Juan Pablo Russo
02/11/2017 14:25

Silvina Estévez recorre las estaciones del año junto a los adolescentes de una escuela pública argentina diferente que se ubica en San Clemente del Tuyú. Allí, el entramado de vínculos se dibuja en el aire con olor a mar y ruido de árboles que crujen con el viento de la costa. Invitando al espectador a vivir este proceso, como un alumno más "Escuela Vida (2017) no duda en abordar y poner el foco de lleno en un caso exitoso, para llamarlo de alguna manera, donde la educación secundaria, contrasta tácitamente con las experiencias que guardamos en el imaginario la mayoría de nosotros".

Escuela Vida

(2016)

¿Cuándo decidiste filmar la película, la idea de cómo la educación escolar puede resignificarse ya estaba o apareció durante el proceso?
Decidí filmar la película al ver 200 jóvenes de distintas edades en escena, en el medio de un bosque, disfrutando y trabajando en equipo. Me pregunté como llegarían a ese resultado y surgió el impulso de registrar y decodificar ese proceso. La idea de que la educación escolar puede resignificarse es previa. Mi primera carrera fue sociología y desde ese momento pensaba que la escuela era una institución que puede hacer la diferencia a la hora de proyectar el futuro inmediato.

¿Por qué le decisión estética de recurrir a lo observacional? ¿Qué sentís que le aporta este tipo de registro a la historia que otro no?
Recurrí a lo observacional porque mi prioridad era retratar el entramado de vínculos que se genera a través de la propuesta de la escuela. Mi intención fue mostrar lo intangible que hace que los chicos encuentren un espacio de pertenencia. Este tipo de registro, sin dejar de correr ciertos riesgos, habilita la experiencia sensorial de formar parte de la escuela por un rato. El trabajo de deducción se lo dejo al espectador, si es que desea realizarlo.

¿Por qué elegiste esa escuela precisamente y como fue esa elección?
Elegí la escuela en primer lugar porque es una escuela pública. Una escuela argentina donde integran la enseñanza oficial con metodologías de la educación alternativa. En segundo lugar porque está emplazada en locaciones muy fotográficas, como ser el bosque y la playa. Esto no solo es un atractivo para mi ojo o el del espectador, sino también para los jóvenes que asisten allí. Y en tercer lugar porque fui muy bien recibida por los docentes de la escuela, sumando el hecho de que se filme una película como un estímulo más al que son expuestos los adolescentes. Varios de ellos, desde el 2014 a esta parte, decidieron estudiar cine. Y por último, porque nací en el Partido de La Costa y me interesó filmar mi primer largo cerca de casa.

El rodaje duró todo un año lectivo, ¿Cómo fue ese proceso?
El rodaje fue largo e intenso, viajábamos aproximadamente cada veinte días y nos quedábamos dos o tres. Lo que resultó en grandes cantidades de material y el recorte en la isla de edición junto al editor, Leo Zaffaroni, fue complejo. Sumado a la multiplicidad de personajes, un rompecabezas difícil de armar.

¿Pensaste la película como parte de una respuesta al debate que se quiere instalar sobre la educación pública y los estudiantes sobre ciertos sectores del poder?
Actualmente la educación pública en general no representa ese espacio de contención que se da en la película. Y esto va en desmejoría constante por muchos motivos. Hoy en día está funcionando un programa desde el gobierno de la ciudad, donde se les paga cuatro mil pesos por mes a estudiantes secundarios para “dar clases” a los más jóvenes. En la escuela donde filmé los más grandes son los encargados de integrar a los más chicos porque cuando ellos eran chicos, alguien los ayudó. La diferencia de enfoque y motivación son clave. En las escuelas públicas de capital los jóvenes están motivados en su gran mayoría por la recompensa económica que esto significa, muy probablemente descuidando su propia formación y siendo víctimas de las carencias del sistema.

La película habla de cómo una escuela se transforma a partir de ciertas premisas, ¿en ese sentido la película se fue transformando también?
Sí, la película se fue transformando. Siempre supimos que la columna vertebral era el trabajo colectivo que culmina en la muestra de fin de año, pero a lo largo del proceso la película se fue adaptando al lugar, a esos sonidos, a esas personas. Arrancamos con dos protagonistas y terminamos haciendo una película coral.

¿Escuela Vida hoy adquiere un valor diferente a cuando la pensaste?
Sí, creo que adquiere un valor diferente. Volviendo a la coyuntura actual, otra medida propuesta para las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires es que los jóvenes hagan pasantías en empresas. Otra vez considero que el tema del enfoque es opuesto a la escuela pública que aborda la película, la cual pone el acento en valores de integración, compañerismo, compromiso, cooperación, trabajo colectivo, espacio de pertenencia, desarrollo creativo. Todas condiciones que el mercado no necesita promover. Por ende, que la formación secundaria se utilice para encubrir la precarización laboral y la falta de recursos, es claramente perjudicial para las nuevas generaciones. Viéndolo en retrospectiva, en general los documentales problematizan ciertos temas. Escuela Vida no duda en abordar y poner el foco de lleno en un caso exitoso, para llamarlo de alguna manera, donde la educación secundaria, contrasta tácitamente con las experiencias que guardamos en el imaginario la mayoría de nosotros.

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