Camila Molteni
02/12/2017 17:48

Luego de su paso por el 65 San Sebastián y el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Ulises Rosell estrenó Al Desierto (2017) con Valentina Bassi y Jorge Sesán, su primera ficción luego de diez años trabajando en el cine documental. "En este tipo de películas como Al Desierto, que tiene muchos elementos de género pero no lo es, la búsqueda es mucho más difícil porque no tenes parámetro", dice en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Al Desierto

(2017)

Al Desierto es tu primer trabajo de ficción en más de diez años. La última ficción que habías hecho fue la serie policial 9mm (2007) junto a Marcelo Larraquy. ¿Qué fue lo que más disfrutaste de volver a filmar una película de ficción?
Es una construcción muy diferente a la que es el documental, obviamente. Para mí era un desafío porque la última vez que había hecho algo de ficción fue en la televisión, algo que apenas se vio. Eran cosas de género, que es algo que me encanta, pero que de alguna forma te facilita un montón de caminos. Cuando hacés género te metés en una construcción en la que ya sabés para dónde tiene que ir todo y el desafío consiste en cuánta pericia tenes vos en lograrlo, o en matizar eso sin que se desdibuje. En cambio en este tipo de películas como Al Desierto, que tiene muchos elementos de género pero no lo es, la búsqueda es mucho más difícil porque no tenes parámetro. No hay un modelo de película en la que te puedas pegar. Yo empecé por delimitar una familia de películas que me interesaban y que tenían que ver con el desierto, pero no son una gran guía estética. Fui construyendo un verosímil. Es una historia que tiene elementos del policial, del western, de drama y sin embargo tampoco es eso, sería muy reduccionista hacer la lista. Creo que me gustó eso de esta película: ir encontrando la forma mientras se iba concretando.

¿Cómo es que decidiste trabajar esta historia?
Hace muchos años me enganché leyendo mucho sobre la frontera del indio, la tensión que había en la convivencia entre la cultura occidental y los aborígenes en el siglo XIX. En eso me interesaron unos relatos de cautivas, y lo que me inquietó era que no siempre las cautivas querían volver. Incluso cuando se organizaban negociaciones de rescate, ellas voluntariamente a veces se querían quedar. Me parecía increíble que haya algo que te parta la vida de tal forma de que por más que te ofrezcan volver a la situación anterior vos digas ‘ya no tengo a donde volver, soy otra persona, me estalló la identidad’. Otra cosa que me interesó fue que ellas no estaban atadas ni encerradas, sino que estaban sueltas y que el secuestro consistía en trasladarlas y que sean ‘la mujer de’ a la fuerza. Y esto se daba porque las distancias eran gigantes y el tiempo de recorrido era irremontable. La diferencia de destreza con la que cabalgaban los indios y cabalgaban los blancos, siendo una época en la que los blancos cabalgaban, era tan grande que aunque alguien se escapara y recién a los dos o tres días se dieran cuenta, lo alcanzaban igual. No había forma de escaparse y era ese cautiverio al aire libre. Me parecía una situación maravillosa dramáticamente. Todo eso me volvió cuando fui a la Patagonia, cuando conocí Comodoro Rivadavia de casualidad. Cuando te empezás a meter en la meseta es todo desierto, no crece nada, se muere todo y te ponés a pensar ‘acá es imposible sobrevivir’.

Cuando tuviste esta idea, ¿no se te pasó por la cabeza hacer una película de época? ¿Trabajar en la historia de las cautivas sin llevarlo al presente?
Cuando estuve allá me encontré con que casi todo patagónico tiene un pequeño tesoro de sus entradas a la meseta. Te muestran puntas de flecha y te muestran los lugares en los que los indios se reunían a tallar las armas, las puntas de flecha y las lanzas. Eso me dio una presencia muy fuerte del pasado. Parecía que todo había ocurrido hace muy poco y se podía actualizar de manera natural. No era tan loca la situación de estar completamente aislado. Cuando te metés en el desierto tenés que ir con alguna persona del lugar porque es muy peligroso meterse. Y mismo el lugareño avisa a dónde va y a qué hora vuelve porque si te llegas a quedar ahí, te vas a quedar días y días, porque probablemente no pase nadie durante semanas. Yo lo sentí, está lleno de tipos que sobreviven ahí y no era loca la idea de que alguien haga un cruce.

En la película retratás con mucha intimidad la relación que tiene un secuestrador con la víctima. ¿Cómo hacés para contar esa historia y no tomar partido?
Yo creo que sí tomo partido. Creo que todos somos un poco buenos y un poco malos, ninguno de los personajes es tan puro. Me parece que la tipa está ahí en el borde, quiere buscar algo en la vida y no sabe bien qué carajo es. Pareciera que estaba medio insatisfecha con su vida, y cuando la pasa por encima todo esto, hay algo por descubrir. Ella tiene esa pulsión de meterse en el peligro. Me parece que si todo esto le sucede a una tipa que no tiene ninguna ambigüedad, es una víctima absoluta y es un drama. Acá hay una especie de predestinación. Yo prefiero verla así a la historia. Nada es tan universal ni unívoco, eso a mí me interesa.

En la construcción de los personajes, ¿ya imaginabas que los interpretarían Valentina Bassi y Jorge Sesán? ¿Cómo fue la elección?
Me imaginaba más el personaje de ella porque de arranque, cuando empecé con la idea de una historia patagónica, pensé enseguida en Valen. Era una oportunidad para hacer una película que teníamos muy postergada, queríamos la experiencia de laburar juntos. Con el personaje de él me costaba muchísimo. Estaba seguro de que tenía que ser alguien que yo me crea que se puede meter en la naturaleza, cazar, cocinar un bicho y decir ‘acá no nos morimos’. Fue importante cuando lo vi a Jorge en La araña vampiro (2012), de Gabriel Medina. Ahí él hacía un personaje que me sorprendió porque era la primera vez que lo veía tener mucho desarrollo después de muchísimo tiempo en el que lo veía en apariciones casi de bolos. Es un tipo que tiene mucha verdad en pantalla, logra con una aparición muy cortita generar algo muy intenso. Siempre me impactó esa actuación y me quedó todos estos años.

¿Cómo fue el trabajo con ellos durante el rodaje?
En esta película no no ensayamos. Me parecía que tenía que haber una conexión con el entorno. Lo que le pasa a los personajes es muy desconcertante, quedar a la intemperie y luchar contra el factor viento, sol y sed. Ellos no se conocían. Yo no quería que se genere un código previo. Por lo menos en el arranque. Me parecía que si íbamos a filmar un secuestro, ¿para qué carajo lo íbamos a ensayar? Es una situación de "arreglatelas como puedas". Quise usar esa carta. Conociéndola a Valen, yo sabía que iba a querer charlar con el elenco y repasar la escena, pero yo quería cero complicidad. Que eso ocurra después, cuando sea inevitable, pero no lo fomentemos.

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