Nacho Artigas
06/06/2017 13:23

Raídos (2016), documental y ópera prima del director Diego Hernán Marcone, pone al descubierto las infrahumanas condiciones laborales en las que los tareferos (cosechadores de yerba mate de la provincia de Misiones) son sometidos a diario, y su lucha por mantener la dignidad a pesar de su sufrimiento corporal y la baja remuneración. Las situaciones de pobreza, intimidad y duras experiencias de los protagonistas acompañan al relato que deja en claro una problemática a nivel provincial que atenta contra la integridad de los trabajadores. La cruda narrativa de la marginalización y la explotación laboral le valió al largometraje una mención especial en el BAFICI y luego un premio de la SAE-EDA.

Raídos

(2016)

¿Cómo surgió la idea de documentar el trabajo de los tareferos?
La propuesta surgió de una socióloga, María Luz Roa, que ya venía trabajando en el tema. El primer acercamiento fue a través de entrevistas con los tareferos, ya realizadas por ella, en las cuales veía que se repetían en casi todas las palabras: “sacrificio” y “sufrimiento”. Me llamó mucho la contradicción de que algo tan simbólico como es el mate tenga detrás ese otro lado que permanece negado y que nadie se preocupa por contar.

Además, sentí que me podía vincular desde un lugar personal, a través del pensar en el sentimiento de frustración de aspirar a una vida inalcanzable para ellos, y la resignación de aceptar otro destino. Los pibes de los barrios nacen predestinados a servir con sus cuerpos a una industria que los consume y la desecha cuando ya no le son funcionales.

¿Cuáles son, en tu experiencia, las mayores dificultades que afrontan los tareferos?
Es un trabajo muy dañino ya que los tareferos se meten en los yerbales y se empapan con el rocío, luego se secan al sol, eso trae reuma y problemas en la piel. También, tienen que cargar grandes pesos, soportar condiciones de climas extremos y el uso de agro tóxicos para desmalezar.

Suelen haber accidentes tanto con las herramientas de trabajo, como ser picados por insectos o, incluso, mordidos por víboras. El seguro en esos casos es algo que está en los papeles pero que luego les pone distintas trabas para efectivizarse. Algunos tareferos se quedan por quincena o por mes entero viviendo en el yerbal en tolderías, en condiciones más que precarias.

¿Qué te dejó esta experiencia? ¿Era un mundo que te era ajeno?
Fue un antes y un después dada a que convivir tanto tiempo con una realidad distinta a la de uno mismo necesariamente te cambia. A su vez, desde el principio me planteé contar la película en primera persona, no como algo que le pasa a otros a la distancia. Era imposible que no formara un vínculo con la gente y ese vínculo excedió al rodaje de la película, por supuesto.

Después, volví acá y escuchaba a la gente hablar con tanta liviandad sobre la pobreza la perdida de la “cultura del trabajo”, siendo que todo un entramado económico y social te condiciona a ocupar ese rol. Te pone en perspectiva la forma en que se vive acá y cuán equivocadas están ciertas prioridades.

¿Tuviste algún tipo de influencia, ya sea indirecta o directa, en el hecho de que Walter, uno de los adolescentes de familia tarefera, decidiera estudiar?
No. Para cuando conocí a Walter, él ya estaba en cuarto año de la secundaria y tenía en claro que iba a seguir estudiando para no terminar en la tarefa. Sin embargo, esa elección también estuvo restringida por las circunstancias, ya que es el menor de una familia de varios hermanos y todos se “sacrificaron” trabajando para que él pueda estudiar. Asumió esa responsabilidad como un deber, no solo por lo que representaba para él, sino para su familia.

¿Considerás que hace falta tomar conciencia sobre las condiciones de trabajo y pobreza de los protagonistas?
Creo que no se trata de tomar conciencia sino de dejar de mirar para un costado. Más allá de que la película lo muestre desde adentro y de una manera que sorprende a muchos, no podemos decir que no sabemos de las condiciones de pobreza y explotación que se viven tanto en la tarefa como en muchos otros trabajos rurales. Pero hay una aceptación de que eso pase porque le pasa a otros y allá lejos. Todos somos cómplices de perpetuar este sistema mientras no intentemos cambiar algo por mínimo que sea.

¿Qué reacciones viste en el público después de las proyecciones?
A partir de ver lo que generaba la película en la gente (me han llegado a preguntar después de las funciones qué marca de yerba comprar que no se coseche en las condiciones que se ven en la película) y con la intención de que este impulso encuentre una canalización, nos unimos a la fundación Un Sueño para Misiones para difundir su campaña “Me gusta el mate sin trabajo infantil”, que promueve un proyecto de ley para combatir la explotación infantil en la cosecha.

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