Matías E. González
05/08/2017 17:44

El sol irradia sobre la Ciudad de Buenos Aires a pesar del frío característico de la estación. EscribiendoCine se conduce a una moderna casa ubicada en el barrio de Villa Crespo, en donde se está desarrollando una de las jornadas de rodaje de la película El encanto (2017), escrita y dirigida por Ezequiel Tronconi y Juan Sasiaín.

El encanto

(2019)

Al ingresar al hogar se percibe de inmediato el ámbito cinematográfico: cables distribuidos a lo largo de la vivienda, micrófonos, luces en el living y cámaras en la cocina, posicionadas para grabar la escena venidera. Gran cantidad de profesionales se encuentran organizados alrededor del espacio cumpliendo cada uno sus respectivas funciones. La cooperación y la química del grupo del film logran que el rodaje se convierta en un proceso mágico… y encantado.

Por un lado, el equipo técnico arregla los elementos necesarios para la escena, y tras el chequeo del encuadre, el sonido y la imagen, el director Juan Sasiaín entona “¡Acción!” y comienza el rodaje. Por otro lado, la dupla protagónica conformada por el actor Ezequiel Tronconi y la actriz Mónica Antonópulos, ya adentrados en sus personajes de Bruno y Juliana, conversa en la cocina sobre temas que con el correr de los diálogos aumentan su intensidad. La luz del sol ingresa por un gran ventanal, por medio del cual Juliana mira con lágrimas en sus ojos, luego de haber cruzado unas palabras con su pareja. Al culminar la escena, ambos actores se acercan a Juan y otros integrantes del equipo para mirar con atención lo realizado.

LA HISTORIAY SU ORIGEN

El encanto se centra en la pareja de Bruno, un hombre adinerado a cargo de una vinoteca, y Juliana, una simpática conductora de televisión, quienes atraviesan una difícil situación en su relación ya que ella quiere ser madre pero él no está seguro de convertirse en padre. Los sucesos se tornan aún más conflictivos cuando una atractiva joven llega a la vinoteca de Bruno, que se ve tentado a cometer una infidelidad así como también se plantea determinados aspectos de su vida.

La idea del film surgió a partir del deseo de el binomio de directores por trabajar una vez más juntos, ya que anteriormente formaron parte de La Tigra, Chaco (2009) donde uno era el director y el otro el protagonista.

“Nos juntamos en la casa de Ezequiel y teníamos una o dos horas para pensar todo. Llevé una hoja grande blanca y empezamos a tirar ideas de qué cosas nos unían, y ahí vimos que nos conectaba la pérdida de nuestros padres. A partir de eso, pensamos qué metáfora podíamos contar ahí, que nos pasaría si nosotros fuéramos padres y el miedo a la paternidad. Ahí apareció Bruno”, explica Sasiaín.

“La peli la empezamos a escribir en un tono de comedia y terminó transformándose en un drama romántico, que estuvo bueno también. Con Juan somos bastante optimistas en general, en afrontar los problemas que todos vivimos día a día. Quisimos meterle una capa muy fuerte de profundidad, y si bien todo lo que había de humor sigue estando, las contradicciones se mezclan todo el tiempo”, argumenta Tronconi. “Varios del equipo nos nombraron esta necesidad de que sea más densa, más contradictoria. Maxi Estomba, el asistente de dirección, cuando leyó la película nos marcó la falta de profundidad y eso fue un alarma para pensar por dónde podíamos hacerla crecer más”, agrega Juan.

TRABAJO EN EQUIPO

“Dirigir y escribir de a dos tiene esto de que se multiplica el festejo. Cada celebración y cada abrazo que nos damos en el rodaje es como una energía que estalla”, resalta Sasiaín.

Los cineastas de El encanto llegan a cada locación con las escenas organizadas y preparadas, sin embargo, también se animan “al abismo” y optan por “no tener todo tan planeado a la perfección”, sino estar relajados y preguntarle a la película: “¿qué contar hoy?”, “¿qué emoción contradictoria juega hoy?”, “¿qué imágenes poéticas me piden ser contadas en este espacio?”

“Algo que nos hizo muy fuertes en estas semanas de rodaje es que confiamos en nuestra intuición. Si bien tenemos muy esquematizado lo que queremos contar en cada escena, que incluso cada una tiene un nombre para saber qué transmitir, dejamos que las palabras también fluyan en la actuación y en el vínculo entre los personajes”, cuenta Tronconi.

Aunque la escritura fue un proceso llevado a cabo entre Sasiaín y Tronconi, que también ofician como los directores del film, ambos destacan los aportes de cada miembro del equipo técnico, a través de sus propuestas de arte, fotografía y música, entre otras, como de los actores que con sus ideas contribuyeron al crecimiento de la película. A su vez, elogian el trabajo de Cineworld SRL, que es la empresa mayoritaria que produce el film, a cargo del trío integrado por Diego Corsini, Matías Lértora y Mariana Cangas.

“Estamos muy concentrados en que hay que lograr una escena excelente para arriba”, cita y señala entre risas Juan ya que es una frase de su amigo y colega. “Cada día de rodaje nos encontramos descubriendo cosas nuevas para la película y para nosotros mismos como artistas. Es una experiencia de mucho crecimiento, aprendizaje y felicidad plena”, añade Ezequiel.

Tronconi asumió un importante desafío con El encanto ya que no solo es su debut como director de una película sino que también es el protagonista del film. “En el momento en que se dice ¡acción! estoy en mi rol de actor. Como está Juan, confío en que él está viendo y guiando la escena, entonces me relajo y potencio en ese momento la actuación. Cuando miro lo grabado paso al rol de director”, explica.

LOS PROTAGONISTAS

La pareja del film está conformada por Bruno, personificado por Ezequiel Tronconi, y por Juliana, a cargo de Mónica Antonópulos. Si bien es la primera vez que ambos comparten un protagónico en la pantalla grande, Ezequiel y Mónica se conocen desde hace alrededor de veinte años. “Cuando empezamos a ensayar y a hablar sobre nuestro pasado y sobre nosotros apareció una emoción y un vínculo que fue tremendo, emocionalmente impactante”, recuerda Ezequiel.

“Siempre queríamos laburar juntos, entonces encontramos la excusa. Ezequiel me mandó el guión y me pareció una muy linda historia, muy genuina, de vínculos. Después lo conocí al director Juan Sasiaín, destaca la actriz. “Me encantó la forma de trabajar y de explorar”.

La convocatoria de Mónica Antonópulos estuvo a cargo de Tronconi y fue avalada por Juan. “Nos encontramos en un bar para ver cómo actuaba con Ezequiel e hicieron una magia tremenda. Vi que tenía energía desbordante hacia arriba y hacia abajo como actriz, que quería ser orientada y dirigida, era la indicada para la película”, define Sasiaín.

“Cuando empiezo a leer un libro para mí es súper importante poder leerlo y terminarlo. Me soy sincera porque sino después me cuesta estar y arranco negada. Entonces si digo que sí es porque pasó por toda mi maquinaria de necesaria”, confiesa Antonópulos. “El Encanto es una película súper sincera, que va a generar empatía. Es muy bella, muy poética, con muchas metáforas y personajes súper humanos”, agrega.

Respecto a la construcción de los protagonistas en la ficción, Bruno tiene una fusión de elementos de Ezequiel y de Juan. “Es un personaje que en algunas cosas está cercano a mí y en otras no. Tiene un modo de vida que está muy alejado a mi rutina cotidiana: maneja un auto carísimo, tiene una casa tremenda, una vinoteca y, a su vez, le pasan cosas que me podrían pasar a mí. Es un tipo con mucho humor, sensible y con miedos”, describe Tronconi.

Juliana es una mujer que empieza a ver la necesidad, y tiene las ganas, de ser madre pero no condice con las intenciones de Bruno. “Ella es la conductora de un programa de cocina pero al mismo tiempo de entretenimientos. Es simpática y genera empatía con la mujer o el hombre que ve el programa. ¡Es divina!”, marca la actriz. “También es muy controladora y estructurada, necesita un cambio en su vida”.

Así como Tronconi afirma que Bruno tiene elementos de su vida, Antonópulos revela entre risas que en su personaje “está el humano que se escapa”. “Controladores somos todos y todos queremos acercarnos las cosas, agarrarlas, pero después te das cuenta que no te podes agarrar a nada… la experiencia de la vida básicamente”.

El reparto del largometraje también está integrado por Yamila Saud, Boy Olmi, Andrea Frigerio, Michel Noher y Lucas Crespi, entre otros.

“Experiencia sublime y de felicidad plena”, sintetiza Ezequiel. “Es un proyecto que me lleva a entender que se puede trabajar desde la calma y no desde la neurosis”, reflexiona Mónica. “Es un trabajo lúdico y creativo”, concluye Juan.

El rodaje está próximo a su fin, por lo que en la primera mitad de 2018, luego de pasar por la fase de post producción, la película estará llegando a las salas de cine para que los espectadores se emocionen, se enamoren, se rían y reflexionen con una historia encantadora.

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