Rolando Gallego
30/10/2017 14:03

La quinta película de Eduardo Pinto (Palermo Hollywood, Caño Dorado) presenta una fábula sobre la violencia y las diferencias sociales que atrapa por sus interpretaciones y puesta. Protagonizada por Luciano Cáceres, Carlos Portaluppi, Brenda Gandini, Joaquín Berthold, Nai Awada y Pablo Pinto, Corralón (2017) propone un viaje a los profundo del conurbano, lugar en donde nadie tiene garantizado nada y la violencia emerge por el mínimo cruce con el otro. "Hay que salir a la calle, manifestarse, lo que importa son las obras, el cine argentino, hay que bancarlo, tenemos que ser ejemplo, el cine es nuestro y hay que salir a defenderlo, eso va a dar resultado", afirma en una charla con EscribiendoCine.

Corralón

(2017)

¿De dónde surge la idea de Corralón y los cambios que atraviesa en ese universo sórdido y complicado?
Un poco la idea era como que la película tuviera tres lonjas, una muy burda, coloquial y suburbana, y después, desde el hecho que sucede, la película comienza a asumirse desde la mirada de Juan (Luciano Cáceres) y ahí la película se mete en un género costumbrista al principio, después suspenso para terminar en terror.

¿Cómo aparecieron las referencias?
Básicamente de mi formación. Pero bueno, esta es una película de frío, de invierno, de agua, de claros oscuros, así también lo transitan los personajes, todos son como animalitos indómitos que no saben qué hacer con tu vida, de alguna manera son todos dementes.

Animales de encierro…
Un poco como está la sociedad, la grieta, hay una reflexión de eso, estas de un lado o de otro, la propiedad privada, aunque sea un castillo, pero hay una propiedad espiritual, que es la que Juan sufre, esa invasión a su honorabilidad, por eso el juego de palabras con el corral, Corralón, de un lugar donde nos sentimos seguros pero estamos atrapados, es como una reflexión, la transité así, mientras la hacía.

¿Trabajaron con guion?
No, veinte páginas de una escaleta y a salir a filmar con una estructura.

¿Se complicó eso con los actores?
Para nada. La película nace de Pablo Pinto y de Luciano, los tres dijimos hagamos cine, independiente, nuestro cine, y comenzamos a convocar a estos “soldados”, el arte comunitario convoca a los actores, sin motor home, nada.

Guerrilla…
Sí, guerrilla, absorbo lo que me den y doy, y en el intercambio aparece la obra, hubo muchas cosas improvisadas que aparecieron ahí.

La música es esencial ¿cómo fue incorporar los sonidos del lugar y animales?
La música la hizo Axel Krygier, durante diez días estuvimos trabajando, hay cuernos, aullidos, para mí la música es esencial, es increíble ésta porque por momentos es hitchcockiana, lyncheana...

En algunas instancias la música envuelve y marea en el relato…
Hay un universo cotidiano de la realidad y otro psicológico que te va llevando, amasando, mareando, la cámara lenta, la música, los perros observando, que te conectan con el personaje y su energía.

Utilizás mucha tecnología, como el drone, ¿te ayudaron para narrar los avances?
En Caño Dorado quería hacer una toma aérea pero era carísima, acá lo pude hacer y hubo un momento crucial de muestra del conurbano, que describen cómo somos desde arriba, el digital me ayudó a hacer por ejemplo el incendio del auto.

Tenés un elenco potente ¿crees que ayudará para la difusión de la película?
Hay como una trampa, vos ves el afiche y decís que elencazo, son todos genios, los amo a todos, pero ves la película y no tiene que ver con eso, tanto Brenda Gandini como Joaquín Berthold me dijeron vamos, la película te lleva a otro lugar.

La producción cinematográfica está complicada en este momento, y vos con Corralón demostrás que se puede hacer por fuera del sistema cine, ¿qué hay que hacer para conseguir que la situación se revierta?
Hay que salir a la calle, manifestarse, lo que importa son las obras, el cine argentino, hay que bancarlo, tenemos que ser ejemplo, el cine es nuestro y hay que salir a defenderlo, eso va a dar resultado.

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