Camila Molteni
03/11/2017 13:18

En La muralla criolla (2017) Sebastián Díaz cuenta la construcción de la zanja de Alsina en 1876. Mediante diferentes recursos como la animación, la documentación histórica y testimonios como los de Osvaldo Bayer, Marcelo Valko y otros investigadores, recrea un hecho fundamental de nuestra historia. "La temática es conocida simplemente de nombre en la historia argentina. No hay mucha información en los manuales escolares ni en los libros de historia generales, pero sí hay información desperdigada en mucha bibliografía de la época y actual", sostiene en una charla con EscribiendoCine.

La muralla criolla

(2017)

¿Qué te lleva a filmar un documental sobre la zanja de Alsina, la gigante trinchera excavada en 1876?
La temática es conocida simplemente de nombre en la historia argentina. No hay mucha información en los manuales escolares ni en los libros de historia generales, pero sí hay información desperdigada en mucha bibliografía de la época y actual. Mi trabajo fue tratar de compilar y sistematizar toda la información para bajarla a un guion cinematográfico. Ese siempre fue el objetivo, cuidar la forma de lo que estaba contando. No quería que sea un plomo, quería que la película tenga agilidad narrativa, y que visualmente sea atractiva. Tratar de que sea tanto para informar como para dejar una reflexión.

¿Cómo fue trabajar con un tema que es data de tantos años atrás, buscar algo original y nuevo en lo viejo, entender la mentalidad de ese tiempo?
Yo soñaba con la zanja… (Risas). Durante el día leía y procesaba la información, durante la noche le daba forma. En principio reconozco cuatro recursos para armar el documental. El primero es la entrevista, pero no es un documental de entrevistas. El segundo es el registro documental, que me interesaba que esté bueno y que sea visualmente potable. El tercero es el dibujo animado. Había ciertas escenas que no se podían contar de otra manera, porque el material de archivo es muy pobre. Lo que se pudo rescatar se utilizó, porque ese es el cuarto recurso: el motion graphics, es decir, trabajar con los archivos fotográficos en forma digital.

¿Pensás que esta película tiene una coyuntura actual?
Obvio que sí. En el sentido de la separación, de la grieta. Eso es coyuntural y actual. En este caso separaba dos mundos distintos, el blanco excluyendo al otro. Hoy se puede llevar a la realidad también. Las mismas familias son las que siguen siendo dueñas de la tierra. Esta es una historia que se puede volver a repetir. Hay que conocer la historia argentina para no volver a cometer los mismos errores. Hay que interpretarla, leer. Ese fue mi trabajo y estoy orgulloso de la investigación.

En la película participaron Osvaldo Bayer, Marcelo Valko, Juan José Estevez y Alberto Orga entre muchos otros. ¿Cómo fue tu relación con los entrevistados?
Me hubiese gustado tener alguna mirada más, pero a quien más destaco es a Osvaldo Bayer. Para mí, personalmente, fue un honor haberlo entrevistado. Él se convirtió en el hilo conductor de la película, se merece toda mi admiración, mis respetos y mi agradecimiento. Impresionante, una clase, un maestro. Y las entrevistas en los distritos, en cada una de las cabeceras, las hice con gente que ya conocía del tema. El único hallazgo fue en Puan. El personaje que hizo todo el relevamiento de los fortines fue un hallazgo que se dio en el terreno. Siempre aparecen cosas que enriquecen.

¿Cómo fue el proceso de producción de la película?
Yo empecé a hacer la película y a investigar sobre el tema sin ningún tipo de subsidio porque era lo que a mí me gustaba hacer. Después me decidí a presentarla en el INCAA y a través de lo que es Documentales Digitales surgió la posibilidad de hacerla. El rodaje no se hizo el rodaje de un solo tirón, porque había que viajar a varios lugares que quedan como a 600 kilómetros de donde vivimos. Lo hicimos en varias etapas. A medida que se iba grabando, se iba editando. Ya me iba imaginando todos los pedazos, un rompecabezas gigantesco. Cuando tuve la totalidad del material me senté mucho más satisfecho.

¿Qué aprendizaje te dejó realizar el documental?
Que hay que tener paciencia, pero hay que hacer las cosas que uno tiene ganas de hacer, para que sea más sencillo. Paciencia porque son procesos larguísimos, esta película me llevó más de tres años. Yo todavía quiero ver la reacción de la gente. La película se termina cuando alguien te hace una devolución, cuando la vivís en una sala.

¿En qué proyectos estás trabajando?
Esta investigación me abrió las puertas para otras historias dentro de la temática indígena. Ahora estoy produciendo otro documental que se llama Cuatro Loncos, que cuenta la historia de los Caquices Cipriano Catriel, Calfucurá, Mariano Rosas y Pincen. Tengo casi cerrado el capítulo de Catriel, el indio amigo de los blancos. Loncos quiere decir cabeza o cacique, y las historias son sobre el periplo de los cráneos de estos cuatro caciques principales de La Pampa y de la Patagonia que terminaron en el Museo de la Plata.

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