Juan Pablo Pugliese
08/11/2017 17:17

Liebig (2016), la ópera prima de Christian Ercolano, se centra en los trabajadores del frigorífico que conoció su esplendor en los albores de la Segunda Guerra Mundial. “Desde siempre me imagine un relato coral, al ser la historia de vida de un pueblo lo mejor es que la cuenten ellos mismos y de la manera más fresca y natural, como si la cámara no existiese para ellos”, dice en una charla con EscribiendoCine.

Liebig

(2016)

¿Cómo surge la idea de realizar un documental sobre Liebig?
En un viaje de vacaciones, conocí el pueblo y algo de la fábrica que estaba por cerrarse para los turistas y ya estaba muy deteriorada. Una antigua fábrica de extracto de carne, creada con capitales ingleses a principios de siglo XX y que cerró en 1980. Fui a una especie de museo con antigüedades y objetos de la fábrica y del pueblo. Lo atendía una persona, que me contó maravillas del pasado y del trato de los ingleses con los empleados. Eran recuerdos de hace más de 30 años pero estaban muy frescos en su memoria, y pensé "acá hay algo", esta construcción sobre ese pasado tan maravilloso es al menos motivo de investigación.

¿Cómo fue el proceso de investigación y cuánto tiempo les consumió hasta que empezaste a filmar?
Fuimos con los guionistas, Gustavo Intrieri y German Loza, a hacer preproducción: ver otros pobladores, ver si querían contar a cámara su historia y tratar de sacar algunas premisas para trabajar. La idea era filmar un documental independiente.

En ese viaje conocimos a tres personas, que nos contaban la historia del pueblo desde distintos puntos de vista, uno obrero, otro capataz y el otro contador de la firma, pero todos coincidían con la idolatría de tintes paternalistas hacia los ingleses que habían creado una especie de Estado de Bienestar con su mega fábrica y su pueblo dentro de la misma. Así que esa coincidencia en sus relatos nos determinó la pregunta: ¿cómo construyen la identidad como pueblo? Ahí descubrimos que el pueblo toma su posesión como tal poco tiempo antes de la retirada de los ingleses. Toda una forma de sobrevivir. El proceso de filmación se produce en 2 etapas, un primer registro en 2008, con ese armamos un mediometraje que tenía la temática desarrollada pero le faltaban mas narradores y más construcción simbólica para hacer la historia más dinámica. Luego en 2012 nos presentamos  concurso de quinta vía del INCAA y lo ganamos y con eso terminamos el rodaje. El problema que tuvimos fue que, teniendo en cuenta la edad avanzada de las personas, muchos habían perdido algo de movilidad y su aspecto había cambiado, así que el material no se pudo utilizar en su totalidad y muchas veces solo pudimos utilizar el audio del registro

¿Qué dificultades encontraste a la hora de rodar?
Desde siempre me imagine un relato coral, al ser la historia de vida de un pueblo lo mejor es que la cuenten ellos mismos y de la manera más fresca y natural, como si la cámara no existiese para ellos.

El problema fue que ya los habían ido a entrevistar de la TV y muchos de ellos ya estaban “preparados” para la cámara. Ya estaban “con el casette puesto”. Así que nos pusimos de acuerdo con todos los integrantes del equipo en grabar esas entrevistas formales a las que estaban acostumbrados, e inmediatamente después establecer una charla más informal, ubicándolos frente a cámara con la excusa de sacarles algunas fotos y ahí logramos un registro más espontáneo. Fue fundamental la complicidad con Alejandro Reynoso, cámara y DF de Liebig, para lograr este registro.

¿Cómo eligieron a los entrevistados?
No solemos llamarlos entrevistados porque nos planteamos el registro desde el lugar de construcción de personajes en acción. A ellos los elegimos por las ganas de contar su historia. En general no tuvimos problemas, salvo una vez que fuimos a una charla ya pactada y la mujer del poblador nos dijo enojada que "ahora no quería hacerla porque nosotros nos vamos y después él se queda mal por hablar de los recuerdos". Nunca supimos si realmente había dicho eso, porque lo habíamos notado muy entusiasmado con la idea de la charla.

Otra característica de la elección era tener personajes complementarios: el más simpático, el señorial del tipo inglesito, el sindicalista, otro más emotivo y solitario. Nos paso que armamos un muy lindo vínculo con ellos, hasta el montajista, que nunca los vio personalmente, me dijo, ya pasado un tiempo del final del montaje, que los extrañaba. A mí me paso lo mismo. Gente muy querible y que al verlos en la película logran empatía en el espectador.

Una de las características del documental es que no cuenta con una voz en off. ¿Esta idea estuvo presente desde el comienzo?
Sí, desde un comienzo, ya que como es una historia de una sociedad, lo mejor es que la cuenten ellos mismos, sin la presencia de ninguna voz "divina" que los interprete o los malinterprete.

Es verdad que hay manipulación con los audios en el montaje, pero siempre manteniéndose fiel a lo que transmitían en las charlas.

En algún momento del montaje, ante la dificultad de armar un relato coherente con todos los testimonios que teníamos, barajamos la posibilidad de un off locutado pero para mí hubiese sido un fracaso desde lo narrativo. Al final con Juan Pablo Docampo la peleamos en la sala de montaje y, con la construcción de islas de sentido temático, logramos darle forma al relato.

Liebig tiene un fuerte contenido nostálgico pero en ningún momento cae en golpes bajos. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre los recuerdos de tiempos más felices y un presente incierto?
Liebig es la historia de una nostalgia, y como toda nostalgia tiene componentes amargos y otros muy dulces, pero no impide al que la siente construir un presente y un futuro posible. Como el que se empeña en la reparación de su auto ya casi obsoleto, o el que puede acariciar un perro callejero y proyectar su propio ser, o el que fantasea con un futuro lleno de esplendor inmobiliario para Liebig. Todas esas construcciones creativas le dan la esperanza necesaria para no sumirse en la nostalgia.

El documental tuvo su estreno el año pasado en el Festival de Mar Del Plata y recién un año después llega a las salas ¿Qué dificultades encontraste para su estreno comercial?
Básicamente hay muchas películas y pocas salas para estrenarlas. Al ser mi primera obra, estoy muy contento de poder estrenarla en las dos salas más importantes para el cine independiente: Malba y Espacio INCAA Cine Gaumont.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Nada que ver con Liebig. Una ficción sobre una historia de violencia desatada que lleva a una tragedia. Algo livianito. No puedo decir más, si querés en seis meses hablamos (Risas).


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