Camila Molteni
14/12/2017 14:06

Después de su paso por la Semana de la Crítica en el 70 Festival de Cannes y su estreno nacional en el marco del 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, lo nuevo de Fabio Grassadonia y Antonio Piazza Luna, una fábula siciliana (Sicilian Ghost Story, 2017), uná fábula sobre el caso de Giuseppe Di Matteo, un adolescente secuestrado por la mafia siciliana, se estrena en las salas comerciales de nuestro país."Fue después de este hecho que el Estado italiano realmente decidió intervenir a nivel militar y luchar contra las mafias a un nivel mucho más serio, pero sólo después de este hecho por el impacto que tuvo en la opinión pública", sostiene Grassadonia en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Luna, una fábula siciliana

(2017)

Has contado en una de las proyecciones de la película en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que la historia de Giuseppe Di Matteo les obsesionaba mucho tanto a vos como a Antonio Piazza. ¿Cómo es que legó a ustedes?
Antonio y yo somos de Palermo, crecimos en los años 80 y 90 en Sicilia. En esos años el poder de la mafia era total. El secuestro de este chico a mediados de los años noventa cerró ese período de la peor manera. Fue después de este hecho que el Estado italiano realmente decidió intervenir a nivel militar y luchar contra las mafias a un nivel mucho más serio, pero sólo después de este hecho por el impacto que tuvo en la opinión pública.

Ahora bien, ¿por qué se transformó en una obsesión? La mafia obviamente ha cometido muchísimos horrores y de eso no hay duda, pero ¿por qué este hecho tenía características especiales para nosotros? Porque Giuseppe Di Matteo estuvo secuestrado en una situación similar a la de un campo de concentración. En ese tipo de encarcelamientos no solamente se destruye el físico del prisionero sino que se va lentamente horadando su psicología y su espíritu. Cuando un ser humano ya fue privado de su dignidad, su humanidad y finalmente ha perdido su fuerza física, matarlo es simplemente deshacerse de él, el último paso.

Todo cayó en el más absoluto silencio, y con los años la historia de Giuseppe fue olvidada. Esto a nosotros nos provocaba una furia terrible y necesitábamos dedicarle algo de una forma inesperada, a él.

Finalmente decidieron contar esta historia no como un documental sino como una ficción fantástica ¿Cómo fue el proceso hasta llegar a la mutación de la historia y por qué se tardó tanto tiempo?
Nosotros nos fuimos de Sicilia después de habernos graduado y empezamos a trabajar como guionistas. Durante diez años trabajamos de eso y nos hartamos de trabajar para otros porque no podíamos hacer nada realmente significativo. Sabíamos que si queríamos contar historias más personales teníamos que hablar de lo que nos había ocurrido de jóvenes en Sicilia. Pensamos en el caso de Giuseppe Di Matteo pero no sabíamos cómo contar la historia. Lo que sí sabíamos era que no queríamos contarla a través de una lente realista y contar el horror tal cual había ocurrido porque ese horror no da ninguna posibilidad de redención ni de esperanza para nadie. Queríamos que contar esta historia de dolor nos permita abrir posibilidades inesperadas.

Cuando estábamos haciendo la preproducción de nuestro primer film Salvo (2013), leímos un cuento corto de Marco Mancassola llamado Un cavaliere blanco, en el que sin traicionar la historia real de lo que ocurrió, el autor genera una invención fantástica de una compañera que permite una posible esperanza para la protagonista pero también para la víctima de este horror. Nosotros necesitábamos hacer un acto de amor para con Giuseppe, queríamos dedicarle esta película a jóvenes como él que necesitan encontrar la esperanza, y creo que la fábula de amor era la clave para generar esto.

El sonido en la película es muy importante para generar suspenso, miedo y otras emociones que se transmiten a través de distintas escenas. ¿Cómo lo trabajaron?
El diseño sonoro es esencial para nosotros siempre, tanto en nuestros cortos como en nuestro primer largometraje. Pero en esta película fue la primera vez que utilizamos el sonido como un comentario. El sonido lo que hace es interpelar lo que vemos y en cierta forma hacer que lo que pensamos que estamos viendo no es realmente eso, insertamos algo diferente, que visibiliza lo invisible. Se construye con él el fuera de campo: se crean ambientes y estos ambientes contienen personajes que van evolucionando por el sonido.

Dentro de esta fábula un elemento fundamental es el mundo natural: el agua, el bosque, los animales, la naturaleza. Lo que hacíamos con el ingeniero de sonido, más allá del registro que tomábamos en la escena en sí, era quedarnos días y días en cada uno de los lugares porque, por ejemplo, el bosque tiene un sonido a la mañana distinto al del medio día, al de la tarde o al de la noche. Al escuchar todos los sonidos al final de rodaje nos dimos cuenta que las voces de la naturaleza podían cuadrar con la evolución de la historia. Nosotros queríamos que todo el film tuviera un impacto tanto sensorial como emotivo.

Luna, una fábula siciliana contiene una cruza de géneros, ¿cómo la definirías vos?
La estructura básica es la fábula clásica, la de los Hermanos Grimm. Hay diferentes tipos de fábula: la fábula negra, la historia de fantasmas y la fábula de amor, como la de Romeo y Julieta de Sicilia. Esto no es para edulcorar o suavizar el impacto de la historia verdadera, porque gracias a esta construcción que le damos con tono de fábula creo que el impacto termina siendo más violento de lo que le sucede a este niño. La fábula nos permitió fusionar el aspecto humano y el aspecto moral sin caer en contar cada detalle de lo que ocurrió.

¿Qué significó para vos formar parte del 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y estar en el país antes del estreno de la película?
Para nosotros era muy importante venir a la Argentina porque, por tradición, es un país que tiene muchísimas cosas en común con Italia. Queríamos entender el impacto que iba a tener en el público nuestra película. El relato es un poco distante en Italia en cuanto a lo que se quiere contar, y Argentina se acerca un poco más. Creemos que, por los resultados que tuvieron las dos proyecciones en las que estuvimos presentes, la calidez del público y la recepción de la crítica, nuestro paso por Mar del Plata confirmó el potencial que tiene este film para llegar a un público bien amplio.

¿Conoces cine argentino? ¿Tenés algún director argentino que te haya influenciado?
Antonio y yo vamos a muchísimos festivales y nos gusta ver mucho cine alternativo, no el típico que uno vería en cualquier lado. Además enseñamos cine en muchas universidades y escuelas europeas. Lucrecia Martel es una de las autoras que más utilizamos como inspiración y que más enseñamos, especialmente La mujer sin cabeza (2008). Es un texto que analizamos escena por escena y cuadro por cuadro. Martel es una persona que nos ha influido mucho artísticamente, todavía nos queda por ver Zama (2017).

Comentarios