Matías E. González
18/10/2017 19:18

EsribiendoCine dialogó con Ernesto Ardito y Virna Molina, directores de Sinfonía para Ana (2017), película que cuenta la historia de Ana, una adolescente militante de 14 años en la década de los 70 en Argentina. El corazón de la joven queda atrapado entre dos pasiones y la realidad política la obliga a tomar decisiones irreversibles. “La ficción nos permite viajar en el tiempo hacia el universo intimo y privado de personajes que habitan los comienzos de los años 70's”, sostuvieron los cineastas.

Sinfonía para Ana

(2017)

Sinfonía para Ana es su primera película de ficción, luego de haber realizado varios documentales ¿qué es lo que los atrapa de la ficción y qué los atrajo de la novela de Gaby Meik, en la cual está basado el largometraje?
La ficción nos permite viajar en el tiempo hacia el universo intimo y privado de personajes que habitan los comienzos de los años 70's. El documental generalmente es un gran muro, al estar principalmente remitido al archivo, la entrevista y a un punto de vista que observa el pasado, pero desde la actualidad. El lenguaje poético rompe estas barreras, es verdad, traspasa las dimensiones del tiempo y el espacio, tanto para el documental como para la ficción. Y así lo aplicamos en ambos géneros.

Por esto Sinfonía para Ana no tiene una estructura basada en la narración lineal del argumento, sino que indaga en el espectro sensorial y emotivo de sus protagonistas, que son adolescentes viviendo situaciones límites, entre la vida y la muerte, en un marco de rebelión pero también de mucho aislamiento con respecto al mundo de los adultos. Este punto de vista le da una percepción diferente a la película que la diferencia de otros films que narran el mismo período histórico.

El film aborda las desapariciones ocurridas en el Colegio Nacional Buenos Aires, el instituto educativo más golpeado por su activismo político ¿cómo recuerdan los hechos históricos reales en los que se basa Sinfonía para Ana?
Sinfonía para Ana es una novela testimonial porque Gaby Meik, su autora, cuenta hechos inspirados en su propia historia cuando fue al Buenos Aires. Desde la primavera camporista, el primer amor, la toma del colegio, el descubrimiento sexual, hasta los días oscuros de la dictadura. En la vida real, con tan solo 15 años, su mejor amiga Magdalena Gallardo fue secuestrada y desaparecida. Es la alumna desaparecida más joven del colegio. Gaby le dedicó su novela a ella. En este marco se desarrolla la narración. El colegio tuvo 108 alumnos y ex alumnos secuestrados y desaparecidos.

Por otro lado sumamos otros hechos, discusiones políticas y situaciones, que surgieron a partir de nuestro trabajo de investigación en la adaptación de la novela.

En la película hay material de archivo que documenta los acontecimientos ocurridos en nuestra historia, junto con escenas donde los protagonistas forman parte de los hechos ¿cómo fue el proceso de reconstrucción histórica y trabajar con un “clima de época”?
Hay unidades de construcción conjunta, entre el sonido, la música, imágenes filmadas más cercanas a lo sensorial e incorporaciones de archivo. Esto solo funciona desde el montaje. El movimiento, el misterio visual, la cúspide emotiva y el ritmo de Sinfonía para Ana tienen su alma en el montaje. Es el área donde nosotros encontramos más nuestra magia. Pero la fotografía basada en los teleobjetivos con la fragmentación visual, desde ópticas antiguas fue un recurso formidable para encontrar el punto exacto en donde decidimos balancear el eje expresivo de la cámara.

Uno de los caminos hacia la verosimilitud desde lo fotográfico es el súper 8 familiar, en donde se conjugan archivo real y reconstruido. Esto nos permite incorporar a las protagonistas dentro del archivo del último discurso de Perón sin que haya diferencias visuales entre uno y otro, por ejemplo.

La pareja protagónica y gran parte del reparto son adolescentes, que interpretan a los estudiantes del colegio ¿qué criterios puntuales utilizaron para la selección del equipo actoral?
El casting se planteó desde un principio con alumnos y ex alumnos del Nacional Buenos Aires, el Colegio Carlos Pellegrini y otros secundarios donde la militancia estudiantil es intensa. ¿Por qué? Porque queríamos que los chicos pudieran tomar de sus propias experiencias personales elementos que enriquecieran la construcción dramática de sus personajes. Además necesitábamos jóvenes de muy corta edad y allí había muchos, con muchísimas ganas de participar del proyecto y con un compromiso gigante con la historia que íbamos a narrar.

A la vez, trabajamos con otros actores más grandes, con mucha trayectoria como Rodrigo Noya, Vera Fogwill, Mora Recalde, Juan Luppi, Federico Marrale, Manuel Vicente, Marcelo Minino, Leonor Courtoisie, Malena Villa, Rafael Federman, entre otros, que con total generosidad generaron un clima ideal de trabajo que posibilitó sacar de los chicos más nóveles lo mejor de sí. A su vez, en el elenco adulto, participaron no actores que en su personalidad tenían una carga muy fuerte para el personaje como Javier Urondo (hijo de Paco Urondo) interpretando al padre de Ana. El clima de camaradería que reinó en el rodaje fue alucinante y cuando se terminó la filmación todos sentimos una gran nostalgia.

La película entrecruza los sucesos políticos con la vida personal de Ana, quien se encuentra en plena adolescencia y se enfrenta a diversas cuestiones tales como el amor y la sexualidad ¿cómo encararon ambas aristas que se complementan a lo largo de la película?
El eje que entrecruza el conflicto personal y romántico de Ana, con el clima político es la violencia. Una violencia psicológica y material que va enrareciendo cada vez más el relato y en el cual el grupo de jóvenes se encuentra aislado, enfrentándolo desde un código propio, fuera del mundo de los adultos.

El largometraje tiene muchas escenas en el instituto educativo ¿cómo fue el período de rodaje allí?
Se filmó en el período de las vacaciones de invierno, cuando el colegio estaba deshabitado. Y no podíamos filmar en otro momento, por lo que hubo que ajustar toda la producción a este condicionamiento. Es la primera vez que se filma en el Buenos Aires una historia que narra hechos reales sucedidos allí. Al estar interpretada principalmente por un elenco adolescente que estaba estudiando o ya egresando del colegio, el rodaje tuvo un clima muy conmovedor, ya que se reconstruyeron situaciones muy duras y traumáticas vividas por la generación de estudiantes de los años 70's. En los mismos espacios donde sucedieron realmente. Era un ir y venir de un puente de memoria que trascendía el rodaje mismo. Había una carga muy especial, que nos unió mucho y nos dejo mal, cargados de nostalgia, al momento de terminar el rodaje. No queríamos separarnos y volver cada uno a su vida habitual.

Precisamente el equipo técnico y actoral de Sinfonía para Ana tuvo un compromiso con la historia y sus protagonistas, que fue creciendo día a día en el rodaje, fue algo que superó al factor de oficio como técnico o actor, los involucró muchísimo como personas, y esta sensibilidad nos marcó como grupo. Y quizás hasta replantearnos en muchas charlas, porque y para qué hacer cine.

Dentro y fuera de la ficción, Sinfonía para Ana expone con énfasis la necesidad de recordar, para que no se borre lo ocurrido ¿cómo evalúan ustedes el recuerdo en la actual sociedad argentina respecto de los trágicos hechos acaecidos a los que hace referencia el film?
Se habla muchísimo del 76 en adelante, pero muy poco de quienes fueron esos desaparecidos, de sus conflictos cotidianos, de sus sueños, de sus sufrimientos, de sus costumbres, de su pensamiento político. Se busca encapsularlos en un período que muestran oscuro y violento. A la poca información se suman los detalles del horror, las torturas, los campos clandestinos, las búsquedas desesperadas. Entonces el universo único y rebelde de esos jóvenes queda sepultado. Así, se neutralizan sus ideas y se los vuelve a desaparecer desde la historia. Nosotros, desde nuestro cine tratamos de recuperar su punto de vista. Sinfonía para Ana por ejemplo se diferencia de otros films sobre el periodo porque habla desde la subjetividad de una adolescente militante de 14 años en los 70's.

La película fue premiada por la crítica en el Festival de Moscú y continúa su recorrido festivalero ¿qué expectativas tienen para su próximo estreno comercial en las salas argentinas?
Luego del premio mayor de la crítica rusa en el Festival de Moscú, el film obtuvo el premio a Mejor Película y Mejor Fotografía en el Festival de Gramado. Próximamente participará en El Cairo, India, Trieste, etc

Lo que más nos importa del estreno comercial es que los exhibidores nos den la libertad de continuar si a la película le va bien en su relación con los espectadores. Sabemos que es un film que no te deja indiferente, sumamente conmovedor, tanto en lo dramático como en la misma experiencia cinematográfica. Por esto confiamos mucho en el boca en boca, pero también en que los exhibidores sepan interpretar al público.

En cuanto a su futuro en la industria cinematográfica ¿Están trabajando en algún otro proyecto audiovisual actualmente o tienen alguna idea desarrollada en mente?
Estamos en el desarrollo de proyecto de una próxima ficción que se ambienta en la ciudad de Bariloche en los años 50'.

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