Juan Pablo Russo
10/07/2017 14:41

Este jueves 13 de julio se estrena Carne propia (2016), un crítico documental de Alberto Romero, narrado por un toro con la voz de Arnaldo André sobre el obrero, el patrón, el bife y la extraña influencia que ejerce sobre los argentinos. "El cine documental, sobre todo aquél que aborda temas históricos y políticos, tiene la tradición de trabajar las formas de una manera un poco conservadora, de tomarse a sí mismo demasiado en serio y de esforzarse inútilmente en saldar esas discusiones sobre la verdad, lo real y todos esos disparates", dice en una charla con EscribiendoCine.

Carne propia

(2016)

¿Qué te llevó a querer contar la historia a través de la visión de un toro?
El cine documental, sobre todo aquél que aborda temas históricos y políticos, tiene la tradición de trabajar las formas de una manera un poco conservadora, de tomarse a sí mismo demasiado en serio y de esforzarse inútilmente en saldar esas discusiones sobre la verdad, lo real y todos esos disparates. Por eso me gustan los documentales que se animan a dispositivos más extravagantes. Ahí aparece este toro. Yo quería contar estas historias sobre las tensiones entre obreros y patrones del universo de la carne, y sabía que iba a tener las voces y los relatos de los trabajadores, pero que iba a ser difícil encontrar las de los patrones. Y si no me ocupaba de darle presencia a esa voz, corría el riesgo de contar historias de buenos y malos, que son las más aburridas. Por eso me gustó la idea de escribir a este toro que, dentro de toda su ideología conservadora, finalmente se hace querer. Es como un tío viejo un poco facho al que uno deja hablar porque sabe que en cualquier momento se muere.

¿Y la historia propiamente dicha como aparece?
Carne propia iba a ser una novela que narraba las peripecias de un matarife mudo y un toro parlanchín. El planteo de la novela era el mismo en términos ideológicos, y el toro literario hablaba igual que el de la película, con ese tono afectado y aristocrático. De hecho, hay textos que son extraídos directamente de aquella novela inconclusa. Pero lo que pasó es que en aquel tiempo había fracasado en el intento de publicar otra novela, y además me había aburrido de escribir en soledad, así que agarré y escribí un documental, y lo rodé con mis amigos de Puente Films, el colectivo de directores del que formo parte.

¿Por qué le elección de Arnaldo André para la voz del toro?
Arnaldo combina muchas cualidades que terminan de redondear perfectamente todo lo que nos imaginábamos de ese toro desde el guion. Tiene una voz muy profunda, capaz de sostener algunas de las reflexiones más solemnes de ese toro que, en otra voz, sonarían imposibles. Por otro lado, necesitábamos un actor, no un mero narrador, porque se trata de un personaje. Su tono aristocrático, su ánimo nostálgico y su declamación de condenado a muerte necesitaban una verdadera interpretación. Además, tenía que ser un actor con una cierta cualidad melodramática, para atravesar los pasajes más profundos y poéticos, de verdadera reflexión sobre la vida y la muerte. Finalmente, dado que no íbamos a ver a nuestra figura en toda la película, nos parecía que necesitábamos una voz muy reconocible, que el espectador escuchara y reconociera enseguida. Arnaldo es todo eso y mucho más.

¿Qué dijo él cuando le propusieron hacer la voz de un toro?
Arnaldo es un profesional absoluto. Él contó que en un principio la idea le pareció simpática y que después se lo tomó como un trabajo. Pero que, a medida que íbamos avanzando en las grabaciones e iba viendo las imágenes en el estudio, fue comprendiendo más y más a ese personaje. Arnaldo confesó en alguna proyección que, hacia el final de nuestras sesiones de grabación, sintió una verdadera empatía por ese animal y que para él la película fue una sorpresa muy grata. Nosotros, por nuestra parte, estamos muy agradecidos con él y felices con el resultado.

La película tiene escenas grabadas en lugares que luego se cuestionan, como el caso de la Sociedad Rural, ¿cómo llegaron ahí?
Pedimos permiso. No mucho más que eso. Nunca mentimos, pero tampoco dijimos más de lo que nos preguntaban. No ofrecimos el guion, ni lo pidieron. La película cuestiona los procesos de construcción del poder en Argentina, que históricamente estuvieron apoyados casi exclusivamente en la posesión de la tierra y en la cría de ganado para exportación, o sea en los sectores representados por la Sociedad Rural. No sé si alguien de esa entidad vio la película, pero desde ya están todos invitados a verla y a discutirla con nosotros en cualquier ocasión.

Carne propia recorre la historia argentina pero donde claramente hay un recorte, ¿qué priorizaron a la hora de elegir que momentos contar y cuáles dejar afuera?
El recorrido está trazado en pos de discutir con el tema central de la película, que es, como dice el toro en algún pasaje “La honorable institución del Patrón”. Este concepto se expresa con mucha pureza en la actividad ganadera. Las tres historias narran lo que podría entenderse como distintos estadios en la relación entre el obrero-patrón. El patrón absoluto y el obrero dependiente en el caso de Liebig; en Berisso, el obrero organizado consiguiendo doblar un poco el brazo del patrón para mejorar las condiciones de trabajo; y finalmente la extinción del patrón en el caso de la cooperativa SUBPGA. Este recorrido, hay que decirlo, no surgió hasta avanzado el rodaje. La historia de SUBPGA no estaba en el guion. Nos habíamos quedado sin tercera historia porque la que estaba en el guion se iba tan atrás en el tiempo que no teníamos manera de contarla. Encontramos a los compañeros de SUBPGA buscando un frigorífico para rodar toda la faena del toro protagonista, una escena que, de tan “gore”, quedó afuera en el montaje. Y los conocimos y nos dimos cuenta de que su historia había que contarla, con todos sus logros y también con todas sus dificultades y contradicciones. Además notamos que podía funcionar como una conclusión abierta de todas las reflexiones de la película.

El documental es una especie de road movie con un toro protagonista, ¿fue complejo trabajar con un animal al que debían trasladar de un lugar a otro?
Fue muy complejo, hasta que no lo fue más. Buscábamos algo un poco difícil: un toro viejo, Aberdeen-Angus, que fuera colorado porque daba mejor en cámara, que el dueño quisiera mandarlo “al gancho”, que nos dejara filmarlo en el campo y en los corrales. Además después teníamos que subirnos al camión, filmar al toro y hacer miles de otras tomas que necesitábamos para montar las secuencias de esta “road movie”, para lo que necesitábamos un camionero amigo. Dificilísimo, hasta que dimos con una familia muy generosa de transportistas del norte de La Pampa que no sólo nos dejaron filmar arriba del camión, sino que nos proveyeron al toro, nos dejaron filmarlo en el campo y seguirlo en todo el recorrido. Más adelante, en Liniers, la cosa se complicó. Todo venía bien, hasta que perdimos al toro…

¿Es el mismo toro toda la película?
Bueno, es el mismo en alma, pero no en cuerpo (Risas).

Siguiendo al toro, llegamos a Liniers de madrugada, luego de ir detrás del camión en nuestro motor home durante todo un largo día desde el norte de La Pampa hasta Buenos Aires. Pasamos la noche en el estacionamiento de camiones del mercado donde la hacienda espera a ser pesada y acomodada en los corrales para los remates. Dormimos arrullados por los mugidos de todas esas vaquitas condenadas a muerte. Al otro día, nos despertamos muy temprano y fuimos al encuentro de nuestro protagonista, y el consignatario nos dice que ya había sido vendido a otro frigorífico, porque Liniers no trabaja con SUBPGA desde la recuperación por parte de los trabajadores. Fue uno de los momentos más tristes del rodaje. Fuimos al corral, le hicimos unos planos, y nos despedimos para siempre de ese gran actor de un solo cuerno.

Por suerte los compañeros de SUBPGA nos ofrecieron conseguir otro viejo Aberdeen-Angus colorado. Un día nos llaman y nos dicen “está el toro”, y cuando llegamos al frigorífico, la gran sorpresa: el toro era negro y era una fiera salvaje. Tuvimos que volvernos con todos los equipos, sin saber cómo íbamos a rodar nada menos que el final de la película.

Finalmente, los muchachos de SUBPGA consiguieron este otro toro colorado y pudimos rodar todas las escenas que nos faltaban. El toro es otro, y se nota, pero la película se hace cargo de eso. Para algunos espectadores, por lo que nos cuentan, esa transformación suma. Otros, ni lo notan.

Desde que filmaron la película hasta el estreno el país es otro, ¿hoy la película tiene más fuerza o se puede leer de una manera diferente?
El cambio más grande se vio en SUBPGA. En la película retratamos muchas de las dificultades que tienen los compañeros en el desarrollo de su empresa sin patrón. Eso que mostramos es la panacea en comparación con lo que están viviendo hoy, con el ajuste, los tarifazos y toda la coyuntura tremendamente adversa para los sectores trabajadores. Hoy, por ejemplo, las facturas de luz podrían dejarlos fuera de la actividad de un día para otro.

Si bien la Carne propia se estrena ahora ya tuvieron oportunidad de exhibirla, ¿tuvieron presiones del sector que crítica?
Ninguna, por el momento, afortunadamente. Esperemos que la cosa siga así. Creo, de todas maneras, que la película no se encarga de hacer una crítica directa o una denuncia de algún sector en particular. Mi búsqueda en esta película fue poner a dialogar las diversas posturas y plantearlas con todas sus complejidades. Ni es una denuncia de las patronales de la carne, ni es una exaltación romántica del cooperativismo.

¿Cómo viene tu nuevo proyecto?
Mi nuevo proyecto es otra road movie, esta vez de ficción. Se llama Infierno grande y cuenta la historia de una maestra de pueblo de la provincia de La Pampa que, embarazada, emprende un escape de su marido violento por los caminos perdidos del centro-oeste pampeano. Hay también una voz en off particular, que es la de Nachito, el hijo que María lleva en la panza.

La película tiene fecha de rodaje para el mes de septiembre, aunque tenemos algunas dudas de llegar a esa fecha por la parálisis administrativa que atraviesa el INCAA en este momento. Somos una de esas películas perjudicadas por la subejecución y las trabas administrativas del Instituto. Esperemos que la cosa se destrabe pronto y podamos seguir produciendo.

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