Juan Pablo Russo
09/10/2017 14:17

El periodista australiano Jayson McNamara llegó a la Argentina en 2013 para trabajar en el Buenos Aires Herald y fue cautivido por la historia de Robert  Cox, el periodista inglés que dirigió el diario desde 1968 y que publicó listas de desaparecidos, informó abierta y sistemáticamente sobre secuestro de personas y participó de las rondas de las Madres de Plaza de Mayo durante la dictadura. El mensajero (Messenger on a White Horse, 2017) es su debut en el cine. "Espero que el documental sirva para demostrar que el periodismo puede ser grande, y que puede y debe ocupar un rol central en nuestras democracias cada vez más débiles", sostiene en una charla con EscribiendoCine.

El mensajero

(2017)

¿Qué te llevó a querer hacer una película sobre el rol de Robert Cox durante la última dictadura?
Tuve el privilegio de ser contratado como redactor en el Buenos Aires Herald poco después de inmigrar a la Argentina en el 2013. Un día me tocó corregir un suplemento del diario que celebraba los 30 años desde el retorno de la democracia. Ahí se relataba gran parte de la historia del diario. Me pareció sumamente conmovedora. Al ver que había poco y nada de material audiovisual que trataba sobre esto, me propuse hacerlo. Y de ahí, todo fue como una bola de nieve.

Al ser australiano, ¿tenías conocimiento real de lo que había sido la dictadura en nuestro país o te enfrentaste a ella de manera real durante la investigación?
Me marcó un antes y un después conocer a los parientes de desaparecidos, como a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, o a Abuelas como Chicha Mariani o Estela Carlotto -a quienes entrevistamos para la película-. Quiero decir que leer la historia en un libro o mirar una película o documental es una cosa. Pero conocer personalmente a una persona que pasó por ese infierno, mirarle a los ojos y contemplar su historia personal, es otra. Fui acercándome poco a poco a la historia. Y ese proceso sigue. Es tan compleja la época de la dictadura que no deja de asombrarme.

Uno de los grandes atractivos del documental es el material de archivo que se muestra, en muchos casos desconocido, ¿cómo te hacés con él?
La búsqueda del material de archivo que aparece en el documental comenzó por dos lados: primero accedí el testimonio de Robert Cox en el juicio a las Juntas y poco después empecé a recurrir regularmente a la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno donde se preservan los viejos ejemplares del Herald. Un día encontré una nota que hablaba de un escándalo que se había generado dentro de la comunidad anglo-británica por causa de un informe hecho por la BBC poco antes del Mundial de 1978. El informe se proyectó en Club Británico en Argentina relatando casos reales de tortura y desaparición. Provocó una respuesta de tanta negación en la comunidad anglo-argentina que el Herald vio la necesidad de publicar una nota. Conseguí el material fílmico de ese informe contactándome con la BBC. Y luego me contacté con otras emisoras europeas como YLE en Finlandia, Beeld en Geluid en Holanda. Hay realmente mucho material de archivo guardado en el exterior que aún no se ha visto acá en Argentina.

Por lo que conozco, Robert Cox es una persona de perfil muy bajo al punto de no hacer alarde del papel que jugó en ese momento, ¿cómo hiciste para convencerlo de hacer una película sobre ese momento de su vida?
La relación que desarrollé con Robert fue muy orgánica. Un día le escribí, me contestó al toque y poco después estaba en su casa en Buenos Aires con su mujer Maud tomando café y hablando sobre mis ideas locas de hacer mi primer documental. Él nunca cuestionó ni se metió en nada de lo que nosotros hacíamos. Fue por una confianza pura que nos brindó que pudimos relatar su vida y trabajo con total independencia. Siempre voy a valorar su confianza y la tomé en cuenta en todo momento.

¿En un punto creés que era un personaje contradictorio por sus posturas?
Cox apoyó el golpe y siempre se opuso a la izquierda armada. Pero poco después del golpe empezó a actuar fuertemente en contra de las Fuerzas Armadas y puso su vida en peligro para defender a los desaparecidos, muchos de ellos pertenecientes a grupos armados. Si bien parecen ser posturas contradictorias, creo que Robert Cox siempre ha sido coherente con sus posturas y su historia personal.

Para darte un ejemplo en relación al documental, el nombre original de la película es El mensajero del caballo blanco y hace alusión a la figura del padre de Cox. En la primera guerra mundial, el padre había sido un niño soldado encargado de entregar mensajes andando sobre un caballo blanco. Al principio de la dictadura Cox pensaba que los uniformados -como había sido su padre- vinieron a salvar el país. Luego, tuvo que resignificar su propia historia. Es una simplificación poética la que hace la película pero Cox finalmente percibe que la heroicidad de su padre, que luchaba contra el nazi-fascismo naciente, no tiene que ver con su uniforme sino con su humanidad. Los militares en Argentina eran nazi-fascistas, Cox simplemente tuvo que percibir eso y empezó a actuar en favor a los derechos humanos como seguramente hubiera hecho el hombre que le inculcó gran parte de sus valores.

El documental no solo hace foco en el rol de Cox sino que también muestra un panorama del accionar de la dictadura tanto en su accionar armado como propagandístico, ¿cómo planteaste el recorte de lo que querías contar para engranar todas las piezas?
El proceso de montaje fue complicadísismo en gran parte por la apuesta que tuvimos de incorporar muchos tipos de archivo: hay tapas de diario, propagandas, anuncios radiales, videos, material de archivo, entrevistas, etc. Tuve la suerte de trabajar con un gran montajista joven Ernesto Doldán. Poco a poco fuimos puliendo hasta encontrar un equilibrio y un ritmo llevadero. En todo momento buscamos que el archivo y las entrevistas encontrasen su lugar en el armado de la película que no siempre fue el lugar que habíamos previsto.

¿Te resultó raro ver como un medio extranjero cumplió el rol que ningún medio nacional tuvo? ¿Qué sensación te dejó?
Creo que el Herald -que cerró definitivamente hace muy poco- fue pionera en Argentina al albergar una de las mejores tradiciones de la cultura periodística anglosajona: la de oponerse y cuestionar el poder. (Claro que aveces más y aveces menos.) También tuvo una muy rica tradición en periodismo de investigación, inclusive previo al golpe, como es el caso del trabajo de Andrew Graham-Yooll. Pero hay que ser justo y reconocer también que el Herald disfrutó cierto grado de protección al tener un director con pasaporte extranjero y por ser publicado en otro idioma. Es “en las sombras” que pudo empezar a desarrollar su trabajo de investigación sobre las desapariciones. Cuando sus notas empezaron a causar problemas para la Junta -al ser levantadas en el exterior, por ejemplo- ya era tarde y Cox ya tenía notoriedad internacional. Pero por supuesto los militares eran capaces de todo y esa protección que había disfrutado Cox tuvo sus límites, como contamos en el documental.

Estamos en un momento en donde el periodismo es cada vez más hegemónico y Buenos Aires Herald ya no existe, ¿cómo avizorás el futuro?
Es un momento de gran confusión. Yo, como muchas personas de mi edad, no sabemos bien hacia dónde vamos ni qué nos espera en este mundo de la post verdad donde la información circula con una velocidad que no nos permite descifrar los hechos. En este sentido espero que el documental sirva para demostrar que el periodismo puede ser grande, y que puede y debe ocupar un rol central en nuestras democracias cada vez más débiles. Debemos defender el periodismo como oficio y exigirle mucho más a los periodistas a nivel individual, aceptando las grandes dificultades que enfrentan con las bajadas de línea de los dueños que son reales y que existen en todos los medios. Por cierto que con la información y el acceso a la información en manos de pocos no podremos lograr cambiar nada. El cierre del Herald es una tragedia en este sentido porque es una voz menos y, a pesar de siempre ser un diario chico, tuvo una voz enorme.

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