Juan Pablo Russo
17/08/2017 13:47

En Monger (2016), Jeff Zorrilla  -un estadounidense afincado en la Argentina desde 2011- bucea por el interior del turismo sexual masculino, donde el otro es visto como una simple mercancía descartable que se usa y se tira con un total desprecio hacia la condición humana. "Estos "mongers" son el mejor ejemplo de lo que en EEUU llamamos “libertarians”: gente que tomó la idea neoliberal de que el dinero te otorga el derecho de hacer lo que querés y la llevó al ámbito de lo privado", dice en una charla con EscribiendoCine.

Monger

(2016)

¿Qué te llevó a bucear en el tema del turismo sexual?
Por alguna razón que no podría explicar concretamente, estoy fascinado desde hace años con la nueva derecha, esta mezcla rara de gente de la generación del amor libre que al envejecer y girar a la derecha cambiaron esa idea por la de “amor para quien pueda pagarlo”. Estos "mongers" son el mejor ejemplo de lo que en EEUU llamamos “libertarians”: gente que tomó la idea neoliberal de que el dinero te otorga el derecho de hacer lo que querés y la llevó al ámbito de lo privado. Este proyecto fue para mí una manera de investigar cómo lo político afecta a los individuos.

¿Cómo llegás a los tres personajes que retratás?
La historia de este proyecto empezó en 2013, yo estaba en el Festival de Cosquín, recibí una llamada de mi novia que buscando el contacto de la persona que nos alquilaba el departamento había llegado a un foro de turistas sexuales en Argentina. Esta persona alquilaba departamentos a turistas, algunos de ellos turistas sexuales. Cuando volví a Buenos Aires miramos este foro y empezamos a descubrir este submundo de turistas sexuales que se llaman a sí mismos “mongers”. Creé un usuario en el foro y posteé que quería hacer un documental sobre ellos y su subcultura.

¿Cuál fue la reacción de ellos cuando les propusiste filmarlos para una película de estas características?
La mayoría de las respuestas fueron negativas pero recibí algunos mensajes privados de personas interesadas en participar, específicamente Ramiro y Alan. Más tarde encontré a Joe a través de su Facebook, me pareció un personaje importante para la película por su ingenuidad en su forma de ver el mundo y su actividad.

¿Ese exhibicionismo por mostrar lo que hacen lo ves como una característica más de su forma de vivir el sexo?
Sí, es una de las cosas que más me sorprendió al conocer a estos hombres es que el deseo no forma parte de su universo sexual. Empezás a darte cuenta de que se mueven más por ansias de competir o alcanzar una cierta idea de éxito deseable.

¿Son adictos al sexo o como simple coleccionistas que quieren agregar un objeto más a su colección?
Esa pregunta surgió en Mar del Plata y me quedó dando vueltas en la cabeza. Esta es solamente mi opinión, pero yo no diría que son adictos al sexo. Casi que los respetaría un poco más si fuera así, porque un adicto está siguiendo un deseo que no puede controlar. Todo esto tiene el aburrido olor del trabajo, no lo hacen para llenar una necesidad sino para cumplir con un deber impuesto por la sociedad. Usan mucho esas frases vacías de la publicidad, “sólo se vive una vez”, “seguí tus sueños”, todo está cargado de ese miedo de no aprovechar la vida plenamente; pero eso se convierte en una obligación. Es interesante ver que esas palabras vacías se pueden usar para cualquier fin y te hace preguntarte por el conflicto entre la libertad absoluta y la responsabilidad que tenemos unos con los otros como seres humanos.

Películas como Paradise: Love (2012), de Ulrich Seidl, o Dólares de arena (2014), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán abordaron este tópico pero desde el turismo sexual femenino, ¿pensás que el cine no aborda el turismo sexual masculino porque está aceptado socialmente?
No vi Dólares de arena pero sí Paradise: Love durante la investigación para Monger. Personalmente me pareció repugnante, se disfraza de crítica sobre las relaciones entre el primer mundo y el tercer mundo pero la película en realidad romantiza dinámicas racistas a favor de una idea barata de feminismo donde es maravilloso que estas mujeres mayores puedan redescubrir su sexualidad a través de pagar a personas locales en situación de pobreza. Hay otras películas sobre turismo sexual masculino pero desde un punto de vista más amarillista, que usan el tema como excusa para atraer a los espectadores a través del morbo. Lo que intentamos hacer en nuestra película fue mostrar cómo el pensamiento de los mongers refleja la ideología dominante en nuestra sociedad bajo el capitalismo tardío.

¿Qué te propusiste vos a la hora de encarar la historia para correrte de los lugares comunes en los que muchas veces caen estas historias?
Intentamos tomar los recursos y reglas no escritas del documental tradicional y hacer exactamente lo opuesto. En el documental convencional la voz en off funciona como la voz de la “verdad” y el espectador normalmente tiende a aceptarla como tal; en nuestra película la voz en off es la de los mongers que tienen una mirada sobre el mundo muy extrema, así que pone al espectador en un lugar incómodo donde no tiene que aceptar lo que dice la voz en off sino analizarlo y formar su propia opinión. También, en el documental convencional se espera que escuchemos ambas, o varias, campanas sobre un tema; pero en esta película decidimos escuchar solamente el punto de vista masculino. La única representación de la mujer en esta película es a través de la mirada masculina. De esta manera la mujer dice mucho más desde la ausencia. Si hubiéramos agregado testimonios de mujeres sobre todas su penurias el espectador hubiera sentido alivio a través de la compasión que sentiría por ellas. Al no darle eso, el espectador siente una incomodidad que tiene que manejar. Otro ejemplo sería el material fílmico, que normalmente en un documental indica “archivo” pero acá está usado de forma completamente diferente.

Monger presenta imágenes de Buenos Aires filmadas en Súper 8 mientras se escuchan algunos testimonios, ¿por qué la utilización de este recurso?
El formato analógico es una pasión personal, me siento muy afortunado de haber encontrado una movida del fílmico acá en Buenos Aires, de hecho soy parte de un grupo llamado Club del Súper 8. Particularmente en esta película el formato me ayudó en la idea de fetichizar la imagen y crear un distanciamiento con el espectador, porque esas imágenes generan asociaciones con los films de viajes y muestran ese extrañamiento del observador frente al lugar exótico que está registrando. En Monger extendimos ese recurso a la mujer. Por otro lado usamos los momentos en Súper 8 casi como separadores donde aparece el cuarto personaje que es la voz en off de mongers anónimos que justifican sus acciones a través de un punto de vista muy particular sobre el mundo y presentan un mundo idílico que contrasta fuertemente con la vida cotidiana de nuestros personajes, que vemos en las escenas de observación y entrevistas en digital.

Después de haber seguido durante un tiempo a estos personajes, ¿pensás que lo hacen por placer o es una forma de escaparse de la “soledad” que ellos mismos defienden?
Creo que no escapan a su soledad cuando están con estas chicas, la llevan con ellas a los telos e incluso se la transmiten a ellas. Una de las cosas que las trabajadoras sexuales me han dicho es que mucho peor que el hecho de tener sexo con hombres desconocidos es el momento después, cuando tienen que escuchar sus variadas quejas sobre las frustraciones de su vida matrimonial y laboral. La peor parte de su trabajo es tener que hacer de psicólogas con estas personas con las que acaban de tener sexo a pesar de que que normalmente las considerarían desagradables.

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