Rolando Gallego
11/09/2017 17:24

Reciente ganadora con Mala Junta (2016) del premio Pachamama a la mejor ficción de la 4 edición del Festival Internacional de Cine de las Alturas, la realizadora chilena Claudia Huaiquimilla dialogó en exclusiva con EscribiendoCine sobre la historia de amistad entre dos muchachos habitamtes de una comunidad mapuche que comienza a violentarse y a exponerlos a una realidad diferente a la que imaginaban vivir. “Prefiero morir diciendo mi verdad, aun sabiendo que tal vez no lograría trascender", afirma.

Mala Junta

(2016)

A veces al cine nos sorprende con propuestas que trascienden la pantalla, porque que trabajan con una urgencia insospechada temáticas que la agenda mediática trabaja diariamente e injustamente distorsiona.

El caso de Mala Junta (2016) película de Claudia Huaiquimilla, es un ejemplo acabado de esto, ya que no sólo la realizadora mapuche se mete de lleno con el tema de la expropiación de las tierras y la resistencia que las comunidades originarias realizan en sus espacios de vida, sino que, además, toca la realidad Argentina al trabajar esta temática sin siquiera saber su relación indisociable con la nuestra (tal vez sospecharla).

Huaiquimilla enmarca esta historia de resistencia lucha y búsqueda de identidad, a partir de la amistad entre dos jóvenes diferentes entre sí, pero que terminan configurando en esas diferencias una red sólida y potente frente a los embates del exterior.

Cheo (Eliseo Fernández), uno de ellos, termina por ser la carta de presentación de Tano (Andrew Bargsted), un joven recién llegado a la comunidad mapuche y a la vida de su padre (Francisco Pérez-Bannen) del quien estaba distanciado hace tiempo.

Esta llegada del “otro”, le permite a la directora mapuche construir un relato potente sobre la condición humana en momentos terminales y decisivos, en decisiones que deben tomarse para avanzar, o no, en la vida.

Mala Junta es una película honesta y política que interpela el espectador desde todos los lugares y que, sin profundizar en virtuosismos o manierismos, que podrían desviar la atención hacia otro lugar, se enfoca en lo importante para desarrollar ideas sobre la lucha mapuche por sus tierras y los individuos tras ella.

La película tiene un correlato con lo que estás pasando en Argentina y la violencia ejercida con el pueblo mapuche, la desaparición de Santiago Maldonado, ¿cómo vivís esas coincidencias y la lectura que se hace de Mala Junta?
Es fuerte porque para uno como realizador el arte es algo personal, pero acá ha trascendido mi vida, hablo desde donde me paro, desde donde yo conozco, pero es muy contingente aquí y en Chile, es algo que se repite desde hace años, siglos, me da pena contar esto, cuando la desarrollaba me decían que no ponga el conflicto sino que hable de la amistad. Luego murió un líder mapuche, que se ve en la película, y para mí era terrible celebrar un mes de estar en salas y que murieran dos más, por eso vi necesario hacerlo. La película ahora me trasciende, Raúl Ruiz dice algo muy bello que es que por cada 24 fotogramas hay otros 24 que el espectador completa, es lo más maravilloso, hacer y proponer, porque no da respuestas, me gusta que se apropien del relato y que discutan el tema, eso me pasa.

El cine es política y tu película la es ¿fue difícil desarrollarla sin caer en politiquería?
Para mí tomar un punto de vista hace que el cine sea político, tu pones la cámara en un lugar y marca una decisión, otra cosa es que no seas consciente de eso, yo lo soy, porque además no tuvimos financiamiento y desde un lugar que no se mostró al mapuche, como política no queríamos ser panfletarios, porque mostramos algo bello del ser humano, con sus contradicciones, los personajes deberían ser complejos.

¿Se complicó encontrar a los actores para hacerlo?
Cheo es mi primo, pero a pesar de ser familia no estábamos muy conectados, cuando lo vi me sentí muy identificada con los prejuicios sobre él, porque lo que veía en él era otra cosa, cuando lo elegí para mi corto no entendían por qué no elegí a sus hermanos que eran más bonitos y portados. Cheo es pirómano, y me llevó a estudiar mucho la psicología, y comprender que nada de lo que hacemos está desconectado, muchos pirómanos hablan a través del fuego, y me di cuenta que la investigación es muy importante para el audiovisual y también cómo podía influir en una situación y comunidad, su madre se separó.

¿Eso es real?
Sí, trabajé con su asistente social y ella me contaba que Cheo comenzó a ver a partir de la película todo diferente y lo trabajamos en conjunto, porque el cine social, lo he visto desde Luis Buñuel, es poderoso, porque no solo implica el resultado sino el proceso, a Cheo le hacían mucho bullying por su condición mapuche, tomé cosas de él y cómo se sentía, él se empoderó y hoy puede verbalizar sobre eso que invade a su territorio.

¿Y Tano cómo apareció?
Mi pareja es actor y lo vi en un trailer, haciendo de homosexual, una parte muy femenino, él es homosexual y me dijeron que no lo utilizara así, por eso él aceptó, porque cambié las etiquetas que tienen de él como actor, la sociedad pone caretas, y me pareció ideal Andrew, el equipo confió en mí, y hoy se lo reconoce por su variedad, en algún momento fue violento para él pero ahora lo llaman para otras cosas, porque estaba encasillado, y lo llamaban para estereotipos.

Cuando soñaste ser directora, ¿sabías que ibas a trabajar con la problemática mapuche?
No fue tan racional, algo que me pasó es que en Chile se me tomó como un personaje exótico y folclórico, me dolió mucho, fue algo instintivo que aquello que me contaban mis abuelos y padres fueron subtextos, encriptados. Es difícil para el que no está comprenderlo, porque es interno. Sentí comodidad en el cine, porque ligó mi mundo indígena con el cine, no lo pensé, pero como cineasta hablé de las pulsiones que me estaban moviendo, más allá de los laboratorios de guion que me aconsejaban lo contrario, decidí hablar de esto, prefiero morir diciendo mi verdad, aun sabiendo que tal vez no lograría trascender, pero fue una honestidad mía que se sumó al equipo, que aceptó hacerlo con convicción, igual fue un riesgo, porque no encontrábamos financiación, pero por eso tampoco es politiquería.

Es que arranca desde otro lugar, ese es el hallazgo…
Sí, creo que uno habla desde un lugar, de mezcla, soy un sincretismo, habla desde los que no nos sentimos parte de, estamos en otro lugar, y Mala Junta habla de eso, de no ser escuchados, de la exclusión, de las etiquetas, es mucho más que eso, la película es una protesta adolescente, la única escena que me gusta es aquella en la que Tano vomita.

Es la más honesta y dura creo…
Sí, después de tantas contenciones y paredes que ponía para el resto. Muchas veces me preguntan por qué trabajé con personajes masculinos, porque soy muy feminista, pero quería retratar eso que el machismo dice que tienen que ser el hombre, Tano es un personaje hostil y apático, pero es un personaje carente de cariño, algo que buscamos todos, que nos quieran, desde ahí todos conectamos, buscar sentirnos refugiados, y más allá que seas o no mapuche, más menos delincuentes, sentirse no escuchado, de los márgenes.

¿Cómo sigue el recorrido de la película?
Tuvo estrenos en festivales internacionales, se estrenó en Chile, estuvo seis semanas, es muy importante por el contenido nativo, se estrenará en Francia en Marzo con 50 copias, el doble de Chile, los premios son subjetivos, como mapuche la mirada del éxito es distinto, para mí es un instrumento de visibilización, espero que me permita llegar al circuito de exhibición en Argentina, no es tan fácil, pero fue muy lindo que se premiara aquí, porque hay una curaduría inmensa, y pude hablar con los jurados, y decirles que es hermoso que me permitan llegar aquí, que me abra puertas, porque pensaba que me iba a exponer a respuestas violentas, pero no, ojalá pueda conversar con ustedes más, el arte abre un espacio democrático, espero poder distribuirla aquí, ver qué piensan de ella, del mapuche, que me permitan crecer con ella.

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