Juan Pablo Russo
14/12/2017 14:45

En Algo Fayó (2017) Santiago García Isler focaliza sobre la figura de Pablo Fayó, una joven promesa del comic de los años 80 que en medio del éxito abandonó todo para dedicarse a cantar tangos en bares porteños, mientras su entorno de amigos, familiares y colegas se sigue preguntando el ¿por qué?. "Me parece que Fayó se convirtió en un personaje de historieta para ir surfeando las distintas instancias en las que se fue encontrando, sobre todo las que lo incomodaron un poco", dice el realizador en una charla con EscribiendoCine.

Algo Fayó

(2017)

¿Por qué elegiste a Pablo Fayó como protagonista de tu nueva película?
Conocí a Pablo en el 85, 86, más o menos. Él era amigo de Podeti, un compañero mío de teatro. En esa época compartíamos los eventos juveniles, las fiestas, los recitales y esas tonterías que tanto nos gustaban. Y los grupos se mezclaban mucho. Pablo siempre fue muy carismático. De todas maneras en ese momento no imaginaba que iba a proponerle, 30 años después, hacer una película sobre él.

Pero la verdadrera responsable de la idea fue Matilde Michanie, la prductora con la que hicimos A vuelo de pajarito (2014). Ella me propuso que hicieramos una segunda película. Le conté una idea que incluía a varios dibujantes que conocía, y rápidamente ella detectó que de todo el grupo, el que tenía una serie de características extraordinarias o cinematográficas, era Pablo Fayó. Simultáneamente, yo estaba leyendo el libro Bartleby y compañía, de Antonio Vila-Matas, y me pareció que Pablo podía tranquilamente haber estado en ese listado de Bartlebys. Digamos que ese fue el punto de partida. Surgió como un experimento.

En varios momentos del relato él sostiene que no quiere hablar de su vida privada, ¿cómo lograste hacer una película sobre la vida de alguien que no quiere hablar sobre eso?
No fue fácil al principio. De a poco, con un equipo con el que entró en confianza y se sintió seguro. Tanto con el DF Carpo Cortés como con el sonidista Abel Tortorelli, trabó amistad genuina. Hubo mucha afinidad. Entonces se fue comprometiendo más con la película y fue aceptando mostrar diferentes facetas de su vida. Me decía: “Y… si es bueno para la película, hagámoslo…” Lo encaró como un favor que me estaba haciendo a mi, pero con gusto. Y no lo pasamos nada mal.

¿Cuánto tiempo estuviste filmando hasta conseguir las respuestas a la pregunta inicial que mueve este relato?
Filmamos cinco meses e hicimos un parate para editar un borrador, que quedó bueno. Le conté los resultados a Fayó y armamos una lista de “asuntos pendientes” de los que todavía no habíamos grabado nada o casi nada. Y hubo una segunda etapa, otros cinco meses más o menos. Fuimos al Tigre a un cumpleaños familiar, grabamos en la pensión un par de veces más y también entrevistamos a Mora Fayó y a Marina Bendersky, la madre de Mora. A esta altura Pablo ya me increpaba por que según él, yo dejaba lo mejor de la película afuera. Me decía "¿Esto supongo que lo dejarás?"

¿En algún momento pensaste que era imposible llegar a un final?
Tenía esa inquietud. Por suerte lo grabamos en una clase que dio en el espacio Sísmico, y ahí él planteó que tenía un tema especial con los finales, una suerte de bronca con los finales. Y cuenta una de las historias de Agapito, la de la puerta. Al salir del evento me crucé con Mora que estaba presentando su fanzine La toalla azul y le conté la idea para el final de la película. Como a Mora le gustó, lo probamos. Y es el final que está en la película. Pablo y Agapito abriendo la puerta y saludando.

¿Sentís que lograste un comic documental?
No creo. Sí me parece que Fayó se convirtió en un personaje de historieta para ir surfeando las distintas instancias en las que se fue encontrando, sobre todo las que lo incomodaron un poco. El extremo es cuando grita en la escena final, que necesitamos un actor para que la hiciera correctamente.

¿Cómo trabajaste la estructura narrativa de la película? Me llama la atención para bien que los montajistas aparezcan como guionistas, ¿ellos fueron una pieza decisiva en el armado final?
Al comienzo del montaje, César Custodio y Julia Straface, hicieron varias propuestas diferentes que se fueron probando. Discutímos si convenía mostrar de entrada la condición de dibujante y cantante de tango, o mantener el lado dibujante un poco oculto hasta que la película avanzara en la otra dirección. O al revés. El asunto es que en determinado momento nos inclinamos a los capítulos o “momentos”, separados con viñetas que funcionaran un poco como anclajes en lo que sucedería luego. Son dibujos con una título, que corresponde a una frase que dice Fayó en el momento que estamos por ver.

Al armar la presentación del proyecto fue importante Horacio López que se la puso al hombro, junto a Matilde. Después se sumó Podeti, también fundamental a la hora de proponer diferentes instancias que fuimos grabando. Por ejemplo, la idea de que había que encontrar los originales de la historieta Pamela y el extraterrestre, en plan misterio fue de él. Y también su presencia le daba mucha tranquilidad a Pablo. Cuando le comentaba alguna idea me decía: "¿Y Esteban que dice? ¡Ah! ¿Lo propuso él? Perfecto".

Y sí, efectivamente los montajistas fueron decisivos no solo en los diferentes armados iniciales, si no también en el guion final. En el último tramo grabamos cosas que resultaron muy importantes que surgieron de propuestas de ellos dos. Me pasó algo parecido a lo que me pasó con Miguel Colombo en A vuelo de pajarito. Yo les proponía o les contaba alguna idea que tenía en relación a determinada escena, y ellos la mejoraban de manera contundente. La verdad es que aprendí un montón con los tres.

Tu obra documental parece estar atravesada por personajes disimiles en un punto pero con cierta grado de conexión en otro, ¿hay un diálogo planteado entre tus películas o es algo que aparece naturalmente?
Gracias por lo de “obra documental”, no creo que sea para tanto. Diría que los tres trabajos que encaré, el de Alejandro Chomski, el de Rogelio García Lupo y el de Pablo Fayó, se dieron de manera natural. Con Ale somos amigos desde los doce años y siempre me pareció que su vida corría por un carril distinto al del resto de los humanos que conocía. Rogelio tuvo una vida muy cinematográfica si se quiere y fue lo que intenté hacer y de Fayó me resultó atractiva su decisión de abandonar el plan o el camino que se supone había para él: trabajar de dibujante, publicar, ganar dinero, comprar cosas, etc…

También puede ser que haya cierto dialogo como decís. Los tres son muy carismáticos y se ubicaron en lugares muy originales para hacer sus cosas.

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