veces ni los que trabajamos de esto nos enteramos de algunos estrenos?
No sabría decirte si hay gente que quiere que le vayan mal a sus películas. Sí sé que hay gente que filma una película y a esta altura del partido no sabe cómo se maneja el sistema de distribución, comunicación y lanzamiento. Y también hay muchos realizadores (productores y/o directores) que saben que no tienen una buena película (o al menos no la que ellos esperaban) y prefieren estrenar en silencio para cobrar el subsidio y hacer de cuenta que nada nunca pasó.

¿Hay público para siete u ocho películas argentinas estrenadas superpuestamente?
No. Básicamente porque el público que mira cine argentino está compuesto, en su gran mayoría, por un mismo grupo: mujeres y parejas de mediana edad. Si se estrena una película familiar, y una de cine de autor y una de género, no hay inconveniente. Porque apuntan a públicos distintos. Pero tres dramas de autor argentinos comparten audiencia y la gente va a elegir aquella que le llame más la atención por sobre las otras. El tema es que obviamente se le suele dar espacio a las películas nacionales en la temporada baja de estrenos norteamericanos. Pero hasta eso está cambiando. Antes los tanques (nacionales e internacionales) se estrenaban de mayo a agosto (el verano norteamericano. Ahora, salvo algunos meses puntuales, hay lanzamientos fuertes a lo largo de todo el cronograma. Ya no hay un “período ideal” para el cine nacional como antes era marzo-mayo, agosto-septiembre.

¿De qué manera se compite con un tanque que se estrena en 400 pantallas? ¿Se puede luchar contra esto o es una batalla perdida?
Mamá se fue de viaje le ganó a Spider-Man: De regreso a casa, Transformers: La era de la extinción, Cars 3 y quedó sólo por debajo de Mi villano favorito 3 en julio. Argentina no genera constantemente producciones que tengan capacidad de rendir lo que deberían si se estrenan en más de 100 pantallas. Hoy, si se estrena en más de 40 pantallas se necesita SÍ O SI apoyo multimedia para la comunicación, sino son salas que quedarán vacías. Una película mediana en 20 o 30 salas si puede rendir mejor o peor con el apoyo básico de comunicación (vía pública, prensa y algo de redes). Pero sin televisión o amplias campañas multimedia, estrenar en más de 50 salas es suicida.

¿Cómo se corrige esto en un país que estrena 200 películas por año cuando la cuenta daría una cada día y medio?
Todo depende de la relación costo beneficio. Si una película cierra las cuentas con 3.000 espectadores, no veo un gran problema. Pero si se estrenan cinco películas que necesitan más de 20.000 espectadores para llegar a un punto de equilibrio, pues el mercado no podrá con esa oferta. Ahora, en términos de la oferta al espectador, es el verdadero problema. La edad de los que más consumen cine en el cine se reduce cada vez más (más de la mitad de las entradas de cine del país se venden para películas familiares o que apuntan a un target de 25 años para abajo), mientras que las propuestas nacionales cada vez más se centran en propuestas que consumen las personas de mediana edad para arriba (de 40 en adelante). Tanto en cuanto a renovación de actores, de temáticas y de apertura de géneros, se va a tener que trabajar en esos tres temas en conjunto, independientemente de las cuestiones comerciales de exhibición y distribución.

Sos un gran analista de la taquilla, ¿cómo ves la curva de los últimos años respecto al cine argentino?
El cine argentino duplicó sus ventas en este último quinquenio. De 2012 para atrás, el promedio anual de ventas era de 3.500.000, con años excepcionales donde se vendían entre 4.500.000 y 5 .000.000. En 2013, 2014 se vendieron más de 7 millones de entradas, y más de 6 millones en 2015, 2016 y 2017. Una distribuidora como Disney estrena más de una docena de títulos por año, desde tanques hasta películas medianas y pequeñas como El faro de las orcas o Madraza. Pero hay muchas películas industriales que ven como el mercado se les reduce cada vez más. Antes una película fracasaba con 10.000 o 20.000 espectadores mientras que ahora es un éxito si logra cruzar esas barreras.

¿Cuál es el género que más ha crecido según los números?
Las comedias han aumentado mucho, tanto producciones pequeñas, medianas y grandes. Las películas de género, las de terror, también. Faltan algunos géneros que suelen vender bien cuando son propuestas de afuera como los thrillers, los policiales y el suspenso. Se hacen, pero no al nivel que deberían ya que son lo que más consume, además de las comedias, el público de mediana edad que es, precisamente, el fuerte del cine nacional.

¿Cómo ves al cine argentino en medio de la crisis que lo está afectando? ¿Va a caer la producción y por ende la taquilla?
Seguramente caerá la producción pero no la taquilla. Lo cierto es que el top ten de las más vistas vende el equivalente al 80 por ciento del total de las entradas que corta el cine nacional. Pero obviamente ningún país puede depender sólo de sus tanques. Porque los costos de los tanques van en aumento, y por ende la necesidad de venta. Si los tanques no funcionan bien (como le sucedió a muchos de los que se estrenaron en 2017) ahí si se hunde la taquilla y el negocio deja de cerrar para todos.

El año pasado también te estrenaste como distribuidor, ¿ahora ves el negocio de otra manera?
Veo que los espacios de difusión para el cine nacional se abren si se encuentra la manera de generar interés en los medios con la propuesta que uno presente. Algunas multisalas se muestran bastante abiertas a exhibir cine argentino siempre y cuando les sirva para cumplir la reglamentación de la cuota de pantalla. Lo cierto es que algunos exhibidores nacionales son mucho más duros para estrenar una película argentina que, digamos, Hoyts. Y hay muchas salas más pequeñas que defienden mucho al cine nacional, en especial las propuestas más de género y autor. Pero nadie va a estrenar películas argentinas por el simple hecho de hacer un “compre nacional” y me parece bien. Hay películas que se filman sin un propósito en mente más que el de satisfacer el deseo de la persona que las hizo. No veo porque un cine debería invertir tiempo y dinero en algo que se hizo sin respeto por la persona que va a terminar pagando para verla.

¿Es negocio distribuir cine argentino independiente? Y no lo pregunto solo por los números sino también por la lucha con los exhibidores, los productores, los directores…
Hay una lucha constante entre todos los actores en los que los malos son siempre los otros. Y lo que descubrí es que todos tienen razón en un punto en muchos casos. En mi caso en particular no acepto películas para hacerle favores a nadie, y si acepto una película es para trabajar al máximo dentro de las posibilidades. Yo no le voy a decir a un documentalista de estrenar en 10 salas porque es obvio que no va a pasar. Y tampoco veo el sentido en conseguir 20 salas, si la mitad van a ser a las 2 de la mañana en Tierra del Fuego y en La Quiaca. El negocio, en realidad, no es la taquilla para nadie, salvo para las majors o las independientes más grandes.

¿Cómo distribuidor cuál es el plan para 2018?
Tenemos el estreno fuerte de Los olvidados de Nicolás y Luciano Onetti, que, además de su estreno en salas comerciales, ya vendimos a casi una decena de países (incluyendo un estreno en cines en Japón) y a Netflix. Hay un par de películas independientes de género que son muy atractivas para hacer salidas cuidadas. Y tenemos un par de proyectos de término medio para lanzar. La idea es ir creciendo y cumplir las expectativas que uno sabe puede cumplir con cada película.

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