Matías E. González
04/12/2017 11:07

EscribiendoCine dialogó con Mariano Galperín y Román Podolsky, directores de Todo lo que veo es mío (2017), película que cuenta las vivencias de la estrella dadaísta Marcel Duchamp en la ciudad de Buenos Aires en el marco de la Primera Guerra Mundial. El film compitió en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. “Al no contar con un presupuesto holgado tuvimos que agudizar el ingenio. Las opciones por la austeridad y algo de minimalismo fueron clave”, sostienen los cineastas en exclusiva.

Todo lo que veo es mío

(2017)

La película tiene como personaje central a Marcel Duchamp, reconocido mundialmente cómo el creador del arte conceptual ¿cómo surgió la idea de hacer una película sobre su estadía en Buenos Aires? ¿qué los atrajo de la figura de Duchamp?
Fue una idea de Mariano Galperín, quien convocó a Román Podolsky para escribir y dirigir juntos la película. Nos interesaba la posibilidad de indagar sobre un aspecto poco conocido del gran artista francés, Duchamp, relacionado con Buenos Aires. Siempre hubo un halo de misterio alrededor de esa estadía, que dejaba un terreno lo suficientemente amplio y ambiguo como para llenarlo de imaginación. Se trataba del desafío de reconstruir e inventar una etapa perdida de la vida de Duchamp en una ciudad que ya no existe tal como era entonces. La apuesta de mostrar su mirada irónica, humorística e inteligente sobre una ciudad que en ese momento comenzaba a dejar de ser una gran aldea.

El contexto histórico en el que se desarrolla el relato refiere a las primeras décadas del siglo XX ¿qué desafíos debieron afrontar al llevar a cabo una película “de época”?
Al no contar con un presupuesto holgado tuvimos que agudizar el ingenio. Las opciones por la austeridad y algo de minimalismo fueron clave. Y también haber conseguido algunas locaciones de época que ayudaron mucho a darle el marco adecuado a la película. Sumado a ello, algunos exteriores “atemporales” permitieron completar la propuesta visual. Por último, algunas decisiones formales, como la cámara fija, el uso del blanco y negro y lo acotado de ciertos planos también contribuyeron a generar el clima de época buscado.

El idioma del film es el francés en correspondencia inmediata con el artista central del film ¿hubo alguna dificultad durante el rodaje con respecto a este componente?
Los actores protagónicos, Michel Noher, Malena Sanchez y Julieta Vallina aprendieron sus partes en fonética francesa. Luego fueron doblados por actores franceses para que al ser escuchados en la pantalla no hubiera riesgos de verosimilitud. Los tres fueron muy profesionales y mostraron disponibilidad y entusiasmo para asumir el desafío de expresarse en una lengua que no es la suya.

Michel Noher interpreta a Marcel Duchamp y Malena Sanchez a Yvonne Chastel¿en qué se basaron para la selección de los protagonistas?
En el caso de Duchamp buscábamos cierto parecido, pero también una expresión inteligente, elegante y atenta. Buscábamos además una actitud de distancia frente a la realidad, una cierta mirada irónica y humorística. Cuando nos entrevistamos con Michel enseguida nos dimos cuenta que teníamos al actor para Duchamp. Malena Sánchez, por su parte, aportó la dosis de frescura, juventud y desparpajo necesarios para complementar con la energía de Michel. Siempre pensamos que sería una pareja que se divertía, en la que juntos lo pasaban muy bien. Y creemos que ese juego entre ellos, esa relación lúdica se expresa claramente en la película.

El espíritu artístico de Duchamp no aparece solo la historia de Todo lo que veo es mío sino también en los aspectos técnicos del film ¿qué criterios utilizaron para la estética?
Duchamp es el creador de los readymades. En términos de contenidos, hay en la película ciertas “apropiaciones” o “citas” que hicimos, inspirados por esa clase de procedimiento que él inventó.

Desde el punto de vista formal hay otro concepto de Duchamp que es el de “infraleve”. Se trata de todo detalle mínimo, que pasa desapercibido y/o al margen de lo que supuestamente llama la atención. Puede ser el modo en que un almohadón se infla cuando el que estaba sentado en el sillón se para. O la forma en que el vapor de una taza se eleva, o las sombras de una cortina sobre la pared vacía del departamento. En esa clase de detalles, que inspiraban mucho a Duchamp, basamos nuestra película. Por cierto, el uso de cámara lenta y de unos planos muy cortos ayudó a captar esta clase de imágenes.

El largometraje participó de la Competencia Argentina en la edición 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ¿cómo vivieron la experiencia de competir en dicho festival?
Lo vivimos con una gran alegría. La participación en un festival tan importante nos honra y es muy propicio para la película. Estamos muy contentos de haber participado junto a otras películas argentinas de tanto nivel.

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