Juan Pablo Russo
03/06/2017 14:56

Desde el domingo 4 de junio puede verse en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930-CABA) Ensayo de despedida (2016), ensayo documental en primera persona que le permite a Macarena Albalustri rearmar la perdida de su madre ocurrida diez años atrás a partir de la muerte de su gata. "Decidimos que la muerte de la gata funcione como un disparador en la película y que a los casi diez minutos aparezca otra cosa que revele algo más", revela en una charla con EscribiendoCine.

Ensayo de despedida

(2016)

¿Por qué abordar el duelo que produce una perdida a través de una película?
Creo que la película todo el tiempo busca imágenes, sean fotos, videos o material fílmico. Y en esa búsqueda, tal vez fallida, desea que esas imágenes se vuelven algo más, que de ahí aparezcan recuerdos. Me parece que uno suele cargar a las imágenes u objetos de ciertas cosas que tal vez no están ahí. Y uno se ensaña en encontrar eso que ya no está. Ese proceso de revisitar el material me parecía que tenía una buena comunión con el cine. Además, el cine tiene esa unión intrínseca con lo mortuorio en tanto reproduce imágenes que de por sí son pasado, ya son una “pérdida”, en algún sentido. Desde ese lado, tal vez más ontólogico, también me parecía que el duelo y una película tenían mucho en común.

¿En qué momentos viste que podías conectar la muerte de la gata y la de tu mamá ocurrida diez años antes sin caer en la banalidad que podrían generar dos muertes de vínculos tan diferentes?
Es una buena pregunta y es algo que pensé mucho. La película empieza con eso y uno puede preguntarse: ¿esto es una película sobre la relación de su dueña con la gata que muere?... Esa pregunta me daba miedo. Pero a la vez me gustaba que empiece así y que la muerte más significativa venga después. Pensando de esa manera decidimos que la muerte de la gata funcione como un disparador en la película y que a los casi diez minutos aparezca otra cosa que revele algo más. A la vez, no me gustaba estructuralmente que eso desaparezca y que no vuelva más… me gustaba que pueda volver en algún momento y, que tal vez, pueda resignificarse. Por eso, casí al final de la película, ese momento inicial se retoma, pero de otra manera.

¿Cómo lograste la participación de amigos y familiares de tu mamá y que se abrieran de la forma en que lo hacen frente a cámara?
La verdad es que aceptaron rapidamente. Creo que por cierta generosidad y, fundamentalmente, por el afecto que mantenían con mi mamá. Las primeras preguntas intentaba que fuesen las menos importantes o las que menos me interesaban a mí, para que justamente después puede aparecer algo, cuando ya no estaban tan pendientes de la cámara. Teníamos preguntas o situaciones pensadas de antemano, pero también me interesaba lo imprevisible de la situación, que algo suceda, que esté “vivo” en ese momento. Esto también tiene un riesgo. Si bien pensamos bastante a quién entrevistábamos, para qué y lo que esperábamos de esa persona, hay muchas veces que el otro no resulta lo que vos esperás. En el caso de la psicóloga tenía un par de preguntas finales que eran muy difíciles para mí y ella al principio de la entrevista las respondió sin que yo le preguntara nada. Eso me descolocó. El caso opuesto sería el de mi papá, sabíamos (y esperábamos) que no se acuerde de muchas cosas… pero me interesaba justamente eso, que la entrevista sea algo fallida y que en algún punto se note ese contrapunto entre ambos. Las entrevistas (por razones de producción) se desarrollaron con bastante distancia en el tiempo. Y eso creo que me ayudó, porque podía contar con las respuestas que me iban diciendo, y en base a eso, repensar preguntas que pudieran resignificar lo que ya me habían comentado los otros.

¿Pudiste tomar distancia de lo que filmabas y de lo que sería finalmente la película al estar tan involucrada?
Sí, creo que sí. Me parece que la película tiene un costado bastante emocional, pero cuando veía las imágenes ya había una distancia que podía poner. En esto me ayudó mucho el co-guionista, Tomás Dotta, y la montajista, Iara Vilardebó. Creo que intenté ponerme más racional, más desde un lugar de pensar y repensar mucho la escructura. Igual, creo que no es un camino unilateral. O sea, me distancié en un determinado momento y después seguramente cuando la vuelva a ver, vuelva a conectar con un lado más emocional. No sé, tiene algo de un duelo también. Hay veces en los que uno se siente un poco mejor y pensás que ya estás bien y al otro día volvés a conmoverte por algo.

Narrativamente, ¿cómo fue el trabajo entre vos y Tomás Dotta para darle forma a la historia?
Pensamos mucho la película, tanto que en un momento ya necesitábamos filmar y un día buscamos teléfonos de todas las “Lilianas Tierno”, prendimos la cámara y grabamos los llamados. En todo el proceso de escritura creo que, por un lado, pensamos la línea que tiene que ver más con lo ensayístico de la película, en cómo iba a ser esa progresión, con qué materiales ibamos a contar o con cuáles no y cómo a partir de ahí construir las preguntas que nos surgían en relación al ensayo. Por otro lado, necesitábamos hacer aparecer a mi mamá y queríamos que los otros la cuenten (y no nosotros) para generar un imaginario en el espectador. En este sentido, pensamos en dos grandes ramas. Una parte estaba más en función de construir quién era ella y qué le pasó. Y por otro lado, más hacia la segunda parte del documental, pensamos en trabajar narrativamente lo que significa una despedida: por qué determinadas acciones nos hacen creer que despedimos, qué implican o por qué haciendo esas acciones creemos que despedimos. A partir de ahí, creo que el documental entra una tercera parte que es la idea final del ensayo, en relación a la dificultad que encontramos en representar ese gesto.

Al mismo tiempo, me gustaba que Tomás esté presente también en el rodaje, era una de las personas que más conocía a la película, así que también colaboró en la dirección durante ese proceso. Finalmente, en el montaje, nos dimos cuenta de las cosas que funcionaban y las cosas que no nos ayudaban. Así que ahí tuvimos otro proceso que tiene más que ver con las ideas que uno tiene y lo que le película permite. Creo que el documental es muy personal y muy chiquito, pero nos costaba mucho estructuralmente hacer convivir las tres despedidas que plantea (mi gata, el departamento familiar, mi mamá) y el ensayo que las atraviesa. En este proceso me acompañó mucho la montajista Iara Vilardebó. Para mí era muy importante, en este caso en particular, contar con una persona con la que puedas pensar estructuralmente a la película y que también tengas cierta afinidad.

¿Qué pasó en vos cuando el documental quedó concluido? ¿Sentíste que habías hecho la catarsis del duelo finalmente?
Cuando vi el documental, antes de que se estrene, lo pude dejar ir. Me pasó que durante mucho tiempo estuve aferrada a la película, durante el proceso, en el montaje… terminarlo era casi como despedirme también del documental y de todo el proceso que implicaba. Siento que ahora ya está, que la película está en la gente que tenga ganas de verla. No sé si hice “catarsis”… creo que en parte sí pensando en que me ayudó a procesar un tema personal. Pero a la vez siento que ese no fue ni es el motor que tuvo el documental. El motor tiene más que ver con una necesidad de trabajar un tema en particular. Claramente eso está anclado a un proceso personal, pero siento que la catarsis o el duelo concluyó antes de terminar la película.

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